Análisis The Walking Dead Temporada 5

La serie de AMC sigue su camino con altos y bajos

 

 Esta misma semana hemos dicho adiós a la quinta temporada de “The Walking Dead”, la cual se despidió batiendo récords de audiencia, algo que prueba que la serie sigue teniendo mucho tirón y que la gente sigue pendiente del apocalipsis zombie más popular de la televisión.

Sin embargo, aunque los datos de la serie la convierten en un innegable éxito, lo cierto es que desde su segunda temporada, la opinión de los espectadores queda prácticamente dividida, y esta temporada no ha sido menos. Por lo tanto, ha llegado el momento de hacer lo propio y pasar a analizar esta nueva entrega de la serie de AMC. Allá vamos.

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Sin pausa pero sin prisa

Si tuviéramos que definir el estilo de “The Walking Dead”, más allá de hablar de los zombies, las escenas de sangre, y demás, la expresión que podríamos usar sería “sin pausa pero sin prisa”. La serie se toma las cosas con mucha calma, quizás excesiva, y guste más o guste menos, viene siendo marca de la casa desde que las temporadas son “largas”, es decir, desde su segunda temporada. Mucho ha llovido desde entonces y el que ha llegado hasta aquí ya sabe lo que viene a ver (o debería), y por supuesto, esta quinta entrega de la serie ha seguido manteniendo esto que comentamos de forma intacta.

Sin embargo, una cosa es que sea una parte de la identidad de la serie y otra cosa es que se emplee adecuadamente. ¿Lo consigue “The Walking Dead”? Habrá muchas opiniones al respecto. A algunos les encanta y otros no lo soportan, pero probablemente no sea ni tan blanco ni tan negro. “The Walking Dead” es una serie que igual se marca un episodio sin ningún tipo de acción o escena frenética y totalmente dedicado a sus personajes, que te da un capítulo de esos que quitan el aliento, y lo cierto es que suele ser bastante buena en ambos escenarios. Pero quizás no sea ahí donde está el problema principal.

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El problema que tiene “The Walking Dead” en ocasiones es que no sabe dosificar sus dos “tipos” de capítulos, y prueba de ello es esta quinta temporada. Ésta empieza con tensión, con una escena tan macabra como atractiva, con nuestros protagonistas al borde de la muerte (una bastante horrible, dicho sea de paso), y de hecho, la temporada empezó con muy buen pie, manteniendo en cierta medida esta tensión y emoción durante sus tres primeros capítulos, gracias a la trama de Terminus y sus caníbales, que parecían ser candidatos al puesto de gran amenaza de, al menos, la primera mitad de la temporada. Pero nada más lejos de la realidad, ya que esta trama se cierra en el tercer capítulo de la temporada, y dicho cierre obligaba a la serie ha buscarse otra gran trama en cinco episodios, para darnos un final de midseason a la altura.

A partir de ahí, “The Walking Dead” juega con el misterio, con esa escena en la que Daryl vuelve sin Carol y acompañado de una figura que no llegamos a ver, levantando todo tipo de especulaciones por parte del inocente público del que formamos parte. Y el primer error de la temporada quizás sea el de crear tanta expectación ante un misterio que realmente no era para tanto. De esta forma, se nos introduce de forma indirecta la que va a ser la trama de aquí al final de midseason, aunque de manera intermitente: el Hospital Grady de Atlanta.

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A partir del final de los caníbales de Terminus, la serie empieza un recorrido de capítulos más pausados, centrados en los personajes. Y lo cierto es que, como comentábamos antes, “The Walking Dead” lo sabe hacer muy bien, pero quizás falla en repartir estos capítulos. No puede ser que la temporada empiece de infarto y luego caiga en una sucesión de tres o cuatro capítulos en los que apenas se avanza en la trama (que recordemos ahora es el Hospital), porque aunque un servidor disfruta también de estos capítulos, entiende a la perfección que esto haga que a mucha gente le cueste engancharse, porque directamente hay poco a lo que engancharse. Por lo tanto, el problema de “The Walking Dead” no es que tenga capítulos centrados en la psicología de sus personajes, sino que no sabe hacer dos cosas a la vez. Porque sí, mucha gente dice que es lenta, pero visto está que a la gente no le molesta la lentitud si la sabes conjugar bien con una trama que enganche, véase “Breaking Bad” o “Banshee”, por citar algunos ejemplos.

