Primeras impresiones jugables de Super Mario Party para Nintendo Switch

Super Mario Party

Nintendo Switch
9

Increíble

Primeras impresiones jugables de Super Mario Party para Nintendo Switch

La saga da un salto al vacío con la entrega más arriesgada de los últimos 20 años

Primeras impresiones jugables de Super Mario Party para Nintendo Switch
 

¿Para qué cambiar una fórmula que funciona? Nintendo consiguió dar con la tecla a finales de los años 90, y desde entonces se había dedicado a perfeccionar la receta perfeccionando los gráficos, añadiendo nuevos modos de juego, y ampliando el plantel de personajes. Sin embargo algo comenzaba a perder fuerza durante las últimas entregas. La franquicia necesitaba dar un salto lo suficientemente amplio como para entrar en la corriente de innovación que proponía la Nintendo Switch. No bastaba con repetir la misma estrategia, si querían asegurar un futuro estable para la saga, debían arriesgar. Y aunque la gran N no ha sido especialmente aplaudida por ser el adalid de la novedad en los últimos años, con Super Mario Party la compañía dará un golpe en la mesa.

Las intenciones están claras desde incluso el propio nombre del juego. Por primera vez en dos décadas, la numeración de la línea principal de juegos se pierde en favor de un título que busca distanciarse sin perder la esencia del juego como “fiesta”. El próximo octubre la última consola de Nintendo recibirá la entrega más ambiciosa y engrasada de toda la saga. Un título que comienza el edificio desde la planta cero, desde el mismo suelo, y propone una experiencia con reminiscencias, pero intenciones de distintos colores. Nosotros ya hemos podido probar el juego durante varias horas, y aquí os traemos un resumen de todo lo que el fontanero y sus amigos hacen bien en este nuevo tablero de juego.

Nintendo llega a esta entrega con ganas de arriesgar y poner sobre la mesa cosas nuevas. A diferencia de Mario Party 10, y los últimos juegos, Super Mario Party no presenta un catálogo ampliado de minijuegos. La primera sorpresa nos la encontramos cuando se nos presenta un abanico de 80 minijuegos completamente nuevos. Todos y cada uno de ellos mantienen el espíritu y algunas de las mecánicas que ya habíamos visto en el pasado, pero al mismo tiempo suponen una experiencia nunca antes vivida en la franquicia.  La disposición de las mismas es completamente aleatoria, y mientras que en unas tendremos que enfrentarnos nosotros solos al resto de compañeros, en otras formaremos equipos para alcanzar una meta determinada. De nuevo no es el qué –la base es la misma-, sino el cómo el juego ejecuta estos conceptos.

Aunque resultaría casi imposible nombrar todos los que nosotros pudimos probar durante nuestra sesión, algunos de ellos funcionaban reinventando juegos de memorización, coordinación, o reflejos. Para darles forma Nintendo sigue recurriendo a sus poderosas franquicias y a una estética tan colorida como la presente en el resto de sus sagas. Los escenarios varían desde entornos acuáticos o costeros, a boscosos, nevados, helados, o incluso urbanitas. El juego cuenta con la variedad suficiente de mecánicas como para desterrar la sensación de repetición al menos durante varias decenas de horas, y como novedad inherente a Nintendo Switch, algunos minijuegos aprovechan las funcionalidades de los Joy-Con; ya sea soplando, o moviéndolos vía giroscopio.

De vuelta al tablero

Vuelve el tablero, las casillas de colores, y los dados especiales. Super Mario Party cuenta con más de 6 modos de juego, entre los que se encuentran algunos clásicos, y otros completamente nuevos. No podemos enumerar cada uno de ellos puesto que no pudimos echarle el guante a todos, pero sí podemos hablar de tres; el Modo Party clásico, la Habitación de Recreo de Toad, y el Torrente de Aventuras. El primero de ellos es el único que llega de anteriores entregas, pero lo hace como todo en este título, de forma perfeccionada. Y es que aunque volvemos al tablero de siempre y los eventos que se dan en él son recurrentes en la franquicia, el ritmo de las partidas se siente más constante y entretenido que en la entrega de 2015.

El objetivo vuelve a ser el de conseguir el mayor número de estrellas antes de que se acaben las rondas –a seleccionar-, y acumular el máximo de monedas para poder comprarlas, o en caso de empate, poder ganar por diferencia. Nuestra partida se desarrolló en el tablero Paraíso Megafrutal; un conjunto de cuatro islas conectadas entre sí por tuberías y puentes. Para movernos por ellas contamos con el dado tradicional que va del 1 al 6, y también con un dado especial que varía en función del personaje. Dependiendo del carácter del mismo, nuestro dado tendrá un efecto más agresivo y arriesgado, o uno más conservador. De esta manera Mario cuenta con la posibilidad de lanzar un dado que sustituye el 1 y el 2 por dos 4, y Bowser tiene la oportunidad de sacar un 10, pero al mismo tiempo posee más probabilidades de sacar un 1 o incluso de perder monedas.

 

Hay tantos dados especiales como personajes disponibles –además de la opción de que aparezca un personaje invitado y te preste el suyo-, y aunque no pudimos conocer el número total del plantel, sí tuvimos la oportunidad de jugar con Mario, Wario, Bowser y Daisy. Todos ellos comparten el mismo objetivo; alcanzar la casilla con la estrella y comprarla por las 10 monedas que vale. La posición de este objeto va variando por todo el tablero cada cierto turno, haciendo que la estrategia sea fundamental en muchos casos. Pero al final lo único que importa es ganar el mayor número de minijuegos posibles para poder acumular más monedas que el resto. ¿Cómo? Cayendo en la casilla del color adecuado, ya que también podemos toparnos con castigos muy perjudiciales –vuelta a la línea de salida, pérdida de monedas-. Son los objetos que conseguimos en distintos puntos del mapa los que rompen la distancia entre jugadores y aportan más dinamismo a las partidas.

