Análisis American Horror Story Temporada 4

 

Esta semana, “American Horror Story” ha despedido su cuarta temporada, que llevaba por título “Freak Show”, y lo cierto es que ha causado una notable división de opiniones, que queda patente en cuanto echas un vistazo a los comentarios de la gente en Internet. O te ha encantado o la has odiado, no parece haber un término medio con esta temporada.

Sea como sea, lo cierto es que la serie sigue teniendo un éxito evidente, y prueba de ello es que se renovó para una quinta temporada pocos días después del debut de “Freak Show”, que volvió a batir récords de audiencia. Pero ahora toca centrarse en el pasado más reciente del que forma parte la cuarta temporada de la serie y ver si esta nueva entrega cumple con lo que cabía esperar, si ha superado las expectativas o si no las ha alcanzado.

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Tiempos pasados no fueron mejores

Echando la vista un poco atrás podemos sacar algunas conclusiones básicas: las dos primeras temporadas de la serie (“Murder House” y “Asylum”) convencieron en general al espectador, mientras que la tercera temporada (“Coven”) fue el primer resbalón de la serie si tenemos en cuenta que ya dividió a los seguidores de la misma. Por lo tanto, de cara a esta nueva temporada podemos decir que había dos tipos de público: los que disfrutaron “Coven” tanto o más como las otras temporadas y por tanto esperaban “Freak Show” con muchas expectativas, y los que quedaron terriblemente defraudados con la temporada anterior y aprendieron por las malas a rebajar sus expectativas y esperanzas con respecto a esta nueva temporada, por tomar cierta precaución visto lo visto. Desgraciadamente, un servidor se encontraba en el grupo de los segundos.

Partiendo de este hecho, podemos asumir que “Freak Show” tenía fácil superar las expectativas de los que esperaban poco o nada de ella y que, por ende, tenía complicado hacerlo peor que en “Coven”. Eso es lo que uno podría pensar, pero tristemente pensar que la serie podía ir a peor no era algo tan descabellado.

A la hora de realizar este análisis, me he encontrado con una disyuntiva: ¿se debe analizar “Freak Show” como historia independiente o como parte de “American Horror Story”? Lo cierto es que realmente no es que analizarla desde un punto de vista u otro la fuera a salvar, pero sí que habría diferencias importantes. Finalmente, creo que lo lógico y lo justo es analizarla de la segunda forma, ya que cuando uno se sienta a ver la nueva temporada de “American Horror Story” lo que espera ver es una nueva temporada de “American Horror Story”. Ni más ni menos. Puede que todo esto os parezca algo realmente lógico y evidente pero me parece apropiado asentar este tipo de cosas para pasar a analizar lo que nos hemos encontrado en esta temporada.

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Partiendo de lo más básico, podemos decir que el que se suponía que iba a ser el tema principal, es decir, el circo de fenómenos y rarezas, es algo llamativo a simple vista, que se presta mucho al concepto original de horror de la serie y que, llevado de la forma correcta, era un tema realmente explotable. En resumen: había material más que suficiente para dar una temporada colosal, a la altura de las dos primeras y, por qué no, mejor aún que éstas. Pero una temática adecuada no lo es todo si no lo desarrollas de la forma adecuada.

Antes mencionaba lo de si analizar “Freak Show” como una historia independiente o como parte de “American Horror Story” y no era algo dicho al azar, pues lo cierto es que si no me dicen que estoy viendo una temporada de “American Horror Story” no diría que “Freak Show” pertenece a dicha serie. La serie rompe radicalmente con la forma de hacer las cosas de las dos primeras temporadas, que si bien eran muy diferentes entre sí, respetaban la esencia que había quedado como marca de la casa y que tanto gustó en general. Y no solo eso, sino que coge lo peor de “Coven” y se esfuerza por empeorarlo aún más.