Otro de los puntos donde flaquea esta primera mitad de la temporada es en la trama escogida para ser la principal, que simplemente no está a la altura de otras vistas anteriormente, como la del Gobernador o, sin ir más lejos, los caníbales de Terminus. Y es que hay que volver inevitablemente a éstos. Los mencionados caníbales podrían haber sido una amenaza, además de terrorífica y diferente a lo visto anteriormente, que sin duda podría haber estado a la altura. Cuando esto se zanja en los primeros episodios, uno puede pensar que quizás sea mejor así, en lugar de estirarlo más. Pero cuando vemos que la otra opción que se postula como colofón de la primera mitad de temporada es la del Hospital… sencillamente queremos a los caníbales de vuelta. Porque ni los habitantes del Hospital son tan malos ni son tan peligrosos como nos intentan hacer creer al principio con esa ambigüedad, y está claro que ni los propios guionistas se creen a estos individuos como gran amenaza, porque ni se las ingenian para hacer que pongan a Rick y los suyos en apuros, y de hecho, desemboca en una de las muertes más forzadas de toda la serie: la de Beth.

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Otro de los cartuchos de los que la serie se deshace es de una posible resolución, y hablamos de la posibilidad de una cura en Washington. Porque sí, la serie tiene éxito, el cómic a día de hoy sigue saliendo de forma periódica y la gente quiere más de esta serie de zombies, pero lo cierto es que estando en la quinta temporada, tampoco vendría mal ir pensando en dónde va a terminar todo, y sin duda, la posibilidad de una cura era algo que la serie podría haber aprovechado en un futuro. Sin embargo, no podemos decir que la jugada no haya sido buena y perfectamente manejada, primero porque da a Eugene un trasfondo como personaje y además uno muy lógico y bien pensado, ya que, al fin y al cabo, Eugene hace lo que hacen todos: usar sus mejores armas para sobrevivir, como él claramente explica. Y por otro lado, la jugada es buena porque llega en un momento en el que nosotros también nos habíamos creído que había una cura, por lo que en cierto modo, somos Abe, y podemos comprenderle a él también, a lo que ayuda que nos hayan contado algo de su historia anteriormente.

Aunque la primera mitad de temporada fue algo irregular en ese sentido y no supo presentar una trama que estuviera a la altura, por suerte, la segunda mitad fue otra cosa muy distinta. La serie regresó fuerte dejándonos un capítulo de esos centrados en personajes pero que es la prueba de lo bien que se le dan a “The Walking Dead” ese tipo de capítulos, y que además sirvió para despedir con un señor capítulo a Tyreese, (cuya muerte, aunque es totalmente distinta al cómic, consigue captar el impacto que tuvo la misma en las viñetas) en cierto modo redimiéndose de la forzada muerte de Beth. Y es que cuando un personaje se va con una muerte bien planteada, sin duda duele menos su pérdida.

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Tras este capítulo de despedida para Tyreese (con cameos tan agradecidos como el del Gobernador), la serie se embarca en una nueva trama, que  dará juego tanto de cara al resto de esta temporada como para el futuro. “The Walking Dead” plantea un escenario diferente a otros anteriores, y nos dejan ver cómo sería la idea de la “reinserción” para los supervivientes de este apocalipsis. ¿Puede gente como Rick y los suyos volver a ser lo que eran antes? Y por consiguiente, ¿existe alguna posibilidad de que el mundo vuelva, a largo plazo, a la normalidad? La serie apuesta por una respuesta negativa, y lo hace a través de sus personajes, los cuáles quedan divididos en cuanto a opiniones se refiere sobre un posible futuro en la Zona Segura de Alejandría. Y lo cierto es que al final, tanto los que veían una oportunidad de prosperar allí como los que no, acaban viendo que el mundo ha cambiado se mire por donde se mire, y que intentar hacer como si nada e intentar llevar una vida normal no es la respuesta, porque al final la cruda realidad volverá y les pillará a todos con la guardia baja. Esta vez no hay un villano al que enfrentarse, no hay un grupo rival con el que medirse. No, esta vez los enemigos son ellos mismos, y en varios sentidos, ya que desde que el grupo de Rick llega a Alejandría no se deja de respirar esa sensación de que los villanos son ellos mismos, los que, al igual que hizo el Gobernador con la prisión, han llegado a una zona segura ajena a arrebatársela a sus habitantes. Y por otro lado, ellos son su propio enemigo a batir porque tienen que hacer que los habitantes de Alejandría reaccionen y entiendan que hay que estar alerta, aunque crean estar seguros, por duro que sea enfrentarse a la realidad de que puede que las cosas no vuelvan a ser lo que eran antes.

