Crítica de Bumblebee: De Bay a Spielberg

Bumblebee: The Movie

Crítica de Bumblebee: De Bay a Spielberg

Travis Knigh desintegra el bayham para imponer una historia de amistad cargada de corazón y honestidad

 

Asociar un nombre a una marca siempre tiene sus beneficios, pero también sus problemas. Paramount pudo disfrutar de la popularidad de Michael Bay durante varios años, pero cuando la imagen del cineasta comenzó a decaer, con él se fue también el rascacielos que había levantado en torno a la franquicia Transformers. En las arcas del estudio todavía quedaban las toneladas de oro que había dejado esa época, pero a nivel de calle, los Autobots se codeaban con la peor calaña de la ficción. Ni la crítica –desenganchada años atrás de la saga-, ni los fans, seguían por la labor de aguantar más historias vacías de contenido. Bay ya no estaba en casa, y era el momento de llamar a Bumblebee para que pasara el mocho por debajo de la alfombra.

El cambio por supuesto generaba una gran incertidumbre. A la franquicia se la conocía por unas señas de identidad claras. Sin ellas bajo el brazo ¿Seguiría siendo Transformers? El estudio se acogía a la popularidad de los personajes para dar un salto al vacío y probar con una apuesta arriesgada. Se tiraba todo a la basura, se hacía borrón y cuenta nueva, y se traía al único hombre capaz de liberar el cambio. Travis Knight había demostrado en sus últimas películas tener la habilidad de crear historias con corazón, y de perfilar personajes honestos y llenos de carisma. Precisamente las antípodas al “más mejor” de Bay que buscaban los directivos.

Iban pasando los meses, y la fecha de estreno se aproximaba. Las dudas no desaparecían, y el estudio se lo jugaba todo a la premier mundial. Fue en ese momento cuando todo comenzó a encajar. “Bumblebee” salía de la prueba de fuego con casi un 100% de aprobación en Rotten Tomatoes, y una burbuja de expectación no vista en la saga desde la primera entrega. Desde entonces el spin-off no ha dejado de escalar posiciones, conquistando a los espectadores de Estados Unidos, y preparando el terreno para su irrupción mundial. Ahora bien ¿estaría realmente a la altura de la situación?

Año 1987, la guerra civil en el Planeta Cybertron ha llegado a un punto climático, y el bando de los Autobots, enarbolando la bandera de la resistencia ante el totalitarismo de los Decepticons, se ven obligados a escapar de su hogar ante una derrota aplastante. Optimus Prime, como líder de la facción, envía a su compañero Bumblebee a la Tierra, un planeta seguro en el que deberá esperar escondido hasta que sus compañeros puedan reagruparse. Sin embargo ese viaje no lo emprenderá solo. Junto a él Shatter, Dropkick, y Blitzwing se suman al viaje para acabar la limpieza.

Lo que se encuentran tanto unos como otros en ese planeta primitivo alejado de la galaxia no es para nada lo que esperan.  El grupo numeroso termina viéndose contra las cuerdas, mientras que el solitario Autobot encuentra a una segunda familia. Charlie (Hailee Steinfeld), una joven de 18 años, se cruza en su camino, y ambos completan el hueco que sus propias pérdidas dejaron en sus vidas. Su lazo es tan poderoso, que cuando la guerra llega hasta la Tierra, Bumblebee ya no es solo ese miembro diminuto de la resistencia, sino que se ha convertido en todo un héroe capaz de sacrificarse por aquello que ama.

Bumblebee
La escena de apertura es el único vestigio del pasado que veremos en el resto de la cinta.

La saga Transformers lleva en su ADN el tono blockbuster más palomitero, y Knight era consciente de ello. Para enmendar la complicada situación de la saga, el director de “Kubo y las dos cuerdas mágicas” opta por acabar con la forma pero no el fondo del bayham –ese compendio de fuegos artificiales tan impactantes que construyó la marca hasta “El Último Caballero”. Este spin-off rompe completamente con el pasado, y se sumerge de lleno en el espíritu más ochentero; desde la banda sonora, hasta el vestuario, e incluso la mentalidad de los personajes. Todo responde a la idiosincrasia de esa época.

Todo respira inocencia y honestidad. Los bandos están claramente diferenciados, los diálogos respiran pasión, y no hay espacio para la ambigüedad. “Bumblebee” se apega a la fórmula más comercial y evita complicaciones que puedan enturbiar o añadir matices innecesarios al mensaje. Esa es la noticia; ahora hay un mensaje. Al abandonar el componente histriónico era necesario encontrar un nuevo pilar sobre el que apoyar el edificio. El conflicto entre los Autobots y los Decepticons ha dejado de ser un leit motiv para servir de mcguffing al desarrollo de la amistad entre el escarabajo amarillo y Charlie. En ese nuevo terreno Knight se maneja como pez en el agua, y comienza a hacer magia.

Bumblebee
Bumblebee posee más carisma y expresividad que en ninguna otra entrega de la saga.

Ni sorprende ni lo pretende. El director quiere llegar hasta el espectador de la forma más rápida, y para ello no se anda con rodeos. Las distintas situaciones y los momentos de acción están confeccionados, de forma tan artesanal, que las interrupciones de la trama alienígena llegan incluso a molestar. Knight va cocinando a lo largo de las dos horas de metraje un espacio de intimidad del que va floreciendo una de las amistades más bonitas que ha dejado el cine en este año. Lo que en primera instancia nace como una relación de dependencia -uno para reemplazar a sus compañeros, y la otra para intentar superar la muerte de su padre-, se termina transformando en un nexo casi fraternal.

Bumblebee” entonces se anota el tanto definitivo. El cariño, pero sobre todo la personalidad naíf de Charlie y el Autobot, invitan a empatizar. La trama sigue siendo simple y absurda -cero imaginativa-, pero los personajes nos importan. La película gana profundidad y cobra una dimensión no vista en ninguna de las anteriores entregas de la saga. Michael Bay cada vez se va alejando más, evidenciando más y más las diferencias entre el pasado y el presente. O quizás no tan presente. Y es que abandonar la época actúa para viajar a los años 80 es la clave del éxito de esta película.

Las secuencias de acción ahora son más sencillas pero menos cargantes.

Si bien Bumblebee, por su personalidad, era el personaje que más invitaba a crear una historia dulce, Knight no se apoya solo en eso para hacer llegar la Navidad a la franquicia. La herencia de esta cinta al Steven Spielberg de E.T. y compañía es innegable. No son niños, sino máquinas asesinas, pero la ilusión por los niños de Richard Donner y las máquinas asesinas es la misma. Tanto las actuaciones -desenfadadas y familiares-, como la música, recrean esa burbuja de nostalgia y seguridad que hacen de la película una experiencia tan agradable.

Si no midiera cuatro metros, y fuera más torpe que el Gigante de Hierro, Bumblebee sería el cachorro que cualquier padre adoptaría para su hijo. Travis Knight irrumpe en la saga con una propuesta sincera, que tiene las cosas claras, y no busca concesiones. Paramount consigue inyectar botox en el corazón de la saga, no solo haciendo desaparecer las arrugas, sino además estableciendo un nuevo rostro sobre el que dibujar un futuro más que prometedor. “Bumblebee” es todo corazón, y casi nada Transformers.


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