“Freak Show” abandona lo mejor de la serie y se adueña de lo peor, y se aleja totalmente de esa atmósfera de terror que caracterizó a las dos primeras temporadas, esa que tanto te atrapaba de principio a fin. Estaremos de acuerdo en que esta serie nunca ha dado miedo como tal, pero sí que conseguía generar un ambiente que envolvía a la historia, a los personajes y al espectador por igual, cogiendo lo mejor del cine de terror clásico y llevándolo a la televisión moderna de forma efectiva. Eso desapareció en “Coven”, y desde luego no se ha vuelto a encontrar en “Freak Show”. La temporada opta por darnos una historia centrada en las emociones y sentimientos de unos personajes que son odiados por la “gente normal”, debido a sus defectos físicos. La serie hace bien en abordar este tema, pero se equivoca en darle toda su atención. He visto algunas opiniones en Internet que defendían esto argumentando que la serie había apostado por un tipo de miedo diferente para esta temporada, un miedo más relacionado con la discriminación. No podemos decir que como idea sea mala porque se ha explotado en numerosas ocasiones de forma eficaz, pero nos lleva a lo que hablábamos antes: ¿es esto lo que quiero ver en “American Horror Story”? La respuesta es rotundamente negativa.

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Tampoco ayuda a crear una atmósfera envolvente y que te convenza de que (supuestamente) estás ante una historia de terror el hecho de que la mayor parte del tiempo la historia transcurra en escenarios brillantes e iluminados. No es justo decir que las dos primeras temporadas de la serie solo tenían lugar de noche, pero sí que había mayor “oscuridad”. En la primera temporada, el escenario de la casa de los Harmon, aunque las escenas tuvieran lugar en pleno día, conseguía crear una sensación claustrofóbica y atrapante que beneficiaba a la intención de crear terror. Y ya cuando llegaba la noche… la cosa se amplificaba. Lo mismo para “Asylum”, cuyo escenario principal era aún más oscuro, macabro, deprimente y terrorífico que la casa de los Harmon. En “Coven” ya se empezó a abusar de la luz del día, lo estrafalario y lo luminoso, y en “Freak Show” se repite la jugada, e incluso con mayor intensidad si cabe. Sin embargo, hay que reconocer que hay algún acierto en este punto, como por ejemplo, la primera aparición de Twisty The Clown, donde el espectador le ve asesinar por primera vez. La escena tiene lugar a plena luz del día, pero eso se compensa con un escenario totalmente alejado de la gente, dejando a las dos víctimas del payaso en un escenario realmente desolador, en el que no hay escapatoria por mucho que corran y en el que nadie les va a ayudar por mucho que griten. Pero por desgracia no es algo que abunde a lo largo de la temporada.

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Lo cierto es que, al igual que pasó con “Coven”, el primer episodio de esta temporada prometía, y progresivamente se va desinflando hasta que llegas a la mitad de la temporada y te das cuenta de que sigues viendo una de tus series favoritas por compromiso puro y duro. Y eso es triste. Uno no quiere sentarse a ver “American Horror Story” y encontrarse que de 45-50 minutos que dura cada capítulo, casi la totalidad de dicha duración está dedicada a ver a personajes llorando y contando lo trágicas que son sus vidas por enésima vez, con un hilo musical tierno y profundo de fondo. Como decíamos antes, abordar este tema está bien, pero que sea lo único que nos muestran es un error garrafal. A esto hay que sumarle la creencia errónea que parece haber adoptado esta serie de que tras 40 minutos de un drama de campeonato, pueden convencer al espectador metiendo un par de minutos de gore o escenas de sexo “raro”. De hecho, redundar tanto en las tragedias de los personajes termina siendo contraproducente, porque si bien en un principio hace que sientas algo por los personajes, al final termina siendo tan aburrido que deja de importarte en absoluto.

Siguiendo con esto, otro de los errores que parece haber adoptado la serie de forma habitual es la muerte absurda y aleatoria de sus personajes. Sí, es cierto que la muerte de personajes ha sido algo de lo que la serie ha hecho uso desde su primera temporada, pero la diferencia radica en que antes era una jugada que se empleaba con cabeza e incluso sutileza en ocasiones, y ahora se usa de forma torpe. Si nos vamos a los ejemplos, podemos ver la muerte de Violet Harmon en “Murder House”, llevada con elegancia y estilo, sorprendiendo realmente al espectador, y en contraposición podemos poner la forma de deshacerse de personajes en “Freak Show”. Nada que ver en absoluto. Cabe añadir que lo que de verdad hace impactante una muerte de cara al espectador es el hecho de que a dicho espectador le importe algo. Porque si lo único que consigues es que al que está al otro lado de la pantalla le importe la muerte de un personaje principal tanto como le podría importar la muerte de un extra… la cosa va mal. Y ahí entra el tema de los personajes y la forma de tratarlos, pero es algo que analizaremos más adelante.