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En general, la segunda mitad de temporada avanza de manera mucho más lógica y sólida que la primera mitad de la misma, y lo que es más importante: avanza hacia una dirección real, y cada capítulo supone un paso más en el camino para llegar a un objetivo, por lo que, aunque no haya acción excesiva ni efectismos varios, los últimos ocho capítulos transcurren de forma mucho más fluida y por tanto se hacen menos pesados. Por no mencionar que la serie mejora y mucho cuando el grupo protagonista está junto y no desperdigado. La consistencia se nota y mucho.

Si hubiera que ponerle alguna pega a esta segunda mitad de temporada es que hay algunos personajes que prácticamente desaparecen, como el caso del Padre Gabriel, que es quizás el más descarado, ya que llega a estar ausente durante varios capítulos, y ni siquiera se le ve en alguna de las reuniones o celebraciones de Alejandría. Sin embargo, hay que destacar otro punto a favor de esta segunda mitad de temporada, y es que no se da lo que comentábamos al principio: la serie consigue profundizar en los personajes y hacer avanzar la historia por igual, y además sin la necesidad de dedicar un capítulo entero a un personaje o dos, como pasó la temporada pasada, lo que prueba definitivamente que si se quiere se puede.

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Hay que reconocer que “The Walking Dead” ha sido una serie bastante irregular en sus finales de temporada y midseason, ya que ha sido capaz de darnos en ocasiones finales de midseason mucho más satisfactorios y completos que los finales de temporada, como pasó en la tercera y cuarta temporada. Sin embargo, este año podríamos decir que ha sido al revés.

El último episodio de esta quinta temporada, “Conquer”, partía de frenético final del penúltimo episodio, y llegaba todo lo que se había estado preparando desde hacía varios capítulos, además de llegar a una conclusión para otras historias como el distanciamiento de Abe y Eugene, o los cambios que sufre Sasha a partir de perder a sus personas más cercanas en un breve espacio de tiempo.

Como comentábamos antes, no hay un gran villano al que eliminar, ni una gran amenaza, pero los hechos son lo suficiente interesantes como para que queramos verlo, y aunque no sea el final de temporada más espectacular de la historia, lo cierto es que cumple con creces, y además se agradece que no tiren por los efectismos típicos como que muera un personaje de los importantes solo para intentar buscar la exaltación del espectador de forma fácil. En el episodio hay acción, hay tensión, hay zombies, hay conclusión y evolución para algunos personajes, hay cambio, y también hay tiempo para el regreso de Morgan y la introducción de los Wolves, siendo estos dos últimos elementos bastante aprovechables de cara a la sexta temporada.

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Por tanto, tenemos un final de temporada algo atípico pero que desprende aire a final de ciclo y reniega de tirar por lo fácil. Además, cabe destacar que, en mayor o menor medida, todos los personajes principales forman parte de este final, lo cuál se agradece y mucho, porque le da mayor consistencia a esta segunda mitad de temporada, dando comienzo, desarrollo y un relativo final a lo planteado anteriormente, a la vez que se introducen posibles tramas para la nueva tanda de episodios.

Sin embargo, hay que destacar que muchos pueden haber sido víctimas de las expectativas. Como muchos habréis comprobado en ocasiones, las expectativas desmedidas nunca son buenas y hay que intentar controlarlas. El problema viene cuando te venden algo y aumentan tus expectativas deliberadamente, que fue lo que hicieron los encargados de “The Walking Dead” con sus seguidores, hablando de muertes impactantes para el final de temporada, y hablando de éste como si fuera a ser el punto álgido de la serie (mención aparte a los prometidos 90 minutos de capítulo final que quedaron en una hora aproximadamente). Ante esto, es probable que muchos hayan quedado decepcionados con el final de temporada, ya que éste no es, como ya hemos dicho, un final al uso, y ésto mismo se notará más tras “venderlos la moto” en tantos sentidos.

 Nosotros somos los muertos vivientes

walking-dead-imageSi alguno ha tenido ocasión de leer los cómics en los que se basa la serie, o parte de ellos, recordará probablemente ese momento en el que Rick suelta un monólogo que finaliza con la frase “We are the walking dead” (“nosotros somos los muertos vivientes”), y que sin duda recoge muy bien la idea tanto del cómic como de la serie, y de hecho, en el duodécimo episodio de esta temporada, el propio Rick dice una frase muy parecida que, aunque en un contexto diferente al del cómic, viene a significar lo mismo: ellos son los muertos vivientes, no los zombies, lo que explica a la perfección la evolución de los personajes, especialmente aquellos que han llegado desde la primera temporada con vida hasta este punto.

