La historia de Nalia Elithrawien – Capítulo 5: Tormenta de recuerdos

La historia de Nalia Elithrawien – Capítulo 5: Tormenta de recuerdos
 
 

Quizás, una de mis preocupaciones eran aquellos riscos terroríficos que atenazaban nuestros corazones impávidos. Caminábamos incomodos en el silencio de la espesura total que dividía aquel millar de Agujas, temíamos por nuestras vidas, por aquellos silithus que nos alcanzaron saliendo del desierto de Tanaris o aquel extraño rugido del viento que nos acompañaba sigiloso entre los regimientos. No recuerdo cuantos quedábamos, sólo recuerdo temblar con horror cuando aquella cosa se nos arrojó encima, sí, era un huracán.

–          ¡CORRED! – Mi tío gritaba al unísono con el relinchar psicópata de la caballería huyendo de aquel ¿Ser? Huracanado, aquel inmundo viento que nos alcanzó tras unas horas de caminata y que inicialmente parecía un viento favorable que calmaba nuestros sedientos cuerpos. No, aquella ventisca helada era un ser antiguo, algo vivo que habíamos molestado con nuestra presencia.

–          ¡Huid! – La turba gritaba a nuestras espaldas, ¿Quién diría que aquel lugar era tan emocionante? La joven que lloraba en casa de sus padres no lo habría logrado nunca vislumbrar, ni en sus mejores pesadillas. Sí, mejores, aquello era una pesadilla, lo sabía mientras huía de nuestros propios caballos que ahora eran nuestros enemigos.

La verdad, no había demasiados lugares donde ocultarse, quizás algunas rocas que ya estaban ocupadas por reclutas cobardes que temían por sus vidas igual que el resto de los presentes. Grité con horror al vislumbrar algunos que eran despedazados por las piedras a alta velocidad. Grité con miedo creyendo que aquellas agujas de piedra y granito cederían a nuestras espaldas y nos enterrarían en el desierto de aquel extraño lugar. Sin embargo, no fue así, nada fue como lo esperábamos y algunos habríamos rogado por que fuera todo lo contrario. Aún así, sentía la extraña sensación que nos observaban desde las cimas de aquellos riscos. Ojos vivos, ojos conscientes de nuestro delirio y horror, impávidos por sus propios miedos.

Era inconsciente el hecho que tomara con la muñeca el cinto de mi espada, con miedo y desesperación caminando a ciegas para evitar que los guijarros destruyeran mi visión, ahora mismo era una chica más con miedo, aquellos hombres antes valientes ahora habían regresado 10 años a su infancia, entre el horror y el miedo que les caracterizaba como Altos elfos. No había orden y aquel huracán pasaba encima nuestro como una imbatible fuerza demoledora de la desgraciada naturaleza que habíamos despertado.

Extrañamente, nuestro delirio se apagó pasados unos minutos, minutos donde la sangre y la carne golpeaban contra el suelo y la luna se abalanzaba a nosotros en el frío suelo. Sí, un cambio de planes extraño que no es más que un añadido de lo que vendría. Sí, lector, te preguntarás porqué escribí esto en mi diario si pronto aquel huracán no me haría daño. Pues bien, hay algo que debes saber, lo que sobrevino a la tormenta, aquel silencio abismal y el resplandor… ¿Azul? Fue lo que me aterrorizó, lo que nos aterrorizó a todos.

Habían pasado sendos segundos, me hallaba tiritando del frío en el suelo de aquel tramo baldío de aquel desgraciado desierto de agujas que ahora estaba muy frío y empantanado por agua deshidratada. Escuchaba mi propia voz temblar en mi cabeza y pronto fue acallada con el despertar de mil lunas delante de la oscuridad de mis parpados cerrados, era una luz que apenas se filtraba en la oscuridad de mi mirada. Pude escuchar como el sonido se apagó y fui forzada a respirar tranquilamente, aquello, lo que sea que fuese irradiaba una extraña calma impropia de aquel salvaje continente.

Abrí los ojos y una voz inundó mi mente… ¿Voz dije? No, cientos de voces, cientos de recuerdos y susurros asustados de los demás soldados, era una luz azul, como un inmenso foco con una mirada perdida que se visualizaba donde el Elemental de Aire había estado antes, nos miró a todos parpadeando en sus extraños resplandores. Mi tío susurraba para sí mientras intentaba caminar hacia ella. Yo hice lo mismo.

Eran escasos pasos pero podía sentirlos como kilómetros de distancia, eternos y coloridos con un extraño resplandor azul seductor que me atraía hacia él, sentí miedo y desconfianza pero pronto aquellas emociones se apagaron… Le toqué.

El silencio, hubo al fin silencio total, las voces acallaron y el foco de luz se hizo sólido, como una masa viscosa en su interior, pude sentir como se dirigía hacia mí, pude sentirlo pues no tenía rostro pero podía imaginarlo.




–          Hija…

Sí, lo que lees, querido espectador, aquella cosa me llamo Hija, ahora lo entendía todo, con horror entendía como tenia calma y paz o, bueno, eso creí hasta más tarde. Más tarde, pues casi de inmediato me desmayé sobre el ahora, frío suelo del desierto.

–          Madre…

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Texto escrito originalmente por Razorkale

Twitter: @RazorKaen

Blog: Destino Gamer

¿Quieres saber más acerca de la historia narrada aquí?  Más el próximo domingo. No dudes tampoco en pasar por La Taberna del Análisis y conoce a Därrick, un noble paladín cuyos acontecimientos transcurrirán en una vida paralela a la de Nalia.





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