Crítica de Spider-Man: Un nuevo universo, la adaptación soñada

Chris Miller y Phil Lord regalan una oda a la imaginación y a las historias de los cómics

Crítica de Spider-Man: Un nuevo universo, la adaptación soñada
 

En un año en el que se debían presentar grandes superhéroes, y afianzar otros, la llegada sorpresa de Miles Morales cogido a muchos a contrapié. Sony cambiaba de bando tras acertar con la primera entrega de su nuevo universo arácnido, y se lanzaba a la animación con un proyecto que no tardó en llamar la atención. “Spider-Man: Un nuevo universo” se vendía como una historia sin Peter Parker, con lo que parecía un batiburrillo de personajes al azar, y un estilo artístico fuera de lo común. Elementos que cualquier estudio evitaría para la primera película de una nueva saga, y que sin embargo aquí terminan conformando uno de los productos más sólidos, frescos, y emocionantes de todo el año.

Tras quedarse tirados en medio del espacio, Chris Miller y Phil Lord se decidían a probar suerte en el mundo de los superhéroes sin terminar de abandonar sus señas cómicas de identidad.  Sony quería una cinta familiar, pero al mismo tiempo que estuviera al corriente de los gustos de la audiencia comiquera más veterana. Encontrar el equilibrio era complicado, pero a diferencia de “Venom”, aquí el estudio sí sabía lo que perseguía desde el principio; Trasladar las viñetas a la gran pantalla intentando mantener lo máximo posible la esencia del material original. Poner el piloto automático en el fondo, y desvivirse en la forma.

¿Lo consigue? ¿No lo consigue? Tras casi dos décadas de adaptaciones, la idea de ver al Trepamuros de nuevo en los cines ya no genera tanta expectación como antaño. Andrew Garfield ya pagó la factura de la trilogía de Raimi hace unos años, y Marvel pareció librarse del hastío con un cambio completo de rumbo. En este caso Sony aprende de la competencia, y se ciñe a imitar el acercamiento del medio a los cómics, al tiempo que introduce una veta de humor que da personalidad y cierta autonomía creativa a la adaptación. Peter Ramsey (“El origen de los guardianes”) y Bob Persichetti (“El gato con botas”)  se encargan de aplicar su experiencia en animación, mientras que Rodney Rothman (“Infiltrados en la universidad”) inyecta esa comedia blanda tan propia de Hollywood.

Miles Morales, un chico de 16 años latino que vive en Brooklyn se prepara para enfrentarse al reto más complicado de todo adolescente: el cambio de instituto. Su inteligencia le permiten entrar en una prestigiosa escuela, en la que sin embargo no tarda en destacar. Con un carácter chulesco, y su predisposición para desafiar constantemente a la autoridad que ve reflejada en su padre, Miles no consigue encajar en ese nuevo mundo. Sin escapatoria, el joven solo encuentra alivio en su tío Aaron, un adulto con espíritu de adolescente con el que comparte aficiones. Es entonces cuando todo en su vida parece comenzar a encajar, hasta que un invitado inesperado se cruza en su camino.

La picadura de una misteriosa araña mutante comienza a causar estragos en su día a día, y le sacan de su rutina como estudiante para meterlo de lleno en el mundo de los justicieros. Buscando respuestas a los cambios que está sufriendo su cuerpo, Miles se topa con una realidad inesperada que no tiene tiempo de rechazar. Todo poder conlleva una gran responsabilidad, y la de este chico será ocupar la vacante de defensor de la ciudad. Para conseguirlo no estará solo, y es que un experimento de Kingpin provocará una ruptura del espacio tiempo, haciendo confluir seis dimensiones distintas. De cada una de ellas saldrá un mentor que le servirá a Miles para encontrar por fin su lugar en el mundo.

La historia incide una y otra vez en la idea de que cada uno debe encontrar su lugar en el mundo.

El espectáculo estaba servido desde el momento en el que se decidió adaptar el “Spider-Verse”, uno de los periodos más confusos del arácnido en los cómics. La gran cantidad de personajes, saltos temporales, y villanos, ponían a “Spider-Man: Un nuevo universo” en una situación compleja desde el principio. Sin embargo, hacen falta tan solo 10 minutos de metraje para observar la gran labor de filtrado que han hecho Miller y Lord para  simplificar lo máximo posible la propuesta. Y es que, aunque tenemos nada más y nada menos que seis protagonistas distintos, cada uno de ellos está perfectamente dibujado, cuenta con su propia presentación, y tiene un papel específico en la trama. El tan temido relleno, propio de producciones saturadas de personajes, no está presente aquí.