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Y es que, cuando el espectador llega al capítulo final se da cuenta de que de diez personajes principales que tiene la temporada, solo cinco llegan con vida al último capítulo. No mejora la cosa cuando te paras a pensar en dichas muertes y te das cuenta de que Gloria, el personaje de Frances Conroy, y Ethel, el de Kathy Bates, llevan muertas ya varios capítulos, o que en los últimos dos capítulos se haya optado por deshacerse de forma abrupta de otros. Y el remate final llega cuando en el último capítulo capítulo ves que los guionistas han decidido acabar con casi todo el reparto restante en dos minutos, restándole toda la (poca) importancia que podían haber generado para esos mismos personajes.

Pero no solo en la pérdida de la esencia radican los errores de “Freak Show”. Y es que, como decíamos al principio, si analizáramos esta temporada como una historia independiente a “American Horror Story”, el resultado tampoco sería especialmente positivo, aunque se entendería que hubiera más lágrimas que “terror”. Lo cierto es que la pregunta de cuál es la trama central de la temporada que puede asaltarte cuando ves los primeros capítulos si no estás muy informado termina siendo una pregunta sin respuesta cuando finaliza el décimo tercer capítulo. Y eso no es bueno, ni en esta serie ni en ninguna otra, y menos cuando se presenta una historia horizontal que se desarrolla del primer capítulo de la temporada al último. Tiene que haber una trama principal, y en “Freak Show” realmente no la hay. Porque decir que la temporada “va de los personajes” no es establecer un hilo argumental principal sobre el que desarrollar los hechos. El resultado deja una temporada que va dando tumbos, que lo poco que se mueve es a causa de las decisiones repentinas y confusas de sus personajes, las cuales luego quedan en nada porque apenas tienen consecuencias más allá del momento. De modo que la sensación que a uno le queda cuando termina la temporada es la de haber pasado por una serie de cosas sin sentido alguno a lo largo de los trece capítulos que la conforman.

A esto hay que sumarle cierta sensación de dejadez por parte de los guionistas, a los que no parece temblarle el pulso a la hora de tomar un poco por tonto al espectador, o abusar de su fidelidad. Sin irnos muy lejos, en los dos últimos capítulos te tienes que creer que la pistola de Dandy tiene una munición infinita, que la posterior pelea entre Dandy y Amazon Eve transcurra con Desiree allí mismo y ésta no decida intervenir para decantar rotundamente la balanza a su favor o que en medio de una conversación para convencer a Jimmy de ponerle manos ortopédicas, Massimo y Elsa opten por ponerse a rememorar su pasado casi de principio a fin. Pueden sonar a tonterías miradas con lupa con el fin de sacarle defectos a todo, pero lo cierto es que son detalles que te sacan de la situación, o que directamente son tan ilógicos que te sientes insultado como espectador. O puede que también influya el hecho de que llegados a ese punto, estás tan desencantado con la temporada que cualquier fallo se amplifica. Puede ser. Pero en cualquier caso, esto antes no pasaba.

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Sin embargo, no todo es malo, y la temporada deja un ligero rayo de esperanza con la historia de Edward Mordrake, que la forma en que está contada y escenificada realmente recuerda a las dos primeras temporadas de la serie, aunque tristemente dure escasos minutos. Esto lleva a preguntarse si la serie no puede ser lo que era antes o si directamente no quiere, aunque no es que ninguna de las dos opciones sea la ideal.

Otro de los puntos más positivos de la temporada, y es algo en lo que se está de acuerdo en general, es Dandy Mott, que es otro de los personajes en los que se ve mínimamente un reflejo de las primeras temporadas de la serie, y del que hablaremos más adelante.

Lo que mal empieza mal acaba

Lo que se intenta siempre con un final de temporada, y más en el caso de “American Horror Story”, pues cada final de temporada supone la conclusión definitiva de una historia, es crear expectación y resolverla utilizando los ases más importantes que los guionistas se guardaban bajo la manga. Por eso me parece importante darle un apartado al episodio final.

