Análisis Bladestorm: Nightmare

PC PlayStation 3 PlayStation 4 Xbox One
 

La historia está plagada de batallas que condicionaron la estructura mundial que conocemos hoy, tanto en aspectos políticos como en sociales o demográficos. Muchas guerras pasan inadvertidas, otras son descaradamente manipuladas por la influencia ganadora y algunas otras reciben nombres referentes a características de los conflictos, como el caso de El Desembarco de Normandía, La Gran Guerra o, en este caso, La Guerra de los Cien Años. Omega Forces nos muestra la parte más interna del conflicto desde la perspectiva histórica con su toque particular, claro. Bladestorm: Nightmare es la versión ampliada y mejorada del juego que surgió en 2007 para PlayStation 3, Xbox 360 y PC.

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Para ubicarnos y contextualizar un poquito la trama cabe recordar que la guerra acaeció entre los años 1337 y 1453 -en realidad duró 116 años- y fue una disputa entre los reinos de Francia e Inglaterra a raíz de problemas sucesorios y feudales. Fue una guerra intensa y encarnizada que diezmo mucha población civil y aniquiló a decenas de miles de soldados de ambos bandos.

El juego cuenta de una forma muy fiel los hechos y peripecias que ocurrieron durante el conflicto, algunas veces con cinemáticas y otras con registros documentados que se desbloquean durante el progreso de la historia. La trama, dependiendo del sesgo ideológico que se escojamos, desbloquea nuevos documentos que incrementan la información total de la guerra, eso sí, completamente en inglés. Este sesgo se puede neutralizar si optamos por alternar las misiones en ambos bandos en vez de centrarse específicamente en uno.

El poder táctico

Nuestro papel en la batalla está claro desde el principio, no somos un soldado que persigue la doctrina nacional de ningún bando; nuestros objetivos son puro materialismo, somos mercenarios. Una vez pertrechados con esta idea empezaremos creando nuestro personaje con un nivel de personalización pasmoso, pudiendo modificar desde el tamaño de los pómulos hasta la hibridez de los ojos. Una vez creado nuestro personaje empezará la verdadera acción. El centro de operaciones, por decirlo de alguna forma, es la taberna, un antro donde aceptar contratos, adquirir armamento o hablar con simpatizantes de los bandos enfrentados.

Pero la enjundia del juego son los contratos. Estos son una serie de misiones solicitadas por ambos bandos cuyos objetivos varían dependiendo de las tesituras en el campo de batalla, es decir, si un bastión está siendo duramente asaltado la misión se centrará en defenderlo, aunque podremos descentrarnos del propósito principal para realizar otras tareas que, al fin y al cabo, nos otorgarán beneficios. Las misiones se tornan monótonas por la poca variedad de tareas, pero el objetivo principal es solo un pretexto para adentrarse en el campo de batalla. Aunque la trama evoluciona cumpliendo las misiones de los contratos, estas quedan solapadas por el atractivo ofensivo que resulta adictivo y que querremos explotar al máximo en cada uno de los desplegamientos.

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La compañía encargada de desarrollar el juego es conocida por su proliferación de aventuras hack´n slash -como Samurai Warriors-. Aquí no vamos a encontrarnos con quick-time events ni con esos elementos típicos del género, ya que el juego auna tres variantes muy diferenciadas. Por un lado, y como vertiente preponderante, el factor táctico es crucial para vencer en las batallas; por otro, la capacidad de mejorar y la personalización general son cualidades genuinas de los rpg; y por último, ese tinte de hack´n slash que ameniza tanto los combates.

Nuestro mercenario liderará un pelotón homogéneo de soldados que ejercerán la función que su líder -nosotros- tenga. Si decidimos empuñar espada y escudo nuestro pelotón será una fortelza iquebrantable. Si preferimos las largas distancias, nuestro equipo será una lluvia de flechas. La clave está en alternar los diferentes tipos de pelotones para versatilizar los combates y no sucumbir ante la indefensión de las ventajas rivales. Nuestra escuadra se reforzará en función de la distribución de puntos de habilidad en los diferentes atributos.

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Como hemos dicho anteriormente, los combates son una mezcla de géneros. Principalmente rige el factor táctico que es fundamental para avanzar en la llanada y cumplir los objetivos que nos exijan, pero los combates se ejecutan con cuatro comandos básicos: un botón para atacar de una forma medianamente fluida, y otros tres para asestar golpes especiales que tienen un periodo de recuperación para aminorar la ventaja que resultaría si se pudiera abusar de ellos. Las escaramuzas son multitudinarias, llegando a converger más de quinientos soldados en pantalla, y esto acarrea dos visiones, una negativa y otra positiva. El lado negativo es el desbarajuste que impide analizar la claridad de nuestras acciones entre el gentío, pero se compensa con unas animaciones divertidas -de repente ves a docenas de enemigos volando- y espectaculares. Y como perspectiva loable destaca la estabilidad de fotogramas por segundo delante de la muchedumbre, es espectacular ver como el juego se mantiene impasible ante la ingente cantidad de elementos en pantalla, se podría decir que aquí sí que descolla la conversión a nueva generación. En general, los combates son divertidos y, en ocasiones, conviene analizar bien las estrategias para no pifiarla. Aunque la inteligencia del pelotón esté vinculada a nuestras propias decisiones, impresiona ver como las acometidas contra tropas enemigas desencadenan resultados tan admirables a la par de hilarantes. En definitiva, el sistema de combate es una garantía de diversión que atrapará hasta a los menos partidarios del género.

