Crítica del episodio 2 de Heridas abiertas: La culpa permea la piel

Heridas abiertas

Crítica del episodio 2 de Heridas abiertas: La culpa permea la piel

La investigación sobre el asesinato de Natalie Keen deja al aire las costuras de una comunidad sumida en el miedo

Crítica del episodio 2 de Heridas abiertas: La culpa permea la piel
 

El misterio de Wind Gap se hace tan intenso que comienza a fragmentar la estabilidad emocional de todos sus habitantes. “Heridas abiertas” se estrenó la semana pasada con una carta de intenciones clara, y un lenguaje reconocible para todos aquellos seguidores de “Big Little Lies”. La desidia y soledad de Camille Preaker se sentía en cada uno de los planos, una situación aprovechada hasta última instancia por Marti Noxon, quien valiéndose de la propia naturaleza de la protagonista, planteaba una deconstrucción de su mente. Y eso era precisamente lo que ofrecía “Desvanecerse”, el primer episodio del viaje hacia el miedo del pueblo sureño, pero también hacia la oscuridad nunca curada de la familia Preaker.

Con este turbio e interesante punto de partida, “Heridas abiertas” ahora comienza a andar a paso firme pero sin perder de vista lo construido. Una premisa con tantas capas requiere de una buena dirección, y en ese sentido la serie no debería encontrar mayores problemas.  Así pasamos de la confrontación, al arrepentimiento y la culpa. En “Sucia”, segundo episodio, Amy Adams deja de lado el amor propio y se lanza a una flagelación física  y psicológica constante. El asesinato de Natalie Keen obliga ahora a la reportera a indagar más en la comunidad de Wind Gap, pero eso al mismo tiempo la va quemando por dentro.

Esta crítica contiene spoilers del episodio, por lo que te recomendamos verlo antes de seguir leyendo.


¿Cómo podría empeorar una investigación con dos niñas asesinadas? El último episodio cerraba con la impactante muerte de la pequeña de la familia Keen, y esta vez sucedía con la propia Camille presente en el pueblo. Eso la permite observar con sus propios ojos el escenario, y comenzar vislumbrar comportamientos sospechosos. El funeral de Natalie sirve de patio de recreo para la protagonista, quien no duda en valerse de la situación para tomar nota sobre cualquier gesto, mirada, o lágrima derramada. Este evento sin embargo saca a la luz de nuevo el enfrentamiento que mantiene Camille con su madre Adora. Ambas unidas por el mismo suceso trágico, encuentran en la despedida de la joven Keen una catarsis para sus propios recuerdos.

El tira y afloja entre madre e hija es constante, y sirve en la mayoría de casos para desarrollar la relación entre ambas, pero también para poner en contexto el dolor que convive dentro de la mansión Preeker. Ese malestar encuentra un hilo conductor en la creciente tensión que se está gestando en el pueblo. Miradas sospechosas, malas caras, y actitudes recelosas comienzan a aflorar entre todos los habitantes. Wind Gap se ha convertido en una pista en la que ahora varios corredores intentan llevarse el mérito intentando descubrir quién es el responsable detrás de los asesinatos. Aunque Adams sigue siendo el pilar en el que se sustenta toda la serie, poco a poco Valle va abriendo el foco de mira hacia el resto de corredores. La reportera continúa con la elaboración de su reportaje, pero al mismo tiempo el detective Richard, y el agente Vickery llevan a cabo sus propias deducciones.

La tradición rezuma por todos sus poros, y no podría ser más desagradable

Tensión es lo único que encuentra Camille en el pueblo, un lugar del que rehuye siempre que puede buscando protección en su propio hogar. Sin embargo la majestuosa mansión de los Preeker hace tiempo que dejó de ser el refugio seguro que ella recordaba. En el momento que pone un pie allí, sus recuerdos se disparan. “Heridas abiertas” funciona bien cuando se las da de “True Detective”, pero también se maneja con soltura en su faceta más personal. El domicilio de la protagonista es un reguero de flashbacks y mensajes indirectos que buscan ahondar en su atormentada alma. En cualquier otra situación el uso repetido de este recurso podría terminar hastiando, pero la serie sabe valerse de estos momentos para dar pinceladas importantes sobre la personalidad de Camille. Y es ahí donde esta semana cobra sentido el título del episodio.

La reportera cosmopolita que viene de ciudad es un cúmulo de arrepentimientos y culpabilidad. Durante años ha ido acumulando el peso de lo que sucedió cuando falleció Amma debido al trato que por aquel entonces recibía de su madre. Los rasguños en su piel son una vía de escape para cada uno de esos momentos en los que no encuentra otra salida para sus sentimientos. Esta práctica de hecho es reiterativa a lo largo del episodio, no solo en la piel de Camille, en la que se puede leer la palabra “sucia”, situada en el vientre, sino también en el propio coche que utiliza. En el primer episodio ya se pudieron ver algunos términos simbólicos sobre lo que estaba sucediendo, y en esta ocasión se repite.

Un cuerpo marcado por toda la culpa de los últimos años

“Asustada”, “sagrada”, o “mentirosa” son otras de las palabras que aparecen a lo largo del episodio. Esta última haciendo además referencia al fragmento amarillista que incluye la reportera en el artículo que está redactando. A pesar de ir en contra de su propio sistema de valores, termina dejándose llevar por su jefe porque poco a poco se está dando cuenta de su verdadero papel en todo esto. Frank Curry la envió allí con la excusa del reportaje, pero en realidad solo la estaba empujando a que enfrentara sus miedos. Algo que poco ha poco está logrando, aunque sin conocer del todo cuáles serán las consecuencias.

Mientras se va tejiendo esa intrincada red de relaciones y sentimientos, la historia principal sigue avanzando. La investigación de Richard le lleva a concluir que el asesino es un hombre, mientras que Camille tiene más suerte y termina dando con la pista de “la mujer de blanco”. La supuestamente responsable del rapto inicial de Natalie, según Jon Capisi, el hijo de una toxicómana del pueblo. Sus circunstancias socioeconómicas y la presión sobre la investigación habían empujado a Vickery a obviar esta importante pista, pero parece que libre de ataduras la reportera sí será capaz de sacar algo de ahí. “Heridas abiertas” no sorprende en su segundo episodio, pero da un paso más hacia lo que promete ser un clímax inesperado.


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