Lo cierto es que lo de crear expectación de cara al final lo descartamos, ya que un servidor estaba deseando que llegara el final no para verlo, sino para olvidarse de la serie hasta el año que viene. Con este panorama, poco cabía esperar del final de temporada, lo que sin duda se lo ponía fácil a la serie para superar las expectativas. Pero ni con esas.

Como comentábamos antes, ya es un punto menos el hecho de haberte deshecho de la mitad de tus personajes principales antes de llegar al último episodio, pero es peor aún que en dos segundos decidas acabar con otro puñado importante de personajes con la intención, suponemos, de generar impacto. Y esto nos hace volver a lo de antes: la muerte de un personaje surte efecto en el espectador cuando el personaje te importa algo. De nada sirve quitarse de en medio a personajes que han aparecido dos minutos contados si tu intención es la de generar sorpresa en el espectador, porque directamente le da igual. El punto positivo de esto es que sirve para engrandecer al mejor personaje de la temporada, Dandy, que es el que lleva a cabo la masacre del episodio final, y que si bien le acaba condenando, sirve para sumarle un punto más como villano.

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Sin embargo, y como nos ha acostumbrado esta temporada, todo lo positivo queda eclipsado y derruido por las cosas negativas. Y es que el principal fallo del episodio final de la temporada es que quiere abarcar demasiado contenido en 50 minutos que dura, cuando podría haber distribuido mejor lo que quería contar en los anteriores episodios, y más si tenemos en cuenta que hay una alarmante cantidad de relleno en todos los episodios. Esto hace que en 10 minutos tengas a Dandy matando a multitud de personajes, Dandy casándose con Bette, ésta y Dot traicionándole, y ellas junto a Jimmy y Desiree poniéndole fin a su vida. Como poco es repentino, y no te deja al final saborear ninguno de los momentos.

Sin embargo, lo que peor sienta es que se emplee medio episodio para poner fin a la historia de casi todos los personajes, y se emplee la otra mitad para poner fin a un solo personaje, Elsa Mars. Y éste es un problema que arrastra la temporada y que, a mi juicio, es bastante grave. Sin embargo, hablaremos más detenidamente de ello más adelante.

Y es que el final del capítulo y de la temporada en general es el reflejo de lo que viene siendo la serie desde el año pasado y más concretamente en este: un gran homenaje a Jessica Lange, enorme actriz pero pésimamente aprovechada por los encargados de la serie, que se empeñan en que todo gire alrededor de su personaje aunque eso implique sacrificar a los demás.

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Lo único positivo que le puedo sacar al último capítulo de la temporada es que al menos no se hace tan tremendamente pesado como los demás. Al contrario, el capítulo se deja ver y no se hace tan tedioso, algo que llevaba varios capítulos sin suceder. Sin embargo, esto no es suficiente para salvar los muebles.

El día que Ryan Murphy confundió a dos de sus series

Ryan Murphy no es solo el señor que ha creado “American Horror Story”, tanto en lo bueno (que lo ha habido) como en lo malo, sino que también es el artífice de la serie musical “Glee”. ¿Por qué comentamos esto? Porque parece que mientras se encargaba de realizar “Freak Show”, a Murphy se le debieron mezclar conceptos generando numerosos e innecesarios números musicales en esta temporada.

Cabe destacar que ya en “Coven” nos “deleitaron” con un numerito musical metido con calzador y protagonizado por la mismísima Stevie Nicks, añadiendo así una pequeña catástrofe más a la temporada. Pero si creíamos que eso era lo peor que podía pasar en cuanto a números musicales se refiere en esta serie andábamos muy equivocados.

Quizás podríamos haber pasado uno o dos, pero a “Freak Show” no le sienta nada bien ni beneficia a su resultado final incluir excesivos números musicales como parte de su banda sonora intradiegética. De hecho, el único que vi lógico según la historia que nos presentan es el del primer episodio, donde el personaje de Jessica Lange interpreta la canción “Life on Mars” de David Bowie, porque sirve como presentación del show de cara al espectador, que lo ve por primera vez. Pero a partir de ahí, el resto sobra, pues no aporta nada e incluso en algunas ocasiones es anti climático, como en el último capítulo.

