Una pesadilla demasiado real sobre el estado actual del sector

Menos mal que todo se ha acabado...

Una pesadilla demasiado real sobre el estado actual del sector
 

El siguiente artículo cristaliza la opinión de un autor, no generalizada en Areajugones

Hoy me he despertado sobresaltado como respuesta a un horroroso sueño, más bien pesadilla, que ha truncado radicalmente mi dormir. Entre imágenes difusas y poco esclarecedoras se erigía un contexto decadente dentro del apreciado sector de los videojuegos. No puedo definir exactamente el significado íntegro de mi delirio, pero tengo retazos significativos que huelga comentar.

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En el mundo de Morfeo se recreaba un entramado comercial que rebasaba los límites de la moralidad y coqueteaba con injusticias y mentiras. He visto a empresas prestigiosas comprar medios a través del reparto indiscriminado de productos que utilizaban como doble vía. Por un lado, garantizaban el beneplácito de la prensa especializada a la hora de evaluar sus videojuegos con un “ligero” sesgo carente de objetividad. Por otro, ampliaban su marco mercantil a través de consolas regaladas donde alojar los títulos incorrectamente puntuados.

Pero la equidad no formaba parte de su juego. Estas empresas preservaban una limitada red donde perpetrar su absurda estrategia comercial llegando a ningunear a otros medios que, por sus principios de honestidad, se zafaban de dichas artimañas maliciosas. Las empresas que incurrían en este escenario sabían jugar, no literalmente, con la expectativa de los lectores/usuarios que, maldita sea, confiaban plenamente en el valor numérico adherido a los análisis, ¿os lo podéis creer? Las compañías obligaban tácitamente a los medios comprados a inflar las puntuaciones reflejada en las reviews indistintamente de su peso argumental. Todo un disparate. Menos mal que en la realidad la inmensa mayoría de lectores pondera las adquisiciones leyendo previamente los análisis y valorando la cifra complementaria como una estimación subjetiva.

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Aún hay más. Gracias a webs globalizadas como Metacritic que compilan diferentes análisis de medios especializados, estas viles empresas aprovechaban la presencia de páginas incluidas en las mencionadas webs para vender sus principios mediante la distribución de consolas y juegos. Y, como contraprestación, los medios reflejados en estas webs engrosaban las notas cuya media general se tornaba descompensada respecto la realidad. Y lo peor de todo es que los usuarios confiaban ciegamente en la falsa atribución plasmada en esa cifra ignorando la objetividad proyectada en los textos.

Estas compañías desacreditaban a otros medios más francos en sus análisis. No daban crédito a que las críticas valoraran razonablemente los diferentes juegos ni que su reputación se viera mancillada a causa de la “supuesta” desidia impresa en el desarrollo de unos videojuegos que ya anticipan un éxito comercial. Estas empresas se desconcertaban cuando una nota inferior a 80 lastraba tan impunemente la magnificencia de sus títulos, fruto de un arduo esfuerzo cargado de originalidad y poderío narrativo, así como una progresión gráfica sin precedentes. No entendían, en general, la sinceridad.

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Los medios, no obstante, exaltaban su prestigio mediante sorteos y concursos originados con cuestionable ética comercial. Tapiar los espurios y engaños con el reparto de consolas y juegos representaba su principal argucia dotada de una fingida afabilidad y agradecimiento. Por su parte, los usuarios se abalanzaban en tromba hacia los regalos y desconectaban su capacidad reflexiva a la hora de sospechar frente las injustificadas notas de los juegos. Estas artimañas lucrativas ennegrecían la moral del sector y descarrilaban un tren que viajaba agitado. No obstante, antes de despertar, tuve una imprecisa visión de cambio. Anticipé una concienciación masificada ante los embustes perpetrados y una actitud proactiva a la par de subversiva por parte de los usuarios en virtud del sector.

Sinceramente, “nontendo” el significado de mi sueño pero lo desvinculo de un supuesto vaticinio y lo clasifico dentro de mi repertorio de pesadillas. Menos mal que esta aproximación onírica viaja en las antípodas de la realidad actual, ¿verdad?


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