El extraño mundo del contenido descargable

La diferencia entre sacar contenido descargable por negocio o por expandir un videojuego

The Witcher 3
 
 

Hay que reconocer que, cuando hablamos de videojuegos, algunos hablamos de ellos como si fuera una nueva forma de expresión aunada con la diversión que desde siempre se nos ha ofrecido, pero asiduamente olvidamos que también se trata de una forma de negocio. No por ser una “nueva forma artística” quiere decir que nos tengamos que olvidar del lado económico que genera el mundo del videojuego y entrar, por tanto, en aquellos parámetros que separan el hacer algo por amor al arte, o hacerlo como un trabajo que te permita vivir económicamente estable. No nos vamos a engañar, para esto último hay que tener mucha suerte, pero la posibilidad está siempre presente.

En ese mundo profesional de los videojuegos existen varios tipos de personas, pero sobre existen dos ramas: los que aman el mundo del videojuego y quieren hacer que otros disfruten con ellos a un mínimo coste, o aquellos a los que les seduce más el dinero que el hacer videojuegos. Uno se puede dar cuenta del pie que cojea un responsable de una empresa cualquiera, con solo observar cuál es su patrón para premiar al jugador. Expliquemos esto con unos cuántos casos.

El negocio del DLC

En junio de 2009, The Sims 3 salió a la venta para alegría de muchos fans de la saga. El videojuego creado por el conocido Will Wright llegaba con su tercera entrega tras cinco largos años en los que las expansiones para The Sims 2 se sucedían. Hasta aquí todo correcto, el problema llega con los frecuentemente odiados DLC.

En el caso de The Sims 3, hacerte con el juego y todos sus DLC atiende a la escalofriante cifra de 504,80€ en el caso de que decidamos comprarlo por Steam. En Origin, por desgracia, no es que cambie mucho la cifra que se nos presenta para adquirir todo el material de este simulador. Esta praxis es abusiva se mire por donde se mire, y es que, en este caso, añadir cuatro muebles y alguna que otra novedad para nuestros sims, ya nos sale por 20€ que podríamos estar invirtiendo en un videojuego cualquiera.

Por supuesto también ocurre con la cuarta entrega de la saga, pero el ejemplo más factible de observar es el de The Sims 3. Si observamos en otros géneros de videojuegos podemos afirmar que también se encuentra presente este método de sajar a la gente a base de DLC que, siendo francos, apenas añaden contenido. Es el caso de videojuegos como la saga Call of Duty, donde apenas unos cuantos DLC que incluyan mapas y algún que otro extra más, ya nos cuesta rascarnos el bolsillo un poco más.

Los DLC son un arma de doble filo. En muchos de los casos ayudan a mejorar la experiencia de juego debido a su alto contenido y a su precio, pero en otros tantos se basan en añadir cuatro cosas por un precio verdaderamente alto. No yace el problema en la empresa que los crea, por supuesto, yace en el jugador que pasa por caja sin pararse a pensar un momento si verdaderamente está pagado lo que le ofrecen, más allá de su complejo de fan por un videojuego o una saga.

Una buena prueba de que los DLC son un arma inagotable de ingresos para una empresa se encuentra en EA, y es que dicha empresa ha llegado a facturar incluso 921 millones de dólares a través de la venta de estos contenidos descargables. Esto viene a confirmar que, de obtener cifras más o menos normales en el mundo del videojuego, EA ocuparía gran parte de sus ingresos en la venta de contenidos descargables. En 2014, por poner un ejemplo, un 41% de las ganancias totales fueron a través de la venta de esta nueva forma de expansión para un videojuego. Si ya nos ponemos a mirar uno de los videojuegos que más furor causó para la venta de sus DLC, Madden NFL se llevó el gato al agua.

Contenido descargable de calidad

Más allá del contenido descargable con un precio muy elevado, se encuentran aquellas compañías que, a pesar de ser pocas, se centran en ofrecer cierta calidad en dichos productos. Hay quien dice que los DLC son los nuevos pack de expansión y, personalmente, creo que en esa creencia hay cierta realidad dependiendo de qué título estemos hablando.




Títulos como The Elder Scrolls V: Skyrim han demostrado las dos caras de la moneda. Por un lado demostraron con el DLC Hearthfire un contenido descargable más bien pobre de contenido y con un precio alto en comparación a su calidad, por otro lado con Dawnguard Dragonborn ofrecieron un contenido digno de ser pagado y con altas dosis de contenido. En este lado de grandes contenidos descargables podemos situar también a títulos como Grand Theft Auto IV o los DLC de otro videojuego relacionado con Bethesda como es Dishonored.

Más allá de la calidad ya se encuentran empresas como CD Projekt Red Techland que no tienen ningún reparo en regalar contenido descargable a sus usuarios para The Witcher 3 Dying Light respectivamente, y, además de eso, ofrecer expansiones con muchísimo contenido y bastantes horas de juego. Para prueba de ello tenemos a la saga The Witcher 3 con sus dos expansiones, y por parte de Techland tenemos la maravillosa expansión de Dying Light titulada The Following. En ambas ocasiones nos topamos con una empresa que premia a los jugadores con contenido de calidad o pequeños detalles que ensombrecen las tretas de otras empresas con tal de rascar el bolsillo del jugador.

Y lo cierto es que es una pena que lo comentado anteriormente sea sorpresivo, porque debería ser la tónica general por la que seguir. Es tan simple como dictar costes en proporción a la calidad de lo ofrecido en el contenido que estemos adquiriendo, tal y como hacen empresas de la talla de CD Projekt Red. Pero ahí volvemos a lo que comentaba anteriormente; uno se da cuenta de a quién está apoyando al comprar un producto, si una empresa que se preocupa por los videojuegos y por el cliente, o una empresa a la que solo le preocupa lo económico. ¿La solución? Comprar sin premura y con la certeza de saber lo que estamos adquiriendo. 


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