El negocio a través de la nostalgia

El negocio a través de la nostalgia
 
 

En los tiempos que corren, y ya desde hace algunos años, se ha puesto de moda rescatar lo añejo, sacarlo de la tumba en la que yacía mientras todo el mundo recordaba lo excelente que era. Ha ocurrido con el cine a través de la multitud de versiones realizadas de películas antiguas, ha ocurrido en la cultura general con libros al estilo Wikipedia que relataban nuestros recuerdos cuando éramos unos chiquillos, y claro, en esta praxis no podían faltar los videojuegos.

Si bien es cierto que el recuperar videojuegos antiguos para darles un lavado de cara —a veces un tanto errático— se lleva haciendo desde hace más años de los que puedo recordar, es una técnica que, actualmente, está siendo mucho más constante. Las empresas esconden detrás de títulos míticos y carismáticos una notable falta de ideas; tal vez sea el tema económico el que mueva a compañías que se encargan de estos títulos de la publicación de los mismos, e incluso me atrevería a decir que todo está ligado a estos dos parámetros: la falta de ideas y las ganancias económicas a través de la nostalgia para hacer un título más atractivo para el jugador con un presupuesto más alto.

Unos días después de este pasado E3, un usuario de Twitter rememoraba todas las versiones o lavados de cara que habían aparecido en la consola de Sony desde el lanzamiento de la misma. El número —que superaba ampliamente los 20 títulos— dejaba clara una reflexión: ¿se está jugando con la nostalgia actualmente porque las ideas se están evaporando o se utiliza a la misma nostalgia para asegurarse una cifra económica a través de los sentimientos de la gente? El mundo del videojuego está funcionando cada vez más de esta manera, y es innegable admitirlo; sí, siguen saliendo videojuegos con una calidad indudable y por suerte llegarán títulos que nos harán seguir disfrutando de esta pasión, pero cada vez son más compañías las que se apuntan al barco de volver a sacar el mismo videojuego. En algunas ocasiones, ciertos videojuegos han llegado a sacarse hasta 3 veces en distintas plataformas, como es el ejemplo del magnífico Shadow Of The Colossus: ¿un juegazo? Sin lugar a dudas, pero de ahí a pasar tres veces por caja hay un mundo.

¿Es esto una crítica directa a las revisiones de ciertos videojuegos? No realmente. Sí es cierto que hay videojuegos que, gracias a su renovado aspecto en la jugabilidad, se pueden disfrutar mejor. En estos casos me gusta sacar a la luz la renovada primera entrega de Resident Evil, o la versión Redux de la saga Metro, que, aunque a priori parezca que no, incluye novedades de jugabilidad que no son tan tediosas como en la saga original.

Sí, es cierto, hay ciertos videojuegos que merecen tener una versión, pero solo para arreglar una jugabilidad que, en los días que corren, se antoja cuanto menos un reto. No es el caso de la saga Uncharted, no es el caso de los dos primeros Bioshock, y mucho menos es el caso de los Final Fantasy que se lanzaron para Steam: ahí es donde quiero llegar, eso es jugar con la nostalgia, con la ilusión de la gente y vender el mismo juego a un precio que, generalmente, no suele ser demasiado bajo.

Hemos llegado a un punto en el que este tipo de títulos se producen sin descanso, algunos con más o menos acierto, pero ahí están, sin ser nuevas ideas que renueven un mercado que, si bien produce buenos títulos, está exento de las ideas originales que siguen estando por descubrirse. Y lo peor de todo es que hemos llegado al nivel en el que ya no solo son los propios videojuegos los que vuelven a salir al mercado, también son las propias consolas en nuevas versiones más pequeñas.

Es el caso de Nintendo presentando sus consolas “Mini” y no solo creando un negocio a través de la nostalgia, sino que, debido a su limitación, también se crea un mercado especulador en un corto lapso de tiempo. Es decir, se aumenta el precio de una consola que está siendo estrenada una vez más, por encima del precio que tiene la NES original, por poner un ejemplo. Es un disparate en toda regla, pero es hacer lo mismo: jugar con la economía a través de la nostalgia, manejar a un sector del público que se deja llevar por lo carismático, por aquello que le trae recuerdos a cuando se zampaba un sándwich de Nocilla mientras ardía de pasión jugando a un título cualquiera.




Bien es cierto que, lo que empezó como una práctica con una mínima actividad, ha ido cobrando mucho protagonismo y, cada año, podemos encontrarnos con muchísimos títulos que han vuelto a salir a un precio normalmente alto para hacernos pasar por caja otra vez. ¿No deberíamos acabar con este constante negocio con la nostalgia y centrarnos en crear nuevas ideas o nuevos títulos que revolucionen el mercado? Deberíamos, indudablemente; uno de los problemas que no permite seguir esta pauta es que, en los tiempos que corren, los máximos encargados de muchas de las empresas son simplemente señores con traje que lo único que quieren es dinero, sin importar la calidad del videojuego. El cambio de los 90 a esta parte ha sido inmenso, y aunque queda mucha gente que se sigue esforzando en crear un contenido medianamente útil para la industria e interesante para el jugador, cada vez son más los que prefieren vender antes que promover buenas ideas, y eso, queridos amigos, es una auténtica desgracia.

No soy quién para decir que se acabe el negocio con la nostalgia, ni quiero meter en la cabeza de nadie mis propias ideas, solo quiero comentar un simple hecho que está ocurriendo con más frecuencia de la que debería: sacar cosas del pasado en pequeñas dosis está bien, sobrecargar la industria con esto último es un error garrafal que ojalá termine más pronto que tarde.


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