La guerra oscura

La coletilla que se añade al título, Nightmare, no es un sinsentido, es la principal novedad que ensalza esta remasterización. Esta gran expansión, que casi podría considerarse una secuela si no fuera por la contextualización análoga al juego original, narra los acontecimientos desde un prisma más sibilino, más apto para los acérrimos al medievo de Tolkien. En juana de arcoNightmare, Francia e Inglaterra se ven obligados a firmar una tregua para enfrentarse a una amenaza común, una horda de seres mitológicos que engloban desde cíclopes hasta magos oscuros pasando por una especie de goblins macabros. Esta aventura inédita aporta la contribución de grandes iconos de la época, como Juana de Arco, que podrán mejorar sus aptitudes con los puntos obtenidos en combate.

Esta expansión no aporta novedades significativas en lo mencionado anteriormente, mantiene la misma mecánica de combate y el mismo sistema de habilidades. La principal novedad es el modo cooperativo que nos permite enfrentarnos a la amenaza junto a otro jugador. Otras novedades remarcables son la leve mejora en la inteligencia artifical de los enemigos -pero no en la de los aliados- y una dificultad más definida. Además, el terreno adquiere una visión más lóbrega cubierta por la totalidad de la penumbra, efectos que entonan con la temática impuesta.

En definitiva, esta expansión le ofrece un aire más innovador al juego y altera la historia real para focalizarla a un público más aferrado al medievo ficticio.

  

Valores técnicos

En lo que respecta al aspecto técnico el juego adolece de los mismos defectos que sufrió la primera versión, pero con gráficos más renderizados y optimizados sin llegar al máximo potencial de las consolas de última generación. Una característica reseñable es la ausencia de clipping, por lo que los cadáveres suponen un obstáculo a la hora de avanzar. Algo que reincide con la versión de 2007 es la presencia de popping -las texturas se cargan al horizonte mientras nos movemos-, pero se justifica dada la basta inmensidad del mapa. Otro problema presente es el común en este estilo de juegos: la simetría facial de los npc que se disimula en los guerreros con yelmo pero se aprecia en los contendientes con la cabeza descubierta, como los arqueros. Cabe destacar que, aunque el mapeado resulta ecléctico dada la variedad de elementos disponibles, sí que destaca la ausencia de más vegetación, quizás una frondosidad más notoria hubiera incrementado aun más el barniz táctico a la vez del aliciente visual. Sin embargo, lo más descollante en este aspecto es lo que hemos mencionado anteriormente, la estabilidad de fps, una proeza plausible y, porqué no decirlo, necesaria en este tipo de juegos.

La traza sonora es, simplemente, sublime. El juego está dotado de una acústica épica que repite la sonoridad de la primera edición que ya cuajó muy bien. La recreación de las batallas, así como el repiqueteo de las armas colisionando, están muy bien logrados.

Conclusión

Más que una remasterización es una actualización que incluye la jugosa novedad del modo Nightmare ofreciendo cotas de diversión para los más desconfiados del género mientras sigue acrecentando el entretenimiento de los fans primigenios. El juego plantea un equilibrio idóneo en cuanto a combates, mezclando géneros aparentemente muy dispares que acaba resultando una fórmula adictiva y entretenida. El principal defecto del título es la reincidencia en los aspectos que defraudaron en la versión de 2007 y que, después de 8 años, no han sabido subsanar. Gráficamente mejorado y con una estabilidad en los cuadros por segundo digna de elogio pero con imperfecciones agravadas tras el salto de generación, este juego sabrá satisfacer a los asiduos del género y, gracias a su sistema de combate innovador y ameno, atraer a un público más escéptico que disfrutará de un juego bastante entretenido.


Positivo

  • Un modo de juego inédito apto para un público más exigente
  • Una buena estabilidad de imágenes por segundo
  • Un sistema de combate original y divertido
  • El añadido cooperativo

Negativo

  • El juego está completamente en inglés
  • Fallos gráficos inexplicables para la nueva generación
  • Misiones monótonas y redundantes
  • La ausencia de más novedades que justifiquen su elevado precio
  • Poder confundirse entre la inexactitud de las acciones en las batallas campales
6.9

Jugable

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