No es oro todo lo que reluce

No es oro todo lo que reluce
 
 

Nota: Este artículo es una reflexión. Ésta es mi opinión, basada en mi experiencia y pensamientos. Si tu punto de vista difiere del mío, te invito a que expongas tu parecer en la caja de comentarios. Éste tipo de temas, sin duda, existen para que sean debatidos, pero siempre respetando al prójimo. ¡Gracias!

De generación en generación, el salto gráfico ha sido cada vez menos sorprendente. El avance más notorio se dio en la quinta generación y supuso todo un hito en la industria de los videojuegos; la gente, acostumbrada a los juegos en 2D, vió los gráficos 3D y lo que experimentaron fue algo cercano a mirar con un telescopio al futuro. A partir de ahí, el salto gráfico no ha sido la gran cosa; por supuesto, el cambio entre generaciones es más que notable, pero a nivel personal, el impacto que me causaron el lanzamiento de Playstation 2 y Gamecube en su día fue mucho más grande que el que me han causado las recién lanzadas Playstation 4 y Xbox One.

Sin duda alguna, no hay nada que mejor nos entre por los ojos que un apartado gráfico despampanante. Dicho esto, es obligatorio mencionar que el apartado gráfico tiene la misma importancia que el apartado sonoro o artístico de un juego, pero, ¿quién no ha oído nunca decir a alguien “yo no juego eso, hace daño a los ojos”? Si sois jugones experimentados, dudo mucho que nunca hayáis recomendado un videojuego a un familiar o amigo y hayáis recibido una negativa burlesca cuyo principal objeto de mofa fueron los gráficos del título en cuestión. Que un aficionado a los videojuegos sea reacio a jugar uno por sus gráficos es como que un cinéfilo se niegue a ver una película por estar en blanco y negro. No tiene mucho sentido, ¿verdad?

¡Por supuesto que el avance gráfico es maravilloso! Soy el primero que babeó con la tech demo de Final Fantasy VII en PS3, y es obvio que el negocio de los videojuegos está fuertemente ligado a una evolución técnica constante. Pero es que por muy bonito que sea el envoltorio de un regalo, como lo de dentro no haya sido escogido con mimo, cuando el cumpleañero abra el presente no podrá disimular su desilusión. Y es que, como cualquier otro producto de ocio que se precie, o se trabajan todos y cada unos de los apartados que conforman un videojuego, o el barco se hunde.

¿Quién no se emocionó con este momento?

¿Quién no se emocionó con este momento?

Actualmente, hay una cantidad ingente de títulos en el mercado a los que tras un análisis superficial catalogamos como “genéricos”, ya que si bien dan la talla gráficamente, el resto de apartados que lo componen no aportan nada nuevo o no consiguen brillar con la suficiente fuerza como para destacar en una industria en la que cada día hay más y más competencia. Por supuesto, esto no es algo nuevo, pero me siento incapaz de negar que, por ejemplo, en la actual generación gran parte de los shooters del mercado me parecían reproducciones sacadas del mismo molde . Y esto es algo que no recuerdo que se manifestase de forma tan notoria hace unos años. Me gustaría aclarar que con esto NO quiero decir que todos los shooters de la generación hayan sido productos clónicos, ya que también se han dado a luz shooters maravillosos, como es el caso de Bioshock. Así, exceptuando algunos casos, muchos títulos pecaban de tener los mismos gráficos, misma jugabilidad y mismo argumento sin complejidad alguna, y ya no hablemos del apartado artístico, dándose este fenómeno no sólo en los FPS, sino también en otros géneros de diversa índole.

Cualquiera que me lea podría decirme que el argumento de un videojuego no necesita el mismo trabajo que el de un libro, ya que los videojuegos y la literatura persiguen experiencias diferentes. Y que si quiero un juego que se centre en el argumento, juegue a aventuras gráficas, a experimentos jugables como Heavy Rain o a visual novels, directamente. Pero es que entre dos extremos se halla la virtud, se evita el exceso y la carencia. Así, no necesito que todos y cada uno de los títulos del mercado tengan 20 finales, pero que por lo menos no me lo traten de vender vía DLC (como el sonado caso de Asura’s Wrath), o que sea un cierre que haga honor al juega al que da punto final, y no algo propio de la redacción de un estudiante de Primaria. Y esto es algo que no recuerdo que sucediese de forma tan acusada en las anteriores generaciones.

¡Final inesperado donde los halla!

