Crítica de Tomb Raider: un blockbuster de otra época

Tomb Raider (2018)

Crítica de Tomb Raider: un blockbuster de otra época

Una adaptación más que vuelve a fallar de manera dolorosa

Crítica de Tomb Raider: un blockbuster de otra época
 
 

¿Las adaptaciones de videojuegos son buenas? Podemos hacernos los ciegos, podemos creer que nuestros personajes favoritos seguirán brillando en la gran pantalla, que nuestros sueños de infancia se cumplen, pero la historia nos demuestra que no. Poco recorrido tiene este malogrado género, que no deja de dar pasos hacia la oscuridad con cada intento de Hollywood por convertirlo en verdes. Miedo daba hablar de “Tomb Raider” en esta tesitura, uno de los personajes más queridos de la industria que se exponía a un contexto tóxico. Y aunque duela asumirlo, la respuesta al misterio vuelve a ser la misma, otra vez.

Roger Uthaug (“La ola”) tenía todos los elementos para conseguir romper la maldición; una actriz prometedora, una saga completamente renovada, y el apoyo financiero de Warner Bros.. Parecía difícil que de ese cóctel saliera algo amargo, pero parece que tendremos que seguir esperando al salvador. “Tomb Raider” llega con la promesa de adaptar a la arqueóloga a los nuevos tiempos, haciendo olvidar la imagen estereotipada y misógina de las películas de Angelina Jolie. Sus bazas pasaban por recoger el legado de Crystal Dynamics y ampliar ese universo con una nueva historia. Y bien, su resultado es correcto, discreto, “entretenido”.

Lara Croft (Alicia Vikander) es una joven de 21 años que sobrevive como puede tras la desaparición de su afamado y millonario padre (Dominic West). La empresa familiar cuelga de un hilo por las negativas de la hija a hacerse con su control,  pero en el momento de la verdad, la chica anónima descubrirá lo que siempre soñó; el lado aventurero de su modelo a seguir. Tras el descubrimiento de una señal de vida del padre, Lara se embarcará en una misión de búsqueda y rescate que le llevará a la isla japonesa de Yamatai (esto me suena), un paraje peligroso que esconde un gran tesoro, y tras el que va la corporación Trinidad.

Uthaug nos da una señal de aviso nada más comenzar la película: esto no es el videojuego. Las distancias entre la historia de los títulos y esta Tomb Raider se hace rápidamente palpable. Así nos encontramos con una introducción ajena al mundo aventurero, más enfocado a lo urbanita, con una trama que intenta presentarnos a esta chica desconocida. Se agradece el esfuerzo del director por encontrar su espacio, pero ni los personajes secundarios, ni el ritmo, aportan nada de valor al conjunto. Este arranque lento y parsimonioso por suerte empieza a levantar el vuelo tras la llegada de Lu Ren (Daniel Wu), y la presentación del plato principal. Aquí es cuando ambas obras se aproximan, y cuando todo comienza a venirse abajo.

La sensación de “esto ya lo he visto” es constante durante casi todo el metraje, y las soluciones que propone Uthaug para brillar resultan anodinas. Esquemas manidos, un villano poco inspirado que ni Walter Goggins consigue enmendar, y muchas casualidades e incoherencias. “Tomb Raider” se presenta como un blockbuster fuera de su tiempo, una película entretenida para toda la familia que no sorprende ni lo intenta. ¿Cómo se explica sino las comparaciones constantes con los videojuegos? Crystal Dynamics supo entender lo que significaba el nombre de Lara Croft, y creó una obra donde los valores humanos se convertían en protagonistas. Aquí la única protagonista es Alicia Vikander -volvemos a los secundarios que parecen extras- y menos mal, porque la actriz se echa a los hombros este pesado saco y lo consigue sacar adelante con ímpetu.

Pero no todo es negativo, no podía serlo con esta franquicia detrás. Las similitudes entre algunas escenas de acción y los juegos llega a asustar. Saltos imposibles, golpes y caídas mortales… Todo el CGI está volcado en esta misión, y el resultado es más que sobresaliente. Sí el objetivo era que los fans de la nueva Lara se deleitaran, el estudio puede estar satisfecho. No obstante, se olvida que esto es cine, y ciertas cosas no terminan de encajar. Tanto es así que el exceso de efectos especiales llegan a generar cansancio, e incluso rompe la inmersión en los momentos más álgidos. Dejando de lado que las escenas más importantes ya las habíamos visto en los tráileres, su resolución es más que decepcionante. La imaginación brilla por su ausencia con una propuesta manida y unas cámaras lentas que ya no se entienden en el cine actual ¿Impactan? Por supuesto, pero quedan descolgadas de todo lo demás.

En definitiva, “Tomb Raider” es muchas cosas, pero no lo que debería haber sido. Disolver la pastilla feminista en un caldo comercial de hace una década no le ha salido bien a Warner Bros., y es una lástima. Es intolerable que una heroína llamada a representar a toda una generación de jugadoras, quede plasmada como una máquina de recibir golpes que se encaja en un esquema cien veces ya contado. La película es “entretenida”, pero lo es tanto como olvidable. No se puede hablar de fracaso, pero sí de decepción, una muy grande. Por suerte la Lara de verdad ya está de camino, y quizás logre sobrescribir este tropiezo.





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