Crítica del piloto de The Promised Neverland: La caída del paraíso

Emma, Ray, y Norman saltan a televisión con una adaptación solvente que arranca de forma prometedora

The Promised Neverland
 

Cuando el mundo a tu alrededor gira en torno a determinadas expectativas, lograr encontrar un camino propio ajeno a las miradas de terceros se puede antojar complicado. La fama es un arma de doble filo que o bien te puede encumbrar, o bien te puede hundir hasta el fondo del barro. “The Promised Neverland” se presentaba como la manzana envenenada que ningún estudio se atrevía a animar. Sin embargo, en un arrebato de valentía CloverWorks daba un paso al frente para intentar adaptar uno de los mangas más populares de los últimos años. Una obra que cuenta con las benevolencias del shonen, pero que al mismo tiempo se adentra en laberintos psicológicos de tintes dramáticos.

Tanto si uno es lector habitual de manga como si no, es muy probable que los niños de Grace Field House hayan aparecido en más de una conversación o publicación cercana. ¿El secreto? Kaiu Shirai apuesta por las falsas apariencias dando forma a una historia que evoluciona rápido de la amabilidad propia de la infancia, a la perversión más inherente a “Death Note“. El reto del equipo de producción parte desde esa particular premisa, y se va complicando a medida que el thriller le va ganando terreno a la estética naiv de los primeros compases de la historia.

Hay obras que optan por seguir los cánones de un género en particular buscando perfeccionarlo, otros que en cambio buscan la deconstrucción, y luego nos encontramos con Shirai. El mangaka escoge con inteligencia aquellos elementos estéticos y narrativos que le interesan tanto del shonen como del seinen, y va tejiendo un universo que está a caballo de ambos mundos. Algo que le aporta una naturaleza única dentro de una publicación  -la Weekly Shonen Jump– poco acostumbrada a propuestas tan personales. ¿Cómo afronta uno un manga tan complejo sin perder el equilibrio alcanzado por el material original?

CloverWorks vuelve a demostrar estar en su mejor momento tras la soberbia “Seishun Buta Yarou“, plasmando con una fidelidad asombrosa la principal virtud de la obra: El dibujo de Posuka Demizu. La artista que debutó en el mundo del manga con, precisamente, “The Promised Neverland“, le imprime a las viñetas una personalidad no vista en ninguna otra publicación. Es gracias a ella que los personajes gritan sin hablar, que las miradas de Isabella traspasan el alma, y que la obra se siente honesta para/con el lector. El lenguaje no verbal de los niños salta a la animación cobrando una nueva dimensión con la animación y la banda sonora que aporta el estudio.

¿Estamos en el pasado o en el presente? “The Promised Neverland” recupera la humildad estética del siglo XIX para sumergirnos en el orfanato Grace Field House. Allí la madrina Isabella se encarga de cuidar a un vasto grupo de niños en el que destaca Emma, Norman y Ray. Comer, estudiar, jugar, y dormir. Eso es todo lo que hacen los huérfanos en su día a día, representando una infancia idílica. Sin embargo, esa ensoñación se rompe en mil pedazos cuando la verdad bajo la superficie comienza a extender su oscuridad; ni el orfanato es un orfanato, ni Isabella es una madre. El mundo ha sido invadido por unos extraños demonios que se dedican a cultivar niños como si fueran ganado.

The Promised Neverland
El estudio se arriesga plasmando elementos extradiegéticos en distintas escenas.

El primer episodio de un anime siempre es el más complicado, no solo por las expectativas y la necesidad de vender la historia como si fuera un one-shot, sino porque marca el devenir del resto de la producción. En este caso era un misterio cómo CloverWorks afrontaría una temporada de tan solo 12 episodios, teniendo por delante tanto material que cubrir. A Mamoru Kanbe no obstante no parece importarle ni eso, ni el tono principalmente narrativo y suspendido que baña el inicio del manga. El director de “Elfen Lied” opta por dejar de lado los juegos psicológicos más obatianos que la historia expone en su desarrollo, para quedarse solo con lo fundamental en el piloto.

The Promised Neverland” arranca con un episodio sólido que no ambiciona nada más allá de establecer con soltura al elenco principal de protagonistas. Kanbe se toma el tiempo necesario para dibujar la inteligencia de Norman, la bondad de Emma, y la astucia de Ray. Incluso se permite el lujo de prestar atención a otros personajes secundarios como Don, Connie, o incluso Gilda. En ese sentido el director se apega todo lo que puede al manga buscando la escala uno a uno con las personalidades y psicologías del elenco original. Lo esencial se encuentra en el primer tomo de la obra, y es de ahí de donde Kanbe saca absolutamente todo lo necesario para este primer episodio.

The Promised Neverland
Incluso la recreación de los demonios rehuye por completo del CGI.

Ahora bien, aunque no haya demasiadas sorpresas, CloverWorks tacha de la lista todo lo que tenía que hacer correctamente en su debut. La interpretación de los seiyuu es más que acertada -con especial atención al tono maternal y perturbador de Isabella-, y tanto los fondos como los diseños de los personajes cumplen su papel. No sorprende que la propia Demizu haya querido poner su propio talento al servicio de la adaptación, trasladando en forma y contenido el espíritu de las viñetas. Las sensaciones que transmitía el manga son replicadas con solvencia, y aunque la animación no tiene espacio para brillar -ni la tendrá hasta dentro de muchas semanas-, el estudio sabe apoyarse en otros valores de producción para volar con éxito.

The Promised Neverland” tiene por delante un futuro prometedor. Con una comunidad totalmente volcada, y un equipo de animación increíblemente comprometido con el material, de esta adaptación solo se pueden esperar grandes cosas. La única duda que queda en el aire incumbe al ritmo. Con 12 episodios por delante, resulta curioso que el piloto solo alcance el primer capítulo del primer tomo del manga. Se esperan cambios –probablemente de orden- en algunos de los sucesos posteriores de la trama, pero si la consistencia demostrada en la apertura se mantiene, solo hay que esperar a que el drama y el misterio hagan su trabajo. La hija espiritual de Death Note ya se prepara para saltar el muro.