¡Ponle un poco de sentimiento!

¡Ponle un poco de sentimiento!
 

¡Ay, los sentimientos! Quién los comprende, ¿verdad? Queramos o no, todos expresamos algo con nuestra mirada, con nuestros gestos, incluso con nuestro tono de voz. Esto se aplica en todos y cada uno de nosotros, sin excepción. Inconscientemente, plasmamos estos sentimientos en lo que creamos, ya sea un cuadro, un dibujo, un escrito o, lo que nos ocupa, un videojuego.

 Muy largo y tendido se ha hablado sobre la casualización del mercado de los videojuegos. ¿Cuántas veces hemos visto videojuegos que no consiguen transmitir nada y que lo máximo a lo que llegan es a recordarnos a otros títulos? Esto, sin duda, se debe al crecimiento que ha sufrido la industria en los últimos años, habiendo pasado de ser “cosa de niños” a un negocio altamente rentable. Los hombres de maletín destrozan todo lo que tocan, y nuestro pasatiempo favorito no se ha librado, como tampoco se libró el cine o la literatura. Los videojuegos se están enfocando en el camino incorrecto, ya que desde hace unos años se utilizan no como un método de expresión, sino como una fuente de ingresos. El principal problema de esto es que cuando creas algo sólo por el dinero, lo más importante se queda por el camino; la intención.

 Pienso, e imagino que muchos estaréis de acuerdo conmigo, que cualquier obra de arte que se precie es creada con una intención, buscando expresar o contar algo. Estoy seguro de que vuestras películas, libros y discos de música favoritos han sido creados por un motivo que seguramente desconozcáis, ya que quedó encerrado en lo más profundo de su creador, pero un fragmento de ese leitmotiv está plasmado en su obra. Ese fragmento de la intención del autor es lo que impregna al conjunto de una sensación que, aunque inconscientemente, todos percatamos, y que nos hace percibirlo como algo único y, por tanto, memorable. Y eso lo que muchas compañías actuales, al producir títulos como si de una empresa de producción en cadena se tratase, no consiguen.

 Así, en mi opinión, un buen videojuego es aquel que consigue transmitirme algo, un sentimiento, una moraleja, que no se limita a simplemente divertirme si no que me hace crecer como individuo.

 Por ejemplo, Team ICO ha tratado con tremenda virtuosidad sentimientos tan complejos como la amistad o el amor, alcanzando sus juegos una expresividad y pasión inusitadas en nuestro amado ocio digital. Sin duda, Fumito Ueda sabe como evocar y hacer aflorar sentimientos en los jugones, y lo ha demostrado con creces en ICO y Shadow of the Colossus. Tanto la banda sonora como el apartado artístico, pasando por las bases jugables, llevan de la mano a nuestro subconsciente hacia determinadas sensaciones, como son la soledad, el amor y la autosuperación. Pero esto no es algo que se pueda expresar con palabras, ya que debe ser vivido para ser comprendido.

Entre Ico y Yorda sobran las palabras.

Entre Ico y Yorda sobran las palabras.

 Enslaved: Oddysey to the West (título que por vuestra culpa no tendrá secuela debido a sus bajas ventas, ¡sentíos culpables!) es un juego que, si bien tiene una jugabilidad clónica, consigue expresar de manera más que creíble como se desarrollaría una amistad forzada, sirviéndose del conocido tópico “del roce nace el cariño”.En un mundo post-apocalíptico dominado por máquinas, Monkey es esclavizado por Trip mientras estaba inconsciente poniéndole una diadema por la cual, si Trip muere, él muere, obligándolo así a defenderla pase lo que pase. Si bien la relación comienza rezumando odio por todos los costados, poco a poco, la estima entre los dos compañeros aumenta, viéndose forzados a sobrevivir juntos como puedan en un mundo al que parece que produzcan rechazo. Quiero que éste sea un artículo libre de spoilers, pero ya que estoy, me gustaría picar vuestra curiosidad y, por tanto, me animo a deciros que Enslaved tiene uno de los finales de los que más he disfrutado, ya que plantea un dilema moral muy interesante, digno de debate, que si lo habéis visto entenderéis automáticamente por qué he mencionado al título de Ninja Theory aquí.

