Crítica de la cuarta temporada de Black Mirror: un viaje emocionante y perturbador

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Crítica de la cuarta temporada de Black Mirror: un viaje emocionante y perturbador

Crítica de la cuarta temporada de Black Mirror: un viaje emocionante y perturbador
 

La tecnología forma parte ya de nuestra vida, y aunque la hemos abrazado como un adolescente a su primer amor, nos hemos olvidado de leer la letra pequeña de esta nueva relación. “Black Mirror”, serie creada por Charlie Brooker se encarga precisamente de jugar con el lado oscuro de la primera inteligencia creada por el ser humano que podría terminar por sobrepasarnos. Lejos de explosiones y mundos distópicos, los perturbadores episodios de las hasta ahora 3 temporadas que tiene la serie, se encargan de recrear una sociedad muy factible, y de dotarla de un grado de crudeza sublime.

El próximo 29 de diciembre se estrenará la cuarta temporada de la serie en Netflix, y de cara a preparar lo que será un fin de año de lo más oscuro, nosotros ya hemos podido ver lo que han preparado en los nuevos 6 episodios, y a continuación te resumimos a grandes rasgos y sin spoilers (qué difícil resulta con esta serie) lo que espera ya a ser descubierto en nuestras pantallas, y en los próximos años en nuestras propias vidas.


Aunque como viene siendo habitual en la serie, cada uno de los episodios son totalmente independendientes  y tienen sus propias particularidades, os hablaré de todo el conjunto en general para evitar mayores destripes. Se desarrollarán sinopsis y tratamientos de temas en general pero nunca de la resolución de las tramas ni eventos importantes en las mismas.


Los primeros años de “Black Mirror” fueron muy impactantes tanto por lo que contaban como por cómo lo contaban. El famoso episodio del cerdo en la primera temporada marcó un estándar de calidad que a pesar de que se mantuvo durante un tiempo, fue decayendo con el paso del tiempo. Tanto es así que los momentos remarcables de la serie se fueron reduciendo a momentos contados en cada temporada, siendo el de “San Junípero” el que todos recordamos. En esta ocasión puedo decir abiertamente que esta tendencia se ha roto con 6 episodios que mantienen un nivel de calidad parejo y que conforman una de las mejores temporadas de “Black Mirror” desde la segunda.

Tecnófobos, padres sobreprotectores, fans de Spok, todos encontrarán un espejo en el que mirarse con la cuarta temporada. La serie abre esta vez con el episodio llamado “Museo Negro”, que paradojas aparte, sirve como un lugar donde recrearse con los peligros de la tecnología y sus usos. Con una estructura ramificada, Colm McCalthy recupera el terror visceral y desagradable de “Outcast” en un recorrido por un museo que recoge algunos inventos muy sofisticados y peligrosos. Al igual que en la película de Arthur Crabtree de 1959, aquí una chica termina en un museo en el que un peculiar guía le va explicando en qué consiste todo lo que hay repartido por las instalaciones. Los flashbacks y el ritmo trepidante hacen el resto en una de las historias más sobrecogedoras de la temporada, que culmina en un final cartesiano.

En el segundo episodio “Black Mirror” vuelve a pecar de mojigata y opta por un guion que no sorprende en ningún momento y que tiene un ritmo muy lento y pesado. John Hillcoat firma “Cocodrilo”, una mini película que tiene grandes reminiscencias a la soledad y magnitud de los escenarios de “La Carretera”, pero que no consigue enganchar con unos personajes muy previsibles y planos, y una trama de lo más aburrida. La serie toma connotaciones detectivescas del cine policíaco en una historia con mucho suspense pero poca tecnología. Lo que en un principio parece el intento de normalización de una mujer que atropella a un ciclista y se deshace del cuerpo, termina siendo una recreación plomiza del trabajo de investigación de una trabajadora de una aseguradora, que culmina con un final de lo más absurdo y anodino.

Tras la decepción de “Cocodrilo”, la serie se pone nostálgica al intentar replicar el éxito de la ganadora de un Emmy “San Junípero”. En “Hang the DJ”, Tim Van Patten vuelve a recuperar la temática amorosa con una historia que reimagina cómo serían las páginas de citas elevadas a la enésima potencia tecnológica. Lejos de aspectos más trasgresores como la homosexualidad que pudimos ver el año pasado, aquí “Black Mirror” opta por unos personajes más clásicos (chico-chica) y un escenario ambientado en la actualidad.

La empresa encargada de ofrecer estos servicios de ayuda para la búsqueda de parejas, ofrece unos dispositivos a sus clientes y los obliga a estar en un ambiente recreado artificialmente hasta que encuentren el amor de su vida. Sin escapatoria, y encerrados en la rutina de citas insulsas, los protagonistas se conocerán de manera imprevista y comenzarán una relación con luces y sombras que culmina en un final sublime y redondo. “Hang the DJ” no está al nivel de “San Junípero” pero es una historia de amor sobresaliente que bien podría constituir una gran historia en un filme independiente. Cuando la tecnología y el amor se combinan, nada puede salir bien, excepto si es “Black Mirror”.

