tokyo ghoul: re

Tokyo Ghoul:re

Crítica del episodio 22 de Tokyo Ghoul: Re: Un mundo Ghoul

¿Podrán detener la peligrosa epidemia?

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Cuando parecía que Kaneki transformado en ciempiés gigante iba a ser el último gran desafío al que los principales personajes de “Tokyo Ghoul: Re” debían enfrentar, el anime de la mano de Studio Pierrot nos deja con una nueva sorpresa argumental: la transformación de Kaneki solo fue un paso más dentro de los ambiciosos planes de Furuta, y no el objetivo final de los mismos. Esto y más es lo que nos revela el capítulo 21 de “Tokyo Ghoul: Re”.

Enlazando con la pequeña presentación, volvemos a la realidad esperada: Furuta nunca se marchó definitivamente. A pesar de que la mencionada transformación de Kaneki se antojaba como la última fase de su plan, pues así pareció entenderse al hablar de la creación de un jefe definitivo que uniera a aliados y enemigos, la realidad es que dicho proceso no ha sido más que una parte del mismo. En este nuevo capítulo hemos descubierto que los pequeños ‘soldados’ que creara Kaneki durante su estado de ciempiés poseen una característica de lo más única: tienen la capacidad de autodetonarse para generar esporas que en ser inspiradas por el ser humano desencadenan múltiples cambios a nivel de metabolismo. Uno de dichos cambios supone la multiplicación de una célula particular que, en alcanzar cierto punto, convierte al humano en cuestión en un nuevo Ghoul. Así observamos cómo uno a uno va ocurriendo con una gran cantidad de personas que se ven ‘hospitalizadas’ dentro de los confines de la CCG y posteriormente con Yonebayashi, quien acompaña a Urie y Kaneki en un viaje por las ruinas generadas a raíz del mismo Kaneki.

En relación a Kaneki, resulta interesante observarle en los primeros compases de este capítulo, en los cuales comparte escenas con una Rize ‘mental’ que reside en su interior. Kaneki aparece repentinamente en un templo rodeado por un mar de sangre repleto de cadáveres, lo cual representa una especie de metáfora con respecto a las atrocidades que ha cometido en su estado salvaje. Más interesante es, no obstante, el hecho de que él mismo confiesa que las motivaciones tras sus actos son mucho menos heróicas que aquello que entienden los que se hallan a su alrededor. Recordamos que en el anterior episodio ‘El Gourmet’ dio un conmovedor discurso para listar una a una las cualidades de Kaneki, siendo una de las más resaltadas el hecho de que se preocupa constantemente por todas y cada una de las personas que le rodean. Sin embargo, como hemos destacado, es el propio Kaneki quien admite que sus actos cuentan con una motivación mucho más egoísta a la par que humana: el deseo de sentirse necesitado. Kaneki confiesa que siempre y cuando fuera importante para alguien, no necesitaba un objetivo real como unificar el mundo o luchar por una causa comprometida. Pese a ello, eso es algo que apunta a haber ya cambiado.

Tal y como hemos indicado, Yonebayashi es uno de los personajes -el único principal por el momento- que se ve infectado a raíz de las esporas Ghoul. Durante el mencionado paseo, Urie, Kaneki y Yonebayashi se ven repentinamente rodeados de los extraños soldados surgidos del Kaneki ciempiés, una situación crítica que requiere de rápida acción. En un instante, observamos a Kaneki superar un proceso de introspección en el que expresa su deseo por no dañar a sus queridos en caso de verse incapaz de dominar nuevamente su poder, y es a raíz de ese deseo de protección que nos encontramos ante una nueva etapa de las habilidades de Kaneki. Mediante un despliegue de lo más espectacular, Kaneki viste subitamente dos alas gigantescas de color de arcoíris en las que es posible apreciar ciertos detalles Ghoul, lo cual nos da a entender que estas mismas alas representan una nueva fase del poder de Kaneki tras haber conseguido dominar todo aquello que, en un momento descontrolado, le lleva a la evolución en ciempiés gigante. El resultado de este nuevo Kagune es ni más ni menos que el barrido de todos los enemigos que les amenazaban en un abrir y cerrar de ojos.

Teniendo en cuenta todo lo ocurrido y la situación de pánico a raíz de las transformaciones de humanos a Ghoul, Kaneki se compromete a cargar con el peso de todo ello y encontrar una solución. Esta promesa, resaltamos, se la hace ni más ni menos que a Hide. Desde su retorno ‘de entre los muertos’, Hide ha resultado clave para conseguir que aquellos más cercanos a Kaneki, sin importar su identificación como humano o Ghoul, se hayan unido por tal de combinar sus esfuerzos hacia una misma causa. En este punto, el mismo Hide acaba siendo clave para que Kaneki pueda mirar directamente a los ojos a todas las tragedias que se han dado como consecuencia de sus actos desde que pasara a ser él también un Ghoul -consecuencias ya sean de manera directa o indirecta-. Al ver la cara desfigurada de Hide junto al necesario modulador de voz para poder hablar, Kaneki realiza la promesa más sincera que se le ha podido ver hasta la fecha, una que posiblemente ya no quedará en segundo plano sin importar los deseos más egoístas que pueda llegar a sentir.

Así pues, afrontaremos los dos últimos episodios de “Tokyo Ghoul: Re” con la principal necesidad de detener la epidemia derivada de los planes de Furuta. Cómo encontrar una solución a ello es algo que por el momento es totalmente desconocido, pero lo que parece seguro es que Furuta no pondrá las cosas nada fáciles. Similarmente, sigue quedando pendiente la figura de la chica tan parecida a Rize que observáramos en un tanque de agua hace ya múltiples capítulos. Si Furuta tiene todavía un último as en la manga para asegurarse la reconversión del mundo en un paraíso repleto de Ghouls, parece bastante claro en este punto que tarde o temprano lo veremos relacionado con ese extraño experimento que se mostrara de manera fugaz.