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A esto hay que sumarle que este apartado está plagado de anacronismos, pues si no me falla la memoria, ninguna de las canciones se corresponde con la época, sino que son bastante posteriores. La ya citada “Life on Mars” es de los 70, “Criminal” de Fiona Apple es de los 90, así como el “Come As You Are” de Nirvana, y ya ni hablamos del “Gods & Monsters” de Lana del Rey, un tema de 2012. Lo cierto es que es algo hecho a propósito, pues me niego a pensar que son descuidos, y estoy seguro de que a algunos ese movimiento les habrá gustado. Pero los anacronismos hay que emplearlos con cabeza. Por ejemplo, la canción de Lana del Rey tiene una frase que dice, textualmente, “I’m living like Jim Morrison” (“vivo como Jim Morrison”), y cabe destacar que, si tenemos en cuenta que la historia comienza en 1952, Morrison tendría en esa época unos nueve años, es decir, era un total desconocido. Puede parecer quisquilloso pero lo cierto es que como espectador valoro los detalles, y se nota mucho cuándo éstos se cuidan y cuando no.

Si se echa un vistazo a las opiniones de la gente, mucha parte del sector femenino coincidirá en que la interpretación de Evan Peters de la canción de Nirvana es de lo mejorcito de la temporada. Pero dicho número musical, al igual que todos (menos la interpretación de “Life on Mars”) no aportan nada en absoluto, más que una sensación de confusión que te hace preguntarte si estás viendo “American Horror Story” o “Glee”. Esto no es una crítica a la serie musical, pero por ejemplo, si me siento a ver “American Horror Story” quiero terror, y si me siento a ver “Glee” o “Nashville” espero números musicales. Por lo tanto, ni el exceso de números musicales ni la atemporalidad de los mismos benefician en absoluto a una temporada ya de por sí con muchísimas carencias.

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El show de Jessica Lange

Antes lo hemos comentado de pasada y ahora toca meternos de lleno en eso. “American Horror Story” tiene un grave problema y se llama Jessica Lange. Antes de caer en malas interpretaciones, vamos a explicarnos. Que Jessica Lange es una actriz descomunal es algo que no hace falta que nadie diga, pues su actuación habla por sí misma. Sin salirnos de la serie podemos encontrarnos con que siempre ha bordado sus cuatro papeles. ¿Cuál es el problema entonces?

Hay dos aspectos de relevancia en el tema de Lange. El primero es que siempre se le da el mismo papel, y el segundo es que parece que hay un pronunciado empeño en hacer que absolutamente toda la serie gire alrededor de su personaje, cueste lo que cueste, y claro, ese planteamiento afecta al resto de personajes y a la historia.

Tanto en “Murder House” como en “Asylum” como en “Coven”, Lange ha interpretado el papel de una mujer entrada en años con ansias de poder y de protagonismo y que se encuentra con al menos una amenaza que podría eclipsarla. En esencia siempre ha interpretado un papel de ese estilo. Cuando comenzó esta temporada, parecía que iban a optar por darle un papel ligeramente diferente, pero a los pocos capítulos uno se da cuenta de que no. En “Freak Show”, Jessica Lange vuelve a hacer el mismo papel que ha hecho en las anteriores temporadas. Y sí, sabemos que lo borda, pero el tema está en que podría bordar cualquier otro papel. ¿No habría sido mejor darle un papel con un registro totalmente diferente? ¿No nos habría dejado eso a una Jessica Lange mejor aprovechada a lo largo de la serie? En ese sentido, actrices como Kathy Bates, Emma Roberts o Angela Bassett me parecen mucho mejor aprovechadas habiendo aparecido la mitad de veces que Lange, pues el papel que todas ellas tuvieron en la temporada anterior y el que han tenido en esta son muy diferentes.

Y desgraciadamente ocurre lo que siempre ocurre cuando te repiten algo hasta la saciedad y te lo intentan vender como algo nuevo: que termina cansándote. Año tras año en estas cuatro temporadas hemos asistido a la misma historia para un mismo personaje interpretado por la misma actriz, haciendo que lo que antes era uno de los grandes aciertos y atractivos de la serie ahora sea algo que casi prefieres que no esté, a no ser que lo vayan a aprovechar mejor. Jamás pensé que iba a dar gracias porque Jessica Lange se fuera de la serie (ya que, en teoría, no volverá el año que viene), pero si eso beneficia al reparto y a la serie en general, casi lo prefiero.