Mientras Miles sirve de puente empático con el espectador, Peter cumple el papel de maestro. Un rol algo trillado ya en el género, al que los directores saben sacarle partido generando situaciones y escenas que permiten la comparación entre alumno y profesor. La meta de Miles es convertirse en un héroe, es decir, alcanzar lo que tiene Peter. Este ve su propia vida como un fracaso –divorciado, fuera de forma, sin propósitos-, pero a los ojos del joven es un modelo a seguir. De esta relación nacen casi todas las mejores conversaciones de la cinta, y permite saborear el cambio de rumbo pretendido por el estudio. Ahora bien, no todo depende exclusivamente de este pilar.

La versión treinteañera y la adolescente del héroe generan chispas cada vez que interactúan.

Si “Spider-Man: Un nuevo universo” es capaz de mantener un ritmo tan endiablado durante dos horas es gracias a la sobresaliente gestión que hace de los tiempos, y de las entradas y salidas de héroes. Cuando un personaje se agota, o una situación parece desembocar en un callejón sin salida, Miller y Lord siempre tienen bajo la manga un repuesto. Esta estrategia podría haber difuminado demasiado la trama, o haber generado inconsistencias en el resultado final, pero de nuevo aparecen los guionistas para salvar a le película del fuego. Tanto Gwen, como Spider-Man Noir, Spider-cerdo, y Peni Parker cuentan con personalidades profundas y complementarias que ayudan a dibujar ese tándem infranqueable del que la cinta extrae su moraleja principal.

Cualquiera puede ser un héroe, porque lo importante no es la máscara o el traje. Esta es una idea que se repite e lo largo de la película, y que se manifiesta a través de las distintas versiones del héroe. Cada uno con su propia cosmovisión, ayudan en cierto sentido a Miles a comprender que hay muchas maneras de encajar en el mundo, y que todas ellas son igual de válidas. “Spider-Man: Un nuevo universo” está cargada de valores positivos -amistad, esfuerzo, familia- que la convierten en una propuesta ideal para los más jóvenes. Para todos los que nos acercamos al personaje ya con un bagaje detrás, el estudio nos tiene preparado un derroche visual incontestable cargado de nostalgia bien medida.

Las trilogía de Raimi está presente a través de numerosas referencias.

Se podía haber optado por la animación en 3D clásica, o por algo más cercano al dibujo tradicional, pero el estudio sabía que necesitaba algo único para llamar la atención. ¿Cuál es la solución? Un punto artístico intermedio que no termina de ser ni una cosa ni la otra. Patrick O’Keefe, responsable del increíble universo de Dead Space, y Dean Gordon, partícipe de la magia de clásicos Disney como “La Sirenita” o “Aladdín”, confeccionan un estilo artístico nunca antes visto en la gran pantalla. Sí, es impactante, y sí, recuerda en muchos momentos a los cómics, pero también genera cierta barrera de entrada a la película durante los primeros minutos.

Cuesta algo acostumbrarse a ese delineado frenético y a los constantes cambios cromáticos, pero su increíble resultado termina enamorando por fuerza. La película es un valiente experimento visual que no duda en pasar de colores intensos a grises apagados en cuestión de segundos, y de incluir reiteradamente agresivos efectos visuales. Miller y Lord conectan directamente este recurso a la película, para ayudarse a diferenciar mejor las personalidades de cada uno de los personajes.

Así, Miles siempre aparece acompañado de morados y negros, mientras Peter lo hace de rojos y azules, Gwen de blancos y rosas, etc. La película exige esfuerzo por parte del espectador en cuanto a lo visual, pero lo sabe recompensar con decenas de referencias –tanto a las viñetas como a pasadas películas del personaje- que hacen del visionado una experiencia muy emocionante.

Las escenas de acción son constantes y a cada cual mejor que la anterior.

La conexión con el apartado artístico no se queda solamente en lo visual, sino que también se extiende a lo sonoro. Y es que aunque “Spider-Man: Un nuevo universo” consigue venderse tan solo con su apariencia, no podría subsistir sin banda sonora. Al igual que sucede con los colores, cada personaje también está atado a un género musical distinto. En este caso la conexión de Miles con el rap, el hip-hop, y el R&B es crucial para reflejar sus orígenes. Sony quiere grabar a fuego la diversidad de la cinta, y no duda en remarcar una y otra vez las raíces latinas de un protagonista alejado de los cánones de la Edad de Plata. Un héroe que suelta frases en castellano puntualmente, y que se siente muy alejado de todo lo que representa el stablishment y los WASP.

Por su forma y por su fondo, por todo el corazón que pone en sus personajes, y por el cariño que demuestra a los fans, “Spider-Man: Un nuevo universo” se gana la etiqueta de mejor película del superhéroe jamás creada. Y es que aunque Raimi creó su propio Trepamuros, y Garfield nos regaló una versión visualmente moderna de la historia, esta última versión es la que mejor capta todo lo que Seteve Ditko y Stan Lee depositaron en el núcleo del héroe. 16 años han tenido que pasar para que la araña sea honrada con una adaptación a la altura de su popularidad. Una cinta que navega entre todos los tropos del género, para arraigarse en lo más profundo del corazón.


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