Por mí y por todas mis compañeras

Por mí y por todas mis compañeras
 
 

Cuando Isabel Cano ideó hacer “True Gamer Girls” y se puso en contacto con diez chicas que conocía del mundillo del videojuego, obtuvo un sí más que rotundo. Era un proyecto que nacía tras la publicación de una revista de dudosa calidad, Gamer Girls, que llevaba al extremo la típica imagen de jugadora sexualizada, con poca ropa y posturas ridículas (aunque quizás yo sea la menos indicada para hablar,que siempre he sido motivo de burla por mi forma de jugar a la Wii). ¿Es esta revista el demonio y debemos bailar alrededor de una hoguera con todos los ejemplares de ella? Obviamente no, ése no es el problema. Sería estúpido por mi parte admitir que no existe esa fantasía de chica jugando con lencería y el culo en pompa, al igual que hay de colegialas o secretarias, y como cualquier fantasía es totalmente respetable. El problema está en que por desgracia hay demasiados jugadores que no saben distinguir entre realidad y fantasía, pensando que esa imagen sexualizada es la real. Y oye, por supuesto que yo también puedo ponerme mi mejor lencería y ponerme a jugar al igual que lo hago con mi pijama favorito de osos panda. No es una cuestión de vestimenta o de la postura con la que juegues, el problema va mucho más allá.

Este no va a ser un texto sobre una adolescencia que fue difícil por ser esa chica que se sentaba al final de clase leyendo cómics y con una portátil escondida bajo la mesa. La adolescencia es jodida, sin más, cada uno por las razones que sean. Pero crecí y me convertí en una persona que esperaba que los demás mortales de edad similar se comportasen y pensasen de forma madura, siendo una decepción en muchos casos. Siempre he dicho que no me importa que alguien piense distinto a mí (si no fuera así, que aburrido sería todo) mientras me exponga sus razones. El problema que he visto a lo largo de estos años es que las actitudes machistas que abundaban en este mundillo no tenían ni razones ni algo remotamente parecido. Me he encontrado tantos “Pero tú que vas a saber jugar mejor que yo si no has cogido un mando en tu vida”, “¿Pero que DE VERDAD te gustan los videojuegos?” o “Tú déjanos a los tíos, que somos los que sabemos que hay que hacer en este juego”. Y jamás he querido que me traten diferente, ni para bien ni para mal. Me parece que hace tanto daño aquellos que nos insultan por tener el mismo hobby que los que nos ven como unicornios maravillosos.

Y al poder digerir un poco todos los comentarios tras la publicación de este “True Gamer Girls” me ha hecho ver lo necesario que es un cambio en la comunidad y que se hable de ello, sea con estas propuestas o con la que sea, pero no ignorarlo sin más. El ver como somos llamadas “lesbianas” como si eso fuera un insulto, “putas”, “attention whores” o mi favorito, “terroristas vaginales” no hacen más que evidenciar el hecho de que todavía queda mucho camino por recorrer.

 

True Gamer Girls Portada Areajugones

 

Por supuesto con esta revista nadie pretendía cambiar el mundo, que todo se arreglase y que fuéramos las heroínas del mundo de los videojuegos (pero si Naughty Dog quiere hacer un juego sobre nosotras, solamente tiene que decirlo). Hay gente que no ha captado del todo el hecho de que es una parodia y por lo tanto todas las ideas que cada una de nosotras tuvimos para las fotos o los textos fueron exagerando los tópicos. Sé que no todo el mundo es así por supuesto, sé diferenciar. Pero he vivido como alguien me enseñaba una galería de fotos de “gamer girls” lamedoras de mandos (quizás por ese recuerdo fue la idea que escogí para mi foto) y haciendo comentarios como si fueran jugadoras reales, como alguien se sorprendía al verme poder hablar con conocimiento en una conversación sobre algún título o como alguien se cabreaba en exceso porque inexplicablemente una tía le había ganado en una partida online a algún FPS. Y lo peor que he visto hoy es que muchos de esos comentarios sin sentido no solamente venían del público masculino, que es de donde una espera más comentarios machistas. Otras jugadoras nos han acusado de ser unas farsantes que solamente juegan a cierto tipo de juegos por ejemplo, como si por un lado tuviéramos que explicar a qué le damos con el mando y por otro como si esos títulos fueran inferiores (WoW o Minecraft entre otros, a los que he de reconocer que he tenido un muy leve acercamiento). Pero lo peor ha sido el triste hecho de que nos digan que ante los problemas del machismo, lo mejor es quedarse calladas, aguantarse, hacer como si no existiera el problema e ignorarlo completamente, porque si no, estamos victimizando. Y si pensaba que el machismo es un gran problema, esto me ha llevado a descubrir otro más grande, esa certeza que tienen algunas personas que ante los problemas de la sociedad lo que hay que hacer es esconderlos, barrerlos bajo el sofá.

¿Por qué tantas etiquetas, tantos insultos, tanto querer hacer diferencias? Puede que muchos crean que el hecho de hacer “True Gamer Girls” es con ese propósito, pero ni mucho menos. Con esta parodia queríamos hacer de forma simpática un llamamiento a la comunidad, no para destacar si no para remarcar cuanto queremos normalizar las cosas, puesto que somos tan geniales y tan cafres como cualquier jugador masculino, que lo mismo me verás partiéndote por la mitad con un lancer en Gears of Wars que comprando vestiditos en Tomodachi Life. Queremos simplemente desterrar toda actitud machista en una industria que siempre fue predominantemente masculina y que en la actualidad tiene un gran público femenino, al igual que hay cada vez más desarrolladoras o diseñadoras.

Sé bien que es más fácil dejar pasar todos esos insultos, en plan “si les ignoramos, ya se les pasará”, pero son muchos años y muchas tonterías. Una se cansa de no hacer nada y quedarse mirando. Por eso aplaudo fuertemente a la señorita Isabel Cano, por la genial idea y su increíble trabajo de maquetación, a la vez por supuesto que lo hago con todas las que hemos participado, empezando por ese texto de Eva Cid que abre la revista que, como es ya habitual, es una verdadera joya.

Quizás parezcamos que solamente queremos llamar la atención, pero aún queda tanto por hacer por normalizar las cosas que me siento orgullosa de haber participado en esto. No hemos salvado al mundo antes de irnos a la cama, pero teníamos que hacerlo. Por mí y por todas mis compañeras.




 

Si os interesa leer la mencionada y polémica publicación, aquí en ISSUU y aquí en pdf la podéis ver.