El Ministerio del Tiempo sigue siendo un fracaso necesario

Una serie que debe pasar a Netflix urgentemente

El Ministerio del Tiempo sigue siendo un fracaso necesario
 

La tercera temporada de “El Ministerio del Tiempo” está llegando a su fin. A finales de mes acabarán los nuevos 13 capítulos emitidos en dos tandas de episodios divididos por los meses de verano, y podemos decir sin miedo que la serie sigue siendo un fracaso. Al menos, en términos de audiencia tradicional: del 12,3% de la primera temporada, se bajó al 11,9% de la segunda y al 9,9% provisional de la tercera, datos que hacen presagiar que RTVE tomará la decisión que podría haber tomado al finalizar la anterior tanda de episodios. Pero desde Areajugones decimos que “El Ministerio del Tiempo” sigue siendo un fracaso necesario.

¿Necesario por qué? Primero, porque la audiencia está cambiando a pasos agigantados: el método de análisis de audiencias de Kantar Media, con sus audímetros desfasados colocados en unas 3.000 casas, no son indicativo de una generación mucho más juvenil, que consume en ordenadores y tablets, o deja el capítulo para el día siguiente para evitar el “mal” prime-time que se va hasta las 00.00 o las 01.00 horas de la mañana. “El Ministerio del Tiempo” demuestra que cada semana es la serie más vista de forma online, por lo que esas cifras no se reflejan en los datos de audiencia que conocemos. Segundo, por su servicio público, principal característica de RTVE como televisión estatal al servicio del gobierno. La Historia aquí es tratada con respeto dentro de lo “manipulable” que es el medio televisivo.

En cambio, estamos aquí para saber qué ha pasado esta tercera temporada, con unos datos que van cada semana a menos (excepto una pequeña subida de 4 décimas en el capítulo de ayer) y unos capítulos que en calidad van a más. Un problema que ha apuntado cada espectador que se puede leer en Twitter es el primer episodio, “Con el tiempo en los talones“. Una trama que se fue cociendo léntamente, con unos planos bastante espaciados en el tiempo y movimientos de cámara que imitaban al mejor Alfred Hitchcock. El inicio de temporada no fue aburrido, pero sí clasicista, y más viniendo de un capítulo 21, final de la segunda tanda de episodios, que sigue siendo el mejor de la serie.

Ese primer episodio de la tercera temporada obtuvo un 12,6% de la audiencia, bajando el segundo al 10,5%. El capítulo “Tiempo de Espías” fue apoteósico, conociendo por primera vez a Lola Mendieta de joven, y siendo ya un personaje estable en la serie. En cambio, el ritmo del anterior episodio disaudió a espectadores que decidieron o bien verlo al día siguiente, o desconectar de la serie totalmente. Un primer capítulo es esencial para los espectadores, para poder tener ganas de ver el siguiente. Sobre todo en una tercera temporada que debe buscar a nuevos espectadores, algo muy complicado hoy en día. Con “Tiempo de Ilustrados“, un 10,2% de audiencia volvió a ver cómo bajaba el ritmo narrativo, que no de calidad técnica, de una serie que brilla aún más con momentos de comedia y acción que de dramatismo. En anteriores temporadas los momentos más aburridos eran los del personaje de Rodolfo Sancho, por ejemplo.

Y desde este cuarto capítulo, las audiencias fueron a peor con leves mejoras puntuales:

  • Tiempo de esplendor“, 9,8% de audiencia.
  • Tiempo de esclavos“, 8,4% de audiencia.
  • Tiempo de censura“, 10,5% de audiencia. Es la nueva tanda iniciada en septiembre.
  • “Tiempo de conquista“, 10,5% de audiencia.
  • El cisma del tiempo“, 8,7% de audiencia.
  • Refugiados por el tiempo“, 9,1% de audiencia.

Y aunque al inicio del artículo hemos hablado de cómo las audiencias se miden de forma desfasada (es imposible saber a ciencia cierta una cifra tan exacta como un 9,8% de audiencia, por ejemplo), lo cierto es que son las que dan de comer a una cadena, o en el caso de una televisión pública, son el indicador de que sus productos gustan o no a la ciudadanía. Por ello, lo mejor que le puede ocurrir a “El Ministerio del Tiempo” es que pase a una plataforma digital como Netflix, con capítulos más cortos y más intensos, lejos de la forma narrativa de la televisión tradicional, y sin la tiranía de los audímetros.





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