La historia de Nalia Elithrawien – Capítulo 1- El sendero del pícaro

La historia de Nalia Elithrawien – Capítulo 1- El sendero del pícaro
 

Basada en el popular universo de Warcraft, cada domingo tendréis la oportunidad de disfrutar de un nuevo capítulo de la historia de Nalia. Esta intrépida pícara llegará cada fin de semana para narrarnos una parte más de una aventura en la que entrelazará su vida con algunos de los personajes más famosos del mundo de Warcraft. ¿Preparados para la aventura?

Capítulo 1 – El sendero del pícaro

La respiración se entrecortaba, como un lamento apagado por la temperatura del agua sagrada que le bañaba los risos oscuros que hacían eco en las paredes de la oscura cueva bajo las alcantarillas de la metrópoli. El silencio se veía roto por sus débiles gemidos que bien podían haber sido orgásmicos pues la felicidad le embargaba en sobremanera pues  había esperado aquel momento por años y aún era irrealizable, incluso en el clímax de su recompensa.

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Sus piernas temblaban al unísono con el coro de las tinieblas, sus ojos rezaban por observar la eternidad y sus manos por abrazar la conquista de sus logros y aún así, dicho gozo tenía que esperar. Apoyada en silencio sobre su pierna derecha, arrodillada a la altura del  abdomen de su líder, con respeto en su rostro que ahora observaba el suelo con satisfacción y miedo al futuro, su cuerpo lo sentía, como el baño cálido y tempestuoso que ahora tenía lugar en su cabellera como la incómoda posición en la que se encontraba su cuerpo. Sus pechos se apretaban con la armadura y rogaba levantarse.

Pero sabía que había costado estar en esa posición, no minutos, sino años.

Escuchó el mandato divino de su líder, tomó una bocanada de aire y suspiró para sí misma, todo había pasado, el mundo seguía en pie y la caverna le estaba esperando, su última prueba estaba lista, después de años de preparación y subordinación de sus deseos, la recompensa se hallaba a pocos metros. Se puso de pie recobrando la incómoda postura, la armadura le pesaba y debía pesarle, era el yugo de las cadenas del paladín nocturno, no sonrió, no debía sonreír en voz alta. Apresuró a portar el yelmo dorado que caracterizaba a su casa bastarda y dio media vuelta hacia la oscuridad de lo absurdo y enigmático, el mandoble le ceñía la cintura, sentía que pesaba y tenía que ser una carga pues el objetivo se cumple con obsesivo esfuerzo. Se sentía débil, por primera vez en mucho tiempo se sintió insegura. Dio 3 pasos hacia el vacío de la existencia, la bestia le observaba, ella lo sabía y con temor lo aceptaba. Sonrió con burla a la muerte, con burla al momento, sintió irrespeto por su esfuerzo y se fustigó con terror. Levantó la mirada y allí estaba, el dragón que había estado esperando por años… la ilusión del enemigo, la obsesión del mal con su existir.

Era bello, de apariencia celestial y estrellada, como las noches de verano que no pudo ver pero que sabía que le esperaban al otro lado de su claustro. Se alzaba con eminencia sobre su cabeza, le sentía sobre su yelmo, sentía el helio arremolinarse en su garganta, sentía su rugido atenazar cual rayo la cueva, sentía el fuego en sus venas y la adrenalina en sus brazos. Pidió perdón por la vida que estaba por arrebatar, sintió miedo por hacerlo y quizás lástima, pero la lástima no sonríe a los héroes en el lecho de muerte. Dio un paso atrás y respiró de manera agitada, el peso le asfixiaba pero debía continuar. El sinuoso movimiento de sus brazos levanto el mandoble sentenciando lo que parecía ser un golpe fatal. Sentía la adrenalina corromper su ser, sentía aquella droga natural manejar su ser.

No puedes dudar Nalia, dudar es morir.

