La prehistoria de Dragon Ball: Homenaje a los 63 años de Akira Toriyama

El dibujante cumple años acrecentando su gigantesco legado

La prehistoria de Dragon Ball: Homenaje a los 63 años de Akira Toriyama
 
 

Cuatro décadas de carrera dan para muchas historias, y sobre todo para muchos mitos y leyendas. Pocas personas logran trascender el curso de la historia y menos aún ganarse el afecto de millones de seguidores. Y es que desde que en 1978 comenzó a dejar sus migas de pan, Akira Toriyama se ha ido convirtiendo en el dibujante de manga más influyente de las últimas décadas.  Fan de Godzilla, Star Wars, y Osamu Tezuka, la figura del mangaka siempre ha estado rodeada de misterio y secretismo.  Hoy Toriyama cumple nada más y nada menos que 63 años, y por eso desde Areajugones queremos hacer un repaso a su vida, para entender los inicios de su carrera, y las bases de lo que sería “Dragon Ball”. Uno que todavía promete regalarnos muchas sorpresas.

Akira Toriyama nació el 5 de abril de 1955 en la prefectura de Aichi, muy cerca de Nagoya. Desde pequeño siempre se mostró muy tímido y retraído. La personalidad del pequeño Akira le hacía tener un círculo de amigos muy cerrado y huir de las grandes aglomeraciones, y especialmente las cámaras (esto explica el por qué huye de todas las entrevistas y la prensa). En la actualidad está casado con Yoshimi Toriyama con quien comparte felizmente una hija y un hijo. Aunque parezca mentira, su sueño nunca pasó por convertirse en un gran dibujante de manga. De hecho sus gustos iban desde los videojuegos, los bolos, e incluso las maquetas. No hace falta mencionar la obsesión que siente por cualquier tipo de automóvil – todo recordamos ese episodio de “Dragon Ball” con el examen de conducir- y las reproducciones de armas, muy presentes en todas sus obras.

Toriyama durante su juventud

En cuanto a influencias, Toriyama tenía en un pedestal a Godzilla, y no escondía su pasión por Star Wars, franquicia que por entonces comenzaba a dar sus primeros pasos en el cine. Le encantan los documentales, y siente un gran respeto por la naturaleza y los animales -cosa que es palpable en todo momento en sus historias.  A pesar de que en 1974 se matriculó en Diseño Publicitario, el dibujo siempre fue el pilar de su vida. Era un gran fan de Walt Disney, y guardaba mucho respeto por Osamu Tezuka, autor del mítico “Astro Boy”.  Todo ello le ayudó en el trabajo que conseguiría sin mucho esfuerzo en una empresa de publicidad de Nagoya. Allí se dedicaba a dibujar carteles publicitarios, y a crear propaganda, pero algo nunca terminó de encajarle. Se sentía atado y no disfrutaba con lo que hacía. Por eso, tras tres años de roces con sus jefes y una desgana palpable, terminó dejando su trabajo para intentar ganarse la vida con lo que en realidad en su corazón siempre había querido hacer: dibujar.

Con cierta experiencia en guiones y en el sector creativo del marketing, Toriyama se lanzó a la calle para intentar encontrar un hueco en la floreciente industria del manga.  En aquella época se dedicó a recorrer los distintos estudios de Japón con sus bocetos, y a participar en concursos sin muy buenos resultados. Su carta de presentación eran una historia corta llamada “Awawa World”, y una versión paródica de Star Wars, llamada “Mysterious Ran Jack”. Esta última logró llamar la atención de Kazuhiko Torishima, editor de Shueisha, que no dudaría en darle una oportunidad en una de las publicaciones más prestigiosas del país: Shonen Jump.

Mysterous Rain Jack aglutinaba todas las pasiones de Toriyama y las volcaba en un universo muy galáctico.

En 1978 Torishima decidió incluir entre las páginas de la revista una pequeña historia creada por Toriyama llamada “Wonder Island”, y gracias a su éxito, no tardó en convertirse en un habitual cada semana. Durante este periodo es cuando se puede apreciar el estilo más fluido del mangaka, sin presiones, y con una libertad creativa destacable. Al ciclo de historias de la publicación le seguiría “Pola & Roid”, el primer manga con el que ganaría en 1981 su primer premio otorgado por el público. Este concurso organizado por la editorial Shōgakukan, incluía un viaje a Suiza, gracias al cual el artista pudo hacer su primera y única visita a Europa. Pero gracias a ello,  su imaginación fue nutriéndose de todo tipo de referencias; animales, culturas, paisajes extravagantes, este periodo de su carrera serviría para asentar las bases de lo que no tardaría en ser un verdadero imperio.

En 1980 decidió serializar su primera historia larga en manga. Se llamaba “Doctor Slump”, y venía acompañado de una curiosa niña robot llamada Arale. Su creador, el científico Sembe Normaki,  puso en aquella criatura de pelo morado todas las influencias y experiencias de Toriyama. El manga resultaba ser una versión cómica de Astro Boy, y Villa Pingüino representaba la mezcolanza de influencias que tenía el dibujante en su cabeza. El monstruo de Frankestein, Parzan y su mono, o el reconocible Suppaman quedaron grabados para siempre en la memoria de todos los fans.  “Doctor Slump” estuvo en publicación de enero de 1980 a agosto de 1984, y entre medias, en 1981, se convirtió en anime para Fuji TV. Esta última terminó teniendo 243 episodios, y su éxito obligó a Toei Animation ha tener que inventar historias originales para ella, logrando prolongar su emisión hasta febrero de 1986.

El anime de Arale y compañía terminaría quedándose sin material años después del inicio de su emisión.

Dos años antes, tras terminar de dibujar a Arale, Toriyama había empezado a dar vida a un nuevo universo conocido primero como “Dragon Boy”, y posteriormente como “Dragon Ball”. Fue Shonen Jump la que decidió publicar, en el número 51 de la revista, esta historia que nacía como una obra sin pretensiones y acorde al tono que tenía la publicación. Sin embargo, todos los lectores que habían quedado prendados por “Doctor Slump”, no dudaron en darle una oportunidad al joven Goku y su aventura en busca de las Bolas de Dragón.  “Dragon Ball” estaría en publicación desde ese año hasta junio de 1995, e iniciaría una leyenda conocida por todos, y que merece homenaje aparte. ¡Gracias por todo Akira!





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