Rick Grimes ha pasado por casi todos los puntos posibles. Lejos queda ya aquel sheriff confiado que abría las puertas de su familia de supervivientes a todo el mundo, y no nos podemos olvidar de que ha tenido momentos en los que ha rozado la locura de manera peligrosa. Y con todo, Rick ha llegado hasta aquí, y como pasa con la gran mayoría de los personajes de la serie, no sabríamos decir en qué momento Rick cambió, y esto se debe a la excelente forma de hacer evolucionar a los personajes que tiene la serie, y que sin duda es uno de sus puntos fuertes. Porque ahora mismo, en algunos sentidos, Rick no está muy lejos de ser un tipo como el Gobernador. Es un monstruo en muchos aspectos, y ya hemos visto que no hay atisbo de esperanza que lo vaya a apartar de eso. Sin embargo, también podemos ver cómo esa parte se mezcla con lo que pueda quedar del antiguo Rick cuando le vemos totalmente en contra de permitir que se produzca un caso de violencia de género en Alejandría (lo que irónicamente se contrapone con una postura totalmente opuesta por parte de la gente supuestamente civilizada de la Zona Segura). El personaje está bien llevado desde el principio de la serie, pero por desgracia, Andrew Lincoln no está a la altura del mismo cuando tiene que estarlo. Esto no quiere decir que su actuación sea mala, es simplemente aceptable, correcta, pero sin duda el personaje le exige en ocasiones algo más, como en la escena final del penúltimo capítulo cuando Rick suelta su discurso a los presentes, y Lincoln no alcanza para tanto. Es triste pensar en lo infinitamente más poderosas que habrían quedado esas palabras si detrás hubiera una actuación mucho más capaz que la del actor. Sin embargo, y como ya hemos dicho, por lo general el actor cumple, pero sin destacar.

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Siguiendo con Daryl, probablemente sea uno de los personajes que menos ha evolucionado desde el principio de la serie, o mejor dicho, al que menos se le han notado los cambios, porque sí que ha cambiado, siendo su cambio más significativo cuando tuvo que tomar la decisión de apoyar a Rick antes que a su hermano allá por la tercera temporada. Pero Daryl es un personaje que no expresa sus cambios internos fácilmente, y en realidad está bien, porque rompería con el personaje de forma excesivamente drástica. Sin embargo, Daryl sufre por la muerte de Beth, Daryl se preocupa por Carol, Daryl quiere proteger a los suyos. En esta temporada, lo hemos visto también fuera de su hábitat natural, especialmente en la segunda mitad de la temporada, donde se presentaba sin lugar a dudas como un opositor al cambio. Sin embargo, gracias a Aaron, el cuál consigue conectar con él en cierto modo, vemos cómo el personaje, sorprendentemente, se abre a la posibilidad de un cambio, se abre a la esperanza. Y eso en un personaje como Daryl es mucho decir. Norman Reedus está bastante acertado en su papel. No nos deja la actuación del siglo, pero el actor ha demostrado estar a la altura de su personaje en todas y cada una de las situaciones en las que los guionistas han decidido ponerle. ¿Qué más podemos pedir?

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Glenn es otro personaje que poco o nada tiene que ver con el que era anteriormente. De habilidoso ex pizzero a superviviente nato y con capacidades de liderazgo, Glenn ha demostrado que pese a haberse endurecido sigue siendo humano, y todo esto mezclado hacen que pueda valerse por sí solo sin la necesidad de estar a la sombra de Rick, como sí parecía antaño. De hecho, no tiene reparos a la hora de separarse de él si tiene unas convicciones diferentes a las del antiguo sheriff. Su relación con Maggie ha sido algo dejada de lado esta temporada, y mientras que en anteriores temporadas aportaban algo de humanidad y ese toque algo más “pasteloso” a la serie, en esta entrega ha sido un poco menos intensa para pasar a mostrar otras cosas, y quizás sea de agradecer. En cuanto a la compañera de Glenn, Maggie es un personaje que, si bien nos cae simpático, tampoco podemos decir que sea uno de los grandes pilares de la serie. Quizás sea uno de los personajes que menos ha cambiado, o mejor dicho, quizás sea uno de los personajes cuyos cambios menos hayan trascendido o interesado al espectador, porque mirando en retrospectiva no son tan remarcables como los de los otros personajes mencionados anteriormente. Steven Yeun en su papel de Glenn sigue siendo convincente, y echando la vista atrás, vemos que sabe desenvolverse tanto en el papel del antiguo Glenn como en el del nuevo, que son muy diferentes. Lauren Cohan como Maggie está correcta, creíble, pero sin destacar especialmente.