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Y es que si de algo puede presumir “American Horror Story” es de haber tenido siempre repartos envidiables, y cada temporada más envidiables aún. Sí, puede que ahora esté a la orden del día ver a superestrellas en series de televisión, pero cuando FX apostó por “Murder House” no era algo tan común. Por eso precisamente da más rabia que en estas dos últimas temporadas, la serie haya desaprovechado a sus repartos en pro de Lange. Curiosamente, en “Murder House” tenía un rol más secundario y brillaba muchísimo más que en “Coven” o “Freak Show”, pero es que si lo miramos desde el otro lado, en “Asylum” tenía mayor protagonismo pero infinitamente mejor llevado, pues el resto de personajes eran explorados y aprovechados exactamente igual. Es un sacrilegio tener en tu reparto a profesionales como Kathy Bates, Frances Conroy, Sarah Paulson o Michael Chiklis y desaprovecharlos de una forma tan escandalosa.

Por ejemplo, si pasamos al personaje, o mejor dicho personajes, de Sarah Paulson, que interpreta a las gemelas siamesas Bette y Dot, cuyo planteamiento es realmente interesante (dos personas radicalmente opuestas atrapadas en un mismo cuerpo, donde una sueña con acabar con la otra, que se siente totalmente sola al no poder confiar en la persona más cercana a ella, literalmente), uno esperaría que se le diera el tratamiento que es debido, y más aprovechando que tienes a una actriz enorme como Paulson, que bien podría haber dado una actuación para el recuerdo. Pues no. De hecho, hay capítulos cuya presencia es meramente anecdótica e incluso hay uno en el que se olvidan totalmente de ella, en pro de seguir dándole protagonismo al personaje de Lange, ese que ya nos han contado tres veces antes en la misma serie. Paulson hace lo mejor que puede con lo que le dan, y las ideas para el personaje están muy bien, pero la forma de dedicarle tiempo no es nada acertada.

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Siguiendo con esto, cabe destacar lo sucedido en el noveno capítulo de la temporada, “Tupperware Party Massacre”, el único capítulo de la temporada en el que la presencia de Lange queda relegada a un segundo plano. Si bien el capítulo no es ninguna joya, no deja de ser curioso el hecho de que el reparto se luce como no lo hace en el resto de la temporada. ¿Coincidencia? ¿O será que cuando se deja espacio para otros personajes y actores que no sea Lange se obtienen buenas interpretaciones?

Pasando a otros personajes, la cosa sigue el mismo tono. Los personajes de Jessica Lange y Evan Peters son los únicos que aparecen en los trece capítulos de la temporada, haciendo que el freak show sea más bien el show de Jessica Lange, porque las verdaderas rarezas tienen minutos contados en pantalla, siendo realmente un telón de fondo para lo que nos cuentan. Y no es que el personaje de Peters sea especialmente atractivo, e incluso da la sensación de que ni él mismo se termina de creer a su personaje, pues si bien lo intenta, en ocasiones suena un tanto forzado.

Lo mismo podríamos decir del personaje de Emma Roberts, Maggie, que si bien la actriz lo hace bastante bien con lo que puede, parece que el único propósito que los guionistas tenían en mente para el personaje era la de convertirlo en el forzoso interés romántico de Jimmy. Y ese es el tipo de personajes femeninos que no necesitamos, esos que quedan reducidos a poco más que el romance de un personaje masculino, y digo yo que a lo largo de trece episodios de más de 40 minutos, uno esperaría que cualquier personaje que se supone que es principal tuviese algo más de historia que eso. Con respecto a Maggie, los guionistas intentan darle una trascendencia tardía (además de corta) cuando ésta contribuye a que se sepa la verdad sobre Stanley. Poco después de eso, se decide que el personaje debe morir de una forma tan insulsa como su paso por la temporada. Añadimos así a Roberts a la lista de buenas actrices desaprovechadas.

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Aunque si hablamos de actrices desaprovechadas probablemente los casos mas alarmantes sean los de Kathy Bates y Frances Conroy. Dos actrices que son tan buenas y tienen tanta experiencia a sus espaldas como puede tener Jessica Lange. Sin embargo, los personajes de ambas encuentran la muerte varios capítulos antes de que acabe la temporada, a lo que hay que añadirle que sus papeles son bastante breves para la envergadura de ambas actrices. Eso sí, la escena que comparte Bates con Lange previa a su muerte es la prueba de lo que pasa cuando juntas a dos actrices enormes y además sabes crear líneas de diálogo como poco decentes. De las escenas más destacables de la temporada.

