Crítica de Ant-Man y la Avispa: Menos siempre es más

Ant-Man y la Avispa

Crítica de Ant-Man y la Avispa: Menos siempre es más

Reed fragua una comedia romántica al uso que perfecciona todo lo visto en la primera entrega y consigue soportar el peso del crossover

Crítica de Ant-Man y la Avispa: Menos siempre es más
 

De la película más grande y espectacular de todo el estudio, a la secuela de la más modesta. “Ant-Man y la Avispa” llega no solo con la presión de tener que mejorar lo visto en la primera entrega, sino además con el deber de enlazar narrativamente el final de “Vengadores: Infinity War” con el desenlace del año que viene. Esto último podría haber condicionado toda la película, pero aunque Peyton Reed era consciente de que mucha gente acudía al cine para saber más al respecto, no ha cedido ni un palmo de su propia obra. La película debía responder a unas preguntas distintas directamente relacionadas con el protagonista, manteniendo el estilo afable de su presentación, y perfilando algunos aspectos que fallaban. ¿Lo consigue?

Marvel ha demostrado saber manejar grandes presupuestos creando producciones mastodónticas de mucha calidad, pero al mismo tiempo ha entendido el funcionamiento de la fórmula. Con “Ant-Man” el estudio se arriesgó invirtiendo el presupuesto más bajo de todo el UCM, y la estrategia le funcionó. Se desconoce cuáles han sido los medios monetarios de la secuela, pero manteniendo el mismo estilo –sin grandes efectos especiales ni malabares visuales- Reed da a luz a una de las mejores continuaciones de todo el universo cinematográfico. Se olvida de cumplir expectativas, y se centra en sacar sobresaliente en sus propias materias.


Esta crítica NO contiene spoilers

Han pasado dos años desde que los héroes del mundo se dividieran por los acuerdos de Sokovia, y Scott Lang ha estado pagando desde entonces sus actos. El diminuto miembro de Los Vengadores fue uno de los perdedores en la contienda, y se vio abogado a someterse a la justicia acatando una dura sentencia. Ahora, a poco menos de una semana para terminar con su arresto domiciliario, su vida vuelve a sufrir un giro. Se ha convertido en un padre ejemplar, y parece que las cosas le van bien en el negocio, pero un sueño extraño lo cambiará todo. Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) y su padre Hank Pym (Michael Douglas) han conseguido abrir un portal hacia el mundo cuántico para rescatar a la avispa original, y al hacerlo han sincronizado la mente de Scott con la de ella. A pesar de todos los rencores ahora ambas partes vuelven a necesitarse, y de su relación nacerá un viaje trepidante.

Tras el ajetreo de “Infinity War”, volver a vivir una historia más contenida y modesta puede resultar chocante durante los primeros minutos, pero es precisamente durante el primer acto donde la película arroja todo lo que tiene para atraparte. “Ant-Man y la Avispa” es consciente de su condición, y por eso opta por tomarse las cosas con calma, y no precipitar la acción. Lo importante aquí es la evolución que ha sufrido Scott desde “Civil War”, y la narración acompaña a esta construcción lenta pero constante del padre de familia. Sin embargo, el ritmo comienza a ganar velocidad a partir de la llegada de la Avispa a la trama, y desde ahí la tensión va creciendo hasta un clímax muy bien ejecutado.

¡Eh, estoy aquí!

Peyton Reed vuelve a recurrir al esquema que ya le funcionó en la primera ocasión, y lo perfecciona mejorando los diálogos y aumentando la espectacularidad de las escenas de acción. Siguiendo los elementos de esta saga, la secuela mantiene el tono familiar, los chistes sencillos pero efectivos, y la relación romántica entre los protagonistas. El ascenso de Lilly a co-protagonista es uno de los mayores aciertos. La actriz consigue suplir las carencias de Rudd y aporta un toque de frescura que ayuda a dinamitar la propia historia. Esto se siente tanto en los encuentros que tiene con Lang, como en las secuencias de combates, donde Marvel vuelve a plasmar su veteranía sacando el máximo provecho a la pareja. Los cambios constantes de tamaño son un acierto que llegaba heredado, pero su perfeccionamiento es elogiable.

Donde comienza a encontrar problemas Reed es en los antagonistas. Sabíamos por la primera entrega que “Ant-Man y la Avispa” estaría centrada en el viaje de rescate de la Avispa original, y eso ciertamente termina condicionando a toda la película. Hay villanos sí, pero demasiados y ninguno lo suficientemente memorable. La introducción de Fantasma (Hannah John-Kamen) parecía que aportaría un reto más que interesante para los protagonistas, pero quizás por su falta de carácter, o por las débiles motivaciones con las que cuenta, no consigue despuntar. Sus momentos con los cambios de fase son muy vistosos, pero objetivamente no cumple otro papel más que el de estorbar. Lo mismo le sucede al FBI –representado con todos los clichés existentes-, y una tercera facción de traficantes sacada de la manga  cuyo única función en la trama es la de servir como china en el zapato.

Fantasma en una de sus contadas escenas

A todos y cada uno de ellos les termina por pesar demasiado el tono cómico de la película. Los gags y momentos divertidos funcionan muy bien cuando se producen entre los protagonistas o el grupo de Luis (Michael Peña) y compañía -ligeramente cargantes pero igual de efectivos-, sin embargo, inexplicablemente también encontramos situaciones así entre los antagonistas. ¿Qué respeto puede infundir un villano que es ninguneado o que no para de hacer bromas? Esto es especialmente sangrante con Jimmy Woo (Randall Park), personaje que nunca es tomado en serio y que queda retratado como una líder sin liderazgo. El planteamiento de comedia romántica que tanto perseguía Reed se logra, pero eso obliga a que los enemigos sean amigos, y a que los amigos sean chistes.

Con todo ello ni siquiera este desequilibrio es capaz de restar tensión a la trama principal. El viaje de rescate al mundo cuántico era una idea simple, pero es ejecutada con pulso e inteligencia. Las constantes interrupciones que sufren los protagonistas para poner en marcha la máquina que les permite viajar a esta dimensión, ayuda a que el momento se vaya dilatando en el tiempo, y vaya ganando en intensidad. Cuando llega, es tan emotivo y climático como cabría esperar.  En ese sentido “Ant-Man y la Avispa” no engaña. Todo lo que promete lo cumple con nota, y aunque no posee ningún gran giro ni evento inesperado, sabe satisfacer las expectativas que tenía acorde a su propia saga.

Dúo dinámico y dinamitado

Marvel ha vuelto a dar con la tecla. Esta película era justamente lo que necesitaba el universo cinematográfico. Con un año por delante lleno de despedidas y lágrimas, y tras haber saltado al vacío hace unas pocas semanas, “Ant-Man y la Avispa” llega como el respiro placentero que requería el universo de los héroes. Eso no significa que el estudio se haya relajado; los efectos especiales son realmente espectaculares, la banda sonora es tímida pero cumplidora, y la trama empuja al protagonista hasta el punto que precisaba de cara a su importante papel en el futuro. Un pequeño pero importante trámite que con su escena post-créditos, sirve de transición veraniega hacia lo que todos están esperando. Contar una historia familiar y al mismo tiempo trascendente es posible siempre que el diminuto héroe siga haciendo grande cosas.


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