De lo más dulce a lo más terrorífico, la serie da un giro de 180 grados en el episodio “Metalhead”. Con una duración de 40 minutos (la más corta de toda la temporada), y un tono en blanco y negro, David Slate abandona los vampiros y los zombis de “30 días de oscuridad” y “Crepúsculo”, para narrar una verdadero espectáculo de violencia y terror en uno de sus ya típicos mundos pos apocalípticos. Aquí un grupo de tres personas buscan recursos en lo que parece un almacén abandonado, hasta que aparece una versión tecnológica del demoperro que vimos en “Stranger Things”, y da inicio a la carnicería.

En ese futuro las máquinas han exterminado a toda la población, y los pocos supervivientes permanecen en refugios aislados, hasta que tienen que salir a por provisiones. Es entonces cuando nuestros desgraciados protagonistas se encuentran con una de estas máquinas y mueren todos brutalmente a excepción de una mujer, que logrará escapar dando inicio a una persecución que en muchos momentos recuerda a la famosa “Depredador” de 1984 y que cierra con un final tan negro como brillante.

Aunque “Black Mirror” siempre se ha caracterizado por tener grandes referencias a películas y series de todo tipo, y a la cultura en general, nunca había dedicado un episodio a ningún universo tan explícitamente como lo hace en “USS Callister”. Los fans de “Star Trek” encontrarán en este episodio perpetrado por el televisivo Toby  Haynes, una mina de guiños y homenajes a la serie original de 1966. El director de episodios de “Doctor Who”, se emplea al máximo con una historia propia de la tecnofobia de “Black Mirror”, pero ambientada muy inteligentemente en un mundo virtual llamado Infinity, en el que sustituye las siglas ST por la réplica Star Fleet.

Nuestro protagonista resulta ser un genio y un psicópata a partes iguales. Y es que aunque en la vida pública alardea de haber inventado el simulador, cuando llega a casa se dedica a jugar en su propia recreación virtual de “Star Trek” haciendo de capitán. La gracia del asunto es que sus tripulantes son copias genéticas de los compañero de trabajo a los que tanto odia y que aquí se dedica a ningunear para desahogarse. A partir de ahí se desarrolla una trama sencilla pero muy efectiva que engaña por su apariencia amable, pero que en esencia es tan oscura como el resto de las que presenta esta temporada.

Para terminar, la serie vuelve a abogar por una historia algo más convencional y conservadora en “Arkangel”. Este episodio corre a cargo casi al completo de la mano de Jodie Foster, quien dirige y además protagoniza. La actriz demuestra todo lo aprendido desde hace más de dos décadas en Egg Pictures, con una película construida en todo momento para realzar y sacar su mejor lado. Si hablar de “Black Mirror” es hacerlo del miedo y de la desesperanza, Foster coge ambos elementos para recrear la fobia que tiene muchos padres cuando sus hijos son pequeños. Esto es aprovechado para introducir un elemento tecnológico que funciona como macguffin para unos personajes clichés y sin más trasfondo que el construido para el propósito narrativo del conjunto.

Foster es una madre primeriza muy obsesionada con el bienestar de su hija recién nacida. Tras una experiencia traumática decide implantar un aparato de vigilancia que le permite controlar todo lo que ve y oye su primogénita. El resto del episodio intenta tratar con más o menos acierto el peligro que supone la sobreprotección de los hijos a través de la tecnología, lanzando un mensaje contrario a la tendencia actual en torno a los menores e Internet. El problema es que el ritmo lento termina derivando en una historia muy poco sorprendente que se recrea más en la relación madre-hija que en la propia problemática que plantea el concepto original del episodio. Para cerrar además Foster nos propone un final nada satisfactorio que no termina de dar ninguna conclusión y parece quedarse a medio camino de algo más grande y por ende más interesante.

En conclusión la cuarta temporada de “Black Mirror” mejora en general todo lo que a pudimos ver el año pasado, y da algunos pasos atrevidos hacia temas y estilos que se salen de lo ya estándar en la marca. Con momentos estelares, y episodios que están entre lo mejor de todo lo visto hasta ahora, Netflix cierra el 2017 por todo lo alto. De nuevo Charlie Brooker vuelve a demostrar el potencial de su idea, y rebate a aquellos que ya empezaban a aquejarse de cansancio. “Black Mirror” tiene todavía muchos años por delante, y un futuro prometedor que deja ya ha comenzado a dejar sin aliento a todos los que se atreven a bucear en él.


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