Otro gran desaprovechado sería Michael Chiklis, cuyo personaje pintaba bastante interesante, pero del que se crean aspectos de su personalidad explotables que acaban siendo casi algo que se muestra de paso. Se nos presenta a un personaje que lucha contra sí mismo por la creencia de que su homosexualidad le hace parecer débil o menos varonil, dejándonos un personaje realmente atormentado, y que busca encajar en algún lado, aunque sus formas no sean las correctas. Con todos estos ingredientes podrían habernos dado un gran personaje, y si le sumamos que Stanley descubre su homosexualidad y pretende usarla contra él, podríamos haber estado ante uno de los personajes que más juego podría haber dado en muchos aspectos. Sin embargo, se opta por hacer como con casi todo lo que se presenta a lo largo de la temporada: dejarlo caer, mencionarlo o dejarlo claro de alguna forma para luego pasar de largo. Chiklis cumple en un papel que le va como anillo al dedo, pero es triste pensar en lo que podría haber hecho con el personaje de haber estado mejor desarrollado.

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Angela Bassett y Denis O’Hare son otros de los miembros del reparto principal. De la primera podemos decir que una vez terminada la temporada no sabemos exactamente cuál era su cometido en la serie, si bien se agradece que no tiraran por la típica historia de odio con Ethel simplemente por el pasado que esta comparte con Dell. Con el personaje de O’Hare tengo sentimientos encontrados. Él sin duda hace un buen papel, pero se pasan toda la temporada pintándolo como el malo de la función para luego ser sacado de la ecuación de forma abrupta y quitándole mucho hierro al asunto, lo que sin duda es un final totalmente desacertado para el que pintaba ser uno de los villanos de la temporada. También podemos decir que termina la temporada y no sabemos cuál es la trascendencia del aparente enorme tamaño de su miembro viril más allá de rellenar capítulos o meter algo morboso para intentar convencer al espectador de que eso es suficiente. Sin embargo, hay que agradecerle profundamente que nos haya dado lo más parecido a una trama que ha tenido “Freak Show”.

Y para el final dejamos lo mejor: Dandy Mott, el personaje más interesante que nos deja esta temporada, y que nos descubre a un Finn Wittrock que personalmente no conocía de antes pero cuya actuación me ha convencido bastante pese a lo difícil que era no sonar forzado con un personaje de ese tipo. Buen personaje y buena actuación, por lo que no se entiende que la serie se tome el lujo de prescindir del personaje en un capítulo entero o le dedique un par de escenas en otros tantos. Como mencionábamos antes, su personaje es el único que recuerda a esa esencia tan característica que tenía la serie, haciéndonos recordar a personajes de tiempos mejores como Bloody Face.

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Por suerte, esto no es lo único bueno en cuanto a personajes se refiere, pues podemos dar gracias de que se ha tratado con el respeto que merece al paso por la serie de Neil Patrick Harris (“How I Met Your Mother”) como estrella invitada. Se le dedica bastante tiempo teniendo en cuenta que es un personaje que solo está de paso por la serie y el actor lo aprovecha para dar una muy buena actuación, demostrando que puede ser algo más que Barney Stinson. Curiosamente, su personaje también es del estilo que llevaba antes la serie. Lástima que solo aparezca en dos capítulos.

Por otro lado, siempre es un gustazo tener a Danny Huston, aunque sepa a poco. Lo mismo para Wes Bentley como Edward Mordrake, que tristemente no goza de muchos minutos en la temporada pero especialmente en los dos episodios que llevan su nombre, el actor pone todo de su parte para dar una actuación solvente. Es una pena que se opte por dejar a los personajes que más reflejan el espíritu de “American Horror Story” como personajes invitados.

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Como hemos comentado antes, los personajes van desapareciendo según el antojo de los guionistas, con muertes muy poco impactantes y que no benefician a ninguno de ellos, porque da la sensación de que son meros elementos que tienen que estar por estar y poco más.

