Somos lo que jugamos

Somos lo que jugamos
 

Recuerdo como, en mis años mozos, mis amigos y yo nos reuníamos en mi casa para jugar a la consola. Hasta dieciocho personas hemos estado sentados en el sofá vibrando con una final mundial al FIFA 98, mientras las madres de muchos de mis compañeros ponían el grito en el cielo con frases como “de tanto jugar os vais a quedar tontos” o “se os van a atrofiar las piernas por no salir a la calle”. Así, con un par. No solo salíamos más de lo que salen los mozos de hoy en día, sino que algunos de mis mejores recuerdos pasan por tardes de lluvia a los mandos de la primera PlayStation. Te he visto sonreír, porque sabes perfectamente de lo que hablo…

Esos recuerdos pertenecen a momentos que, en mayor o menor grado, me han convertido en lo que soy. Cada partido ganado, cada enemigo abatido o princesa rescatada se han grabado a fuego en mi memoria, haciéndome más consciente de realidades pasadas cada vez que enciendo una videoconsola. No es solo el juego lo que hace grande el momento, sino con quién y cómo lo hayas jugado, por lo que cada pequeña lágrima derramada por un final inesperado me ha dado forma hasta el punto de que soy lo que he decidido jugar. Y sí, veo que sigues sonriendo…

Para los que antes éramos un puñado de frikis tenebrosos a los mandos de “vetetúasaberquécacharro” es un verdadero placer ver cómo el tiempo nos ha ido dando la razón a niveles que ni siquiera podríamos haber sospechado. Los videojuegos han pasado de ser una lacra social a una herramienta pedagógica, de ser un “juego del demonio” a formar  empresarios a través de la gamificación. Cada semana salen nuevos estudios alabando los beneficios del uso de videojuegos con fines educativos y cada vez son más los países que apuestan por la inclusión de videoconsolas directamente en las aulas.

Game Your Brain

En este sentido, son muchos los estudios que afirman que los “gamers” tenemos una mayor capacidad de atención, retención, habilidad estratégica o intuición. No nos pidas que corramos 50 metros, pero a tomar una bandera ganamos a cualquiera. Obviamente, todo depende del punto de vista del que se mire pero si hay algo cierto en todo esto es precisamente que los videojuegos pueden hacernos mejores profesionales a través de la potenciación, como si de “power ups” se tratase, de diversas habilidades y capacidades. Ahora, más que nunca, somos lo que jugamos.

Habilidades no adquiridas

Algunas habilidades adquiridas en los videojuegos no deberían utilizarse en la vida real.

Nuestro mayor interés por desarrollar nuestras habilidades pasa, claro está, por la posibilidad de seguir jugando y evolucionar prácticamente sin darnos cuenta. Podríamos decir que, en muchos casos, el videojuego se convierte entonces en una herramienta de marketing experiencial, que pretende “comercializar” un producto o servicio a través de una experiencia satisfactoria por parte del usuario. Como sabemos, hay pocas experiencias más satisfactorias que destrozar a un final boss, lo que sirve como elemento de refuerzo a la satisfacción del momento y permite que nuestras capacidades sigan desarrollándose, deseando pasar inmediatamente a la siguiente fase. En esta línea de planteamiento (aunque sin entrar en el desarrollo personal, claro), siempre recuerdo una campaña de Sony que me encantó y que me gustaría compartir con vosotros, a ver si pensáis del mismo modo.

 

“Yo sí puedo decir que he vivido.” Madre mía; creo que cuando planificaron la campaña estaban pensando en lo que me gustaría escribir algún día este post… Hemos vivido lo que hemos jugado y, en cierto modo, jugamos lo que vivimos. Por ello, no debemos olvidar que los videojuegos sacan lo mejor y lo peor de nosotros porque nos dan la opción de decidir, de vivir ese momento y esa experiencia, que puede marcarnos para el futuro sin darnos cuenta.

Hemos sido valientes y cobardes dependiendo del juego, aventureros, investigadores, rescatadores o salvadores de la humanidad. Hemos sido recolectores y navegantes, defensores de la ley, jueces y honorables luchadores por las causas perdidas. Pero también hemos sido sicarios, asesinos, genocidas o maltratadores. Hemos quemado aldeas y robado en casas ajenas. Hemos sacado lo peor de nosotros mismos solo por diversión y nos ha gustado… Y veo que vuelves a sonreír porque sabes de lo que hablo.

A todos nos gusta ser el bueno de la peli, el héroe invencible del juego, que nos hace sentir inmunes a esa realidad paralela que es la vida. Todos hemos sentido, experimentado y vivido sensaciones que nos han hecho crecer como personas y profesionales a través de un mando de videoconsola, compartiendo momentos únicos que han podido forjar nuestro carácter y quebrantar amistades por un absurdo gol en contra. Somos un compendio de buenas intenciones mal ejecutadas en momentos que no admiten pausa, por lo que estamos hechos de esos pedacitos de ilusión por derrotar al enemigo y no admitir nunca que no quedan “continues”. Somos lo que vivimos y, por tanto, somos lo que jugamos.


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