Crítica de Mob Psycho 100: Fidelidad de serie b

Netflix firma una adaptación que no aporta nada al anime, y que se pierde en un nivel de producción vergonzoso

Crítica de Mob Psycho 100: Fidelidad de serie b
 

El anime tiene su propio lenguaje, sus gestos, y su forma de transmitir mensajes. Algo que por muchos esfuerzos nunca podrá ser traducido a otro formato sin perder esencia. Sin embargo, con la expansión de esta industria durante los últimos años, para muchos estudio se hace complicado no hincar el diente en alguna de esta jugosas licencias. “Dragon Ball”, “Ghost in the Shell”, “Death Note”, “Fullmetal Alchemist” son solo algunas de las franquicias que han tenido que sufrir las malogradas adaptaciones a live-action, creando un consecuente ambiente de negatividad y escepticismo entre los fans. Para Netflix, que pretende estrenar 400 producciones originales de aquí a finales de año, nada de eso ha importado para poner a “Mob Psycho 100” en un compromiso.

“Raro”. Esa es la única palabra con la que se puede definir esta interpretación de la obra de One, que traslada con fidelidad las bromas y escenas originales, pero pierde algo por el camino. Reiko Yoshida, guionista de películas como “Digimon Adventure”, “A Silent Voice”, o “Haru en el reino de los gatos”, firma una serie que no deja mucho espacio para la creatividad. Y es que aunque en la mayoría de ocasiones los live-action suelen pecar de tramas inventadas, y soluciones narrativas torpes, “Mob Psycho 100” puede decirse que es una traslación casi literal -adaptada a la duración más corta de la temporada- del anime. Netflix y TV Tokyo han escuchado a los fans respetando el material, pero fallando tanto en nivel de producción como en la traslación de sensaciones.


“Mob Psycho 100” se estrenó el pasado enero en Netflix Japón y llega hoy a España

Shigeo Kageyama es un chico de secundaria media, apodado Mob -traducido como “personaje de fondo”- por carecer de un sentido de presencia. Su apariencia es la de una persona discreta, pero en realidad es un poderoso Esper. A medida que crece, Mob se da cuenta de que sus poderes psíquicos se están fortaleciendo y volviéndose más peligrosos. Para evitar que su poder se salga de control, vive constantemente una vida bajo un grillete emocional, asistido por la ayuda de Arataka Reigen, un fraudulento espiritista que cumple el papel paternal. Mob quiere vivir una vida normal como las otras personas , pero sus valores terminarán chocando con una sociedad que se quiere aprovechar de él, y que terminará sepultada bajo su ira contenida.

“Mob Psycho 100” es conocido por mezclar de manera sobresaliente el humor y las escenas de acción. Ambas cosas desaparecen en el momento en que la animación propia del medio se pierde en detrimento de unos valores de producción paupérrimos. Entiendo que el presupuesto de este tipo de adaptaciones no es muy abultado, pero creo que la resolución de muchas escenas podría haberse dado de otra forma.  Aspectos como la fotografía sin gracia, la sangre sacada de un bote de Kétchup, o los efectos de sonido extraídos del cine de los años 80, no ayudan a generar inmersión. Las comparaciones en este caso son casi obligadas, y es imposible no derramar una lágrima cuando Shigeo utiliza sus poderes psíquicos y los enemigos salen volando de manera anticlimática y torpe.

 

Tres cuartos de lo mismo sucede con las actuaciones de determinados personajes. El esfuerzo puesto en el casting tanto para el protagonista como para su hermano Ritsu, se ve enturbiado por otros actores secundarios insoportables. Shigeo es más alto y grande que en la versión original, pero tanto sus gestos como su voz están muy bien conseguidas, y su interacción con los demás resulta muy creíble.  Sin embargo, esta personalidad que en la obra original da tanto juego para las bromas, aquí no funciona. Los gags de Arataka Reigen son más escapes de los guionistas para relajar la tensión y hacer avanzar la trama, que intentos de crear comedia. No se entiende cómo la serie intenta trasladar, incluso copiando las líneas de diálogo, estos momentos sin adaptarlos al medio.

Por suerte para el estafador, y para la gran mayoría de personajes, en esta ocasión no se busca imitar los gestos y posturas exageradas del anime. Todos se muestran más o menos de forma comedida salvo Tome, la presidenta del club de telepatía que deja una actuación increíblemente exagerada, e interrumpe el ritmo constantemente. Bien es cierto que en la historia original esta chica ya era histriónica, pero  se podía haber trabajado de otra forma su adaptación. Con ella además la serie se toma la libertad de incluirla en momentos en los que originalmente no estaba, y fusionarla con Ichi Mezato, la compañera periodista de Mob.




Misma libertad encontramos en el club de musculación, uno de los puntos más graciosos del anime que aquí palidece con escenas muy forzadas y sin chispa. La elección de los actores no es muy afortunada -la corpulencia de los personajes originales se reduce a tres chicos que quieren despuntar físicamente, pero no lo logran- y las secuencias de peleas donde deberían brillar son ejecutadas de la forma más barata. Golpes que claramente no impactan, caídas amortiguadas, y en general una sensación de película de serie b que desentona con algunos efectos especiales más trabajados. No obstante, lo que falla a nivel de producción, se compensa con el guion.

Nos encontramos ante el live-action más fiel hasta la fecha. Pese a su corta duración respecto al anime, la serie logra contar la historia sin parches extraños. Existen personajes inventados, sí, pero más de tres tercios de la trama son calcos de la obra original. Mob sigue doblando la cuchara de su padre mientras comen, la secta de Hoyuelo es -salvando el recorte del gag de la leche- idéntica, y los villanos de Garra son igual de villanos. Todo esto nos pone ante una serie de bulto, nacida sin propósito alguno. La sensación de estar viendo algo sin gracia ni sentido es constante a lo largo de los 12 episodios ¿qué sentido tiene ver un final ya conocido sin ninguna variación?

Con todos estos peros, “Mob Psycho 100” sigue entreteniendo. El alma de One es tan fuerte que ni con ciertos lastres deja de ser interesante. Bien es cierto que no llega, ni sueña, con la comedia del anime, pero es una adaptación que entiende lo que es sin forzarse. ¿Merece la pena? Su poca innovación a la hora de trasladarse al lenguaje del medio la convierten en una propuesta sin ningún tipo de valor añadido. Si eres un seguidor del anime y el manga, aquí no vas a encontrar absolutamente nada interesante, y si es la primera vez que entras en contacto con Shigeo, tienes uno de los mejores animes de los últimos años esperando a ser disfrutado. El live-action es un género complicado, y Netflix ha sabido navegar en un mar turbulento sin hundirse del todo.


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