Todo está conectado

Una de las sorpresas que ya nos anunciaron para esta temporada era que la serie iba a seguir la moda de conectarlo todo, obligando al espectador a creer que todas las temporadas están relacionadas entre sí, aunque tengan lugar en momentos diferentes. Ahora la pregunta es, ¿de verdad es algo necesario?

Es evidente que esto no es un movimiento planeado con mucha antelación, y ni de broma es algo que tuvieran pensado desde que empezaron con la serie. Se nota en algo tan simple como los actores. Sí, las temporadas y personajes son distintos, pero son muchos los actores que han estado en varias temporadas (algunos en todas ellas, como Lange o Peters), y eso, si se pretende crear un mundo mínimamente cohesionado, ya resulta algo cogido con pinzas.

En esta temporada se trae de vuelta a personajes de “Asylum”, que es la temporada más cercana a “Freak Show” en cuanto a cronología. Entre estos personajes encontramos a Hans Gruper (interpretado en “Asylum” por James Cromwell), Pepper o el regreso de una de las grandes ausencias de la temporada, Lily Rabe, que retoma su papel como la hermana Mary Eunice. Lo cierto es que la presencia de Rabe en “Freak Show” es poco más que un cameo y que poco aporta más allá de darnos el gusto de volver a verla e intentar dejar claro que todo está en el mismo Universo. Pero sí que se aprovecha bien contando la historia de Pepper y cómo termina en el psiquiatro Briarcliff.

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Pero el gran contra de esto es, como decíamos antes, la falta de coherencia. Es tan simple como que Jessica Lange tiene la cara de Jessica Lange, y la tiene en todas y cada una de las temporadas que ha aparecido, al igual que Evan Peters, Lily Rabe, Emma Roberts, y todos los actores que han repetido. Por lo tanto, resulta cogido con pinzas que en el psiquiátrico Briarcliff haya una revista con la cara de Elsa Mars y haya en ese momento o posteriormente una monja llamada Jude con la cara de Mars. Es como si en el Universo Cinematográfico de Marvel, Robert Downey Jr. interpretase a Iron Man, Pantera Negra, Daredevil y al Doctor Extraño. Pues no cuela.

Por lo tanto, da la sensación de que esto es más bien una estrategia para seguir atrayendo gente, subiéndose al carro de los Universos Compartidos cuando precisamente, fue “American Horror Story” la que puso algo más de “moda” esto de contar diferentes historias en cada temporada.

El poder de lo audiovisual

Por último, podemos comentar algo en lo que “American Horror Story” sigue siendo tan eficaz como al principio, y es que técnicamente es impecable. Los aspectos más destacados en mi opinión son la banda sonora y la forma de dirigir los capítulos.

La banda sonora, quitando los números musicales que comentábamos anteriormente y centrándonos en la parte extradiegética de la misma, es realmente buena, a la par que original, funcionando a la perfección tanto en los momentos de tensión y horror como en los más emotivos, independientemente de que ésto esté desmedido. Pero la música cumple a la perfección, siendo una de las partes que se mantienen intactas y a la que es difícil sacarle algo negativo.

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Lo mismo para la dirección, que sigue siendo muy diferente a lo que vemos habitualmente, utilizando algunos movimientos de cámara realmente acertados y poco convencionales, o pasando escenas en blanco y negro al más puro estilo del cine de terror antiguo. La pena es que esta temporada ofrece momentos de horror con tanta escasez que la dirección termina siendo más convencional de lo normal. Sin embargo, es justo decir que en lo audiovisual, “American Horror Story” sigue cumpliendo.

Conclusiones

“American Horror Story: Freak Show” es una decepción mayúscula, que demuestra a los que pensábamos que “Coven” era lo más bajo que podía caer la serie que estábamos muy equivocados. Lo bueno es que, pese a que ahora quieran que creamos que todo está conectado, hasta el momento las temporadas funcionan como historias independientes, por lo que se puede seguir disfrutando de cada una de ellas sin necesidad de verlas todas.

La serie de FX se despide hasta dentro de unos meses, con la seguridad de volver para una temporada más, pero con la realidad de haber sido la temporada más irregular en cuanto a audiencias, y habiendo perdido a un número importante de espectadores, algo que no debe ignorar. Por lo demás, solo queda esperar por ver si la serie se estrella por tercera vez consecutiva o si opta por volver a lo que era antes.


Redactor especializado en series, además de amante del cine, la música, los cómics y la escritura.