Catarata de emociones

Buscando esa sensación de dinamismo y fiesta, los chicos de Nintendo han pensado en una solución para sacar partido al propio concepto del juego. El modo se llama Torrente de aventuras, y es con diferencia el apartado de este Super Mario Party que más nos ha sorprendido. Cambiamos el tablero por una balsa, y los dados por unos remos. La progresión de la partida pasa a ser lineal, y la competitividad de los jugadores queda a un lado, para cooperar y remar en la misma dirección. El objetivo es el de hacer uso de un Joy-Con para mover el remo de tu jugador mientras intentas dirigir la balsa por donde quieres en un río que corre a gran velocidad. La meta se encuentra tras varias bifurcaciones en las que nos encontraremos eventos distintos, y muchas, muchas rocas.

El título aquí nos obliga a decidir constantemente, a obligarnos a trabajar en equipo para coordinar los movimientos y así evitar chocarnos con los obstáculos. El handicap principal sin embargo no es simplemente perder el ritmo, sino llegar hasta el final antes de que se acabe el tiempo. Sí, estamos ante una prueba contrarreloj que aunque otorga tiempo más que de sobra para superarla, cuenta con ese elemento de superación y tensión de este tipo de juegos. Durante el descenso nos encontramos con pequeños bonus con segundos extra, o congelación del contador, así como unos iconos con minijuegos. Estos últimos en vez de proporcionar monedas, como sucedía en el tablero, aquí otorgan tiempo. Lo complicado en muchas ocasiones es llegar hasta ellos; están detrás de rocas, en el aire tras un salto, o en zonas de pendiente con mucha velocidad.

Aunque a primera vista este modo da la sensación de ser poco rejugable, la idea de tener que elegir entre uno u otro camino constantemente consigue que cada partida sea única. No son pocas las opciones que se pueden tomar, y una vez terminada la partida podremos echar un vistazo a todo el mapa para comprobar qué zonas nos hemos dejado sin explorar. Torrente de aventuras es el ejemplo perfecto de cómo Nintendo ha querido ir un paso más allá con Super Mario Party, leyendo la fórmula de la saga desde una nueva perspectiva. Una filosofía que aplicada a las posibilidades que ya ofrece de por sí la propia Nintendo Switch, permite dar a luz a un modo de juego que se sale por completo de la corriente evolutiva de la franquicia.

Un cajón de sastre

El componente local de esta entrega cobra nuevo sentido en el modo Habitación de Recreo de Toad. Este, más que un modo en sí mismo, es un hub diferenciado del menú principal en el que podemos elegir distintos juegos enfocados más a la interactividad entre consolas, que a la competitividad. De entre todas las posibilidades que encontramos, nosotros pudimos probar dos minijuegos; el Banana Split, y el Shell Shocked Deluxe. Para jugar a estos y al resto de juegos, es necesario –por desgracia- contar con dos consolas en la misma sala. En esta ocasión Nintendo no ha apostado por la descarga como sí ocurre en otros títulos, forzando la posesión de una Nintendo Switch por jugador. Pero ¿cómo funciona?

La idea de este apartado es poder abandonar la pantalla de la televisión para poder sacarle partido al modo portátil de la consola. Sacamos los Joy-Con, y unimos la pantalla de cada consola entre sí, para dar lugar a distintas posibilidades. En el caso del Banana Split, lo que debemos hacer es unir las consolas para completar los plátanos que aparecen en pantalla. Contamos con un contador de tiempo, y varias de estas frutas amarillas seccionadas en cada consola. La mecánica consiste en ir girando las pantallas para encajarlas de la manera correcta y, con el dedo, trazar la forma completa del plátano haciendo puente entre ellas. Un juego sencillo que sin embargo es muy entretenido cuando se enfoca a la superación de marcas.

La complejidad aumenta cuando nos metemos de lleno en la guerra. Siguiendo el mismo concepto de unir consolas nos encontramos con Shell Shocked Deluxe, un World of Tanks de vista cenital en el que cuatro jugadores deben dispararse y cubrirse con los distintos muros del nivel. La magia de este minijuego radica en la posibilidad de crear el campo de batalla que queramos en función de qué plantilla seleccionemos, y de cómo unamos ambas pantallas. Aunque la resolución de cada partida siempre será la misma, el desarrollo es completamente único. Un concepto que no solo aparece aquí, sino en todos y cada uno de los apartados de Super Mario Party. La diferencia de este modo es que las partidas son más cortas, pensadas para jugarlas fuera de casa junto a un amigo.

Una fiesta renovada

Nintendo ha acumulado toda la experiencia adquirida durante años de desarrollo para crear la experiencia “party” definitiva. Los fans clásicos de la saga aquí encontrarán un salto cualitativo nunca antes visto en la saga, y los recién llegados podrán sacarle partido a todas las funcionalidades de sus nuevas consolas. Como un diamante que brilla a la luz del día, Super Mario Party consigue deslumbrar tan solo mostrando las primeras cartas de su baraja. No sabemos hasta donde llegará esta entrega, pero lo que es seguro es que marcará un punto de inflexión en los juegos cooperativos de la gran N.

Super Mario Party saldrá a la venta en exclusiva para Nintendo Switch el próximo 5 de octubre


Contenido relacionado