Como una pluma, como el talón de Aquiles, como su peor enemigo, la armadura le hizo perder el equilibrio y cedió, su tobillo sintió el peso y el dolor, su respiración fue testigo de su sufrimiento. Lloró por miedo, no quería repetir lo aprendido. El dragón le observó de reojo y le empujó con fulminante furia a un costado de la caverna. Gritó adolorida mientras su yelmo rodaba por el suelo y daba aparición a su ondulado cabello. Se levantó con cuidado, sabía que era imposible combatir, su cuerpo delgado y débil apenas podía levantar su mandoble. Se quitó la armadura, le incordiaba; los metales se rezagaban a su paso y pronto su cuerpo quedó desnudo en paños menores y por consecuencia ahora su enemigo era el frío cavernoso que le rodeaba.

Nalia recuperó su aliento junto con la daga de su cinto, suspiró con miedo, estaba desnuda ante una bestia de  titánico tamaño y proporciones monumentales y que ahora le observaba, sentía su respiración, sus fauces orgullosamente celestiales, sentía adoración por su figura y desprecio por su significado, como un dilema desplazado por la violencia y la humedad del lugar.

Las pisadas fueron rápidas, como una sucesión de terrores nocturnos que atenazaban al dragón. Nalia corría desesperada a la cola del reptil titán, vaciló pero no podía vacilar

Y no lo hizo

Las escamas le hacían resbalar pero tenía que intentarlo y clavar la daga de Torio en ellas, aún cuando supiera que apenas le haría resquemor la usaría como soporte mientras la bestia se retorcía violentamente para azotarle contra la caverna que les recubría, como una salvaje lucha enjaulada. Trepó, sus delicadas manos rogaban por soporte entre los discos que componían su piel. Lo hacía rápido, tenía que tomarle por sorpresa y lo hizo con miedo en sus venas. Siguió el sendero a su lomo hecho que con gracia y desesperación el demonio alado trataba de evitar golpeando con sus alas su piel. Nalia debía seguir y así lo hizo, con parsimonia alcanzó en cuestión de minutos su cabeza y aún sin saber que hacer improvisó.

Con miedo atenazo el cráneo de la bestia con la navaja con la que había escalado su piel, golpeó y golpeo otra vez hasta que una voz le expulso de su sangriento objetivo

–          ¡BASTA!

Se sintió en el vacío de repente, con vértigo y en el silencio que sucedió los gritos ahogados del dragón, estaba siendo transportada al suelo por alguna magia familiar. Sí, demasiado familiar pues ahora sentía aún más terror que a lomos del dragón.

–          Padre – Susurró con vehemencia y respeto, con temor y desprecio pero con aún más respeto. Se postró de nuevo en el suelo, sentía sus piernas en el húmedo y frío suelo.

–          Ni una palabra Nalia, has rechazado el camino del guerrero, has huido de tu objetivo y… por dios, dadle ropas – De inmediato, dos acólitos irrumpieron la conversación para entregarle túnicas a nuestra personaje – Fue estúpido y demasiado inmaduro

Nalia sintió su corazón revolcarse entre la humillación y la impotencia, como al inicio de su entrenamiento, como una chica, como si el fracaso pesara más que su vida y, de hecho, así lo sentía. Una lágrima asomó su existencia por el rostro de la chica, miró al suelo y suspiró para sí misma, estaba decepcionada.

–          Pero… – El tono severo ahora se transformaba en un siseo conciliador, aún cuando su padre fuera el maestre de la orden, seguía siendo su padre – Usaste tu inteligencia para enfrentarte al dragón de pruebas, has hecho bien aunque no de la forma correcta, serás trasladada al comando élite…

–          ¡Pero padre! – EL rostro de Nalia se iluminó con furia, la chica entendía que sería trasladada al batallón donde habitaban los peores (pero no menos habilidosos) ladrones y pícaros de todos los reinos del este.

–          ¡Nada de peros!, te dirigirás a mi como Maestro y harás lo que se te ordene – Interrumpió con desprecio e ira. Seguramente Nalia hubiera seguido con la discusión si su padre no se hubiera dado la vuelta abandonándole.

“Es un idiota, pero es el idiota que te acaba de aprobar…”

Sí… pero no como lo esperaba

Texto escrito originalmente por Razorkale

Twitter: @RazorKaen

Blog: Destino Gamer

¿Quieres saber más acerca de la historia narrada aquí?  Más el próximo domingo. No dudes tampoco en pasar por La Taberna del Análisis y conoce a Därrick, un noble paladín cuyos acontecimientos transcurrirán en una vida paralela a la de Nalia.


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