 Kingdom Hearts, el aclamado crossover entre Final Fantasy y Disney, tiene como piedra angular, simple y llanamente, los sentimientos. La saga trata constantemente la fuerza que puede llegar a proporcionar a alguien la amistad, lo lejos que se puede llegar con un corazón puro y lo fácil que es sucumbir ante las tentaciones que ofrece la oscuridad. Si bien la saga es tachada de infantil por muchos aficionados, el profundo análisis sentimental que se puede realizar a sus personajes y la evolución de los mismos es digna de elogio, un trabajo nada fácil para un guionista y, en definitiva, un trasfondo argumental muy envidiable. Es muy fácil comprobar esto; si tienes un amigo que conoció la saga durante su infancia, simplemente menciónala. La sonrisa de oreja a oreja que pondrá será prueba más que suficiente de que KH tiene algo especial, muy especial.

Lo que no lorgan separados, lo consiguen juntos.

Lo que no logran separados, lo consiguen juntos.

 Heavy Rain conforma una aventura tan redonda ya que, si bien cada uno de sus personajes alberga un elenco de emociones que los hace únicos, no podemos reducir su excelente reparto a un único sentimiento. Ethan Mars, protagonista absoluto de la historia, desea con todas sus fuerzas salvar a su hijo Shaun del llamado “asesino del origami”, que lo tiene retenido. Lo que es capaz de hacer este padre por su hijo es realmente desgarrador, mostrando escenas muy creíbles y, en definitiva, humanas. Pero no sólo Ethan tiene un trasfondo trabajado; también Norman Jayden, también Madison Paige, y sin duda alguna también Scott Shelby. Si tuviese que reducir este título a algo, sería al amor, la venganza y la voluntad, decisión que, si habéis terminado el juego, entenderéis.

 Catherine, de una forma más superficial, eso sí, también trata bastante bien el amor y la lujuria a partes iguales. El dilema de su protagonista, Vincent, que se debate entre la fidelidad y el adulterio, es ciertamente muy interesante, pero pierde intensidad ya que cede mucho protagonismo a nuestras decisiones y a cómo queremos que la historia se desarrolle.

Ay, ay, ay, Vincent.. ¡Ándate con ojo que es una femme fatale!

Ay, ay, ay, Vincent.. ¡Ándate con ojo que es una femme fatale!

 Creo que el sentimiento al que podemos asociar Asura’s Wrath es más que obvio. Asura, deidad antes venerada, es víctima del destierro más infame y del secuestro de su hija por sus antiguos compañeros. Ante esto, se ve consumido por la ira y la más completa desesperación, emociones que utiliza en pos de alcanzar su tan deseada venganza. El juego destila mal humor y furia por todos y cada uno de sus píxeles, haciéndonos salpicar algún que otro insulto o improperio que Asura arroja sin piedad contra los que antes eran sus amigos. Una oda a la cólera que alza nuestros niveles de adrenalina con tan solo ver la expresión de nuestro iracundo Dios.

 Por último, The Last Of Us, título del que de hecho tendremos una versión para PS4 este verano, expresa de forma muy cruda el sentimiento de supervivencia, el amor y el egoísmo. El argumento del juego se centra en la relación entre Joel y Ellie y la evolución de la misma, que es sin duda uno de los vínculos entre protagonistas más realistas y logrados de los últimos años. La tecnología de la que dispone PS3 permitió a Naughty Dog expresar mucho sin palabras, sólo con gestos, y los diálogos, decisiones y situaciones extremas que plantea esta aventura son resueltos de formas tan impredecibles como la vida misma.

Naughty Dog nos obsequió en los últimos compases de PS3 con una de la pareja de protagonistas más creíbles de los últimos años.

Naughty Dog nos obsequió en los últimos compases de PlayStation 3 con una de la pareja de protagonistas más creíbles de los últimos años.

Podría citar muchos más ejemplos, pero creo que con los que he nombrado hasta ahora es suficiente. Me gustaría que tú, estimado lector, me dieses en el morro con títulos que para ti expresan muchísimo más de lo que dicen los que yo he citado y que me odias por no haber nombrado. ¡Venga, hombre, un poquito de debate! ¡Hasta la próxima semana!


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