¿Cómo catalogaríais este final?

¿Acaso es que la nostalgia me juega una mala pasada, haciéndome recordarlo todo con una neblina embellecedora que me impide ver los fallos de aquellos años pasados? No lo sé. Pero si de algo estoy seguro es de que, actualmente, se le da mucha más importancia a una resolución de 1080p que a todo lo demás. ¿Acaso antaño, al no tener tantos recursos técnicos, trataban de darle mucha más fuerza al producto trabajando al máximo los otros aspectos de la producción?

Como todos hemos visto, el mercado de los juegos indie ha experimentado un boom bastante considerable, siendo los lanzamientos de esta clase tan sonados como los de estudios profesionales, y muchas veces, siendo financiados por los propios usuarios ( proyectos financiados por Kickstarter mediante donaciones, vaya). Los desarrolladores indie suelen hacer uso de motores gráficos bastante humildes, o bien por comodidad, o por falta de recursos. Y a pesar de ello, ¡tenemos un gran catálogo de juegos indies que no se ven para nada lastrados por su “aspecto”! ¿Alguien se ha visto impedido de disfrutar la adictiva jugabilidad de Hotline Miami debido a sus gráficos de 16 bits? ¿Alguien no ha podido seguir la emotiva historia de To the Moon por estar creado con RPG Maker? Dudo mucho que alguien no se haya visto irremediablemente enganchado a los rompecabezas que nos plantea Mc Pixel por tener unos gráficos tan exageradamente pixelados. Por último, y el ejemplo que seguramente todos estéis gritando a la pantalla, es el ya superventas Minecraft. ¿Cuántos de los presentes llevan más horas invertidas en el modo creación de este título que en los apuntes para sus exámenes finales? ¡Exacto!




Sin duda, el sencillo apartado gráfico de Hotline Miami no hace desmerecer a su adictiva jugabilidad.

Sin duda, el sencillo apartado gráfico de Hotline Miami no hace desmerecer a su adictiva jugabilidad.

Respecto al apartado artístico, hay que reconocer que es cosa de gustos. A uno le puede gustar el de Castlevania: Lords Of Shadows, y otro lo puede aborrecer, pero si algo hay que reconocer, es que tiene no sólo un enorme trabajo detrás, sino también riesgo, la intención de huir del estándar. Si bien Shadow of the Colossus es uno de esos juegos que o bien amas o bien odias, no he encontrado nunca ha nadie que no me haya reconocido que su apartado artístico rebosa imaginación por los cuatro costados. Es un tema espinoso y muy subjetivo, pero donde si hay consenso es en reconocerles su personalidad, que destaca sobre el resto emitiendo una luz propia, cosa que han conseguido hacer muy pocos juegos y no precisamente por tener el motor gráfico más puntero del momento. Estar en la pole gráficamente es algo pasajero, ya que los motores gráficos se actualizan día sí y día también, cada vez más rápido. Pero por muchos años que pasen, siempre me seguirán transmitiendo mucho más los 1.000 polígonos de Garnet en Final Fantasy IX que los 20.000 de Lightning en Final Fantasy XIII. Para mí, y seguramente para muchos, un gran apartado gráfico puede ser sinónimo de espectacularidad, pero hacer gala de unos gráficos discretos  no repercute directamente en la calidad y éxito de un título.

 Esto último lo lleva demostrando año tras año Nintendo, ya que a pesar de que sus consolas no presentan la tecnología más puntera del mercado, suelen llevar la delantera a la competencia gracias a la experiencia jugabilística que ofrecen  y su atractivo catálogo. DS y Wii no han tenido los recursos más sobresalientes de la pasada generación ni por asomo, pero sus sagas características y propuestas frescas han atraído muchísimo la atención de los jugones, otorgando a estos sistemas unas ventas increíbles. ¿Le ha hecho falta a DS una GTX TITAN para vender 154 millones de consolas? Es obvio que no.

Para concluir este breve ensayo, me gustaría recomendar a todos y cada uno de nuestros lectores el retro gaming. ¡No os dejéis engañar por un motor gráfico obsoleto! Hay títulos que han envejecido peor que otros; a pesar de ésto, pueden sorprendernos con otros mil detalles que si no jugamos, nunca conoceremos. Recordad: un buen argumento, un apartado artístico con personalidad, una banda sonora compuesta con mimo o simplemente un juego hecho con cariño nos puede divertir, entretener y aportar mucho más que un juego que es sólo gráficos.


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