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Sin duda, si hay que mencionar al que hoy por hoy es el personaje femenino por excelencia de la serie, sin duda es Carol. Ella es una de los pocos que nos acompañan desde el principio de la serie, y probablemente si volviéramos a ver la primera temporada de “The Walking Dead” hasta nos costaría creer que estuviéramos viendo al mismo personaje. De mujer maltratada, indefensa y asustada por todo a mujer a la que temer en menos de cinco temporadas, Carol se ha ganado a pulso el crecimiento de su protagonismo. La serie nos ha regalado una excelente evolución del personaje desde el principio hasta el último capítulo de esta temporada, lo que nos deja no solo al mejor personaje femenino de la serie, sino a uno de los más interesantes de todo el elenco. Imaginarse “The Walking Dead” sin Carol es algo que es mejor evitar. Melissa McBride está a la altura de las circunstancias y nos regala una de las actuaciones más destacables del elenco principal.

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Otro personaje femenino que es casi imposible que no nos guste es Michonne, que si os acordáis comenzó sus andanzas por la serie teniendo que probar que era de fiar y merecedora de entrar al grupo, y a día de hoy es una de las personas de confianza de Rick (y es mucho decir). Y es que, Michonne, como ya hemos visto, es capaz de demostrar su aprecio por Rick tanto poniéndose de su lado como reduciéndole para que no cometa una estupidez. La evolución del personaje quizás ha sido menor en el apartado personal, pero sin duda sigue siendo un componente querido y apreciado tanto dentro como fuera de la serie. Aunque tras la llegad a Alejandría se ciega un poco ante la promesa de la esperanza, vemos cómo al final del último capítulo ella acepta que, aunque haya esperanza, eso no implica que haya que bajar la guardia, retomando esa ansiada katana que tanto hemos echado de menos últimamente. Danai Gurira cumple por lo general como Michonne, pero tampoco de forma destacable.

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Carl Grimes es un personaje al que, sin duda alguna, han sabido encauzar de buena manera. En las últimas temporadas, Carl corría un serio riesgo de ser uno de esos personajes a los que no podemos ver ni en pintura. Estuvo a punto de ser realmente insoportable, pero por fortuna, en esta temporada han sabido redirigir al personaje y moderar un poco esas ansias de hacerlo tan “badass”, y conjugándolo un poco mostrando la faceta de carlniño que aún tiene Carl ante el descubrimiento del “primer amor” e interactuando con otros chicos de su edad en un entorno relativamente normal. Lo que es innegable es que Carl nunca ha sido uno de esos personajes jóvenes que aparecen en abundancia en cine o televisión y que se dedican a ser un estorbo, esa persona que el protagonista de turno tiene que proteger y por la que siempre acaba exponiéndose a más peligro del que debería. Carl es lo suficientemente independiente como para que Rick no tenga que llevarlo de la mano a todas partes, y eso se agradece, porque si no, a día de hoy, se habrían repetido seguramente muchas escenas del tipo que comentamos. El personaje ha sufrido una gran evolución y, a pesar de ese riesgo de caer en lo insoportable, es probablemente la prueba más clara de la pérdida de la inocencia por culpa de las circunstancias. Chandler Riggs está bastante bien en el papel, y se nota que cada año crece como actor, mejorando un poquito según pasan las temporadas. Sin duda, algo admirable.

Sasha es otro de los personajes que también hemos visto cambiar más drásticamente esta temporada, como ya comentábamos antes. Todo a partir de perder a Tyrese y a Bob, lo que la han hecho caer en una espiral en la que se ha perdido de forma abrumadora y de la que parece salir al final de la temporada en cierto modo. Cabe destacar que en realidad se ha sido bastante ambiguo con la historia personal que ha vivido Sasha, por lo que todo queda un poco a la interpretación que le quiera dar cada uno. Pero sin lugar a dudas, por lo que ha pasado Sasha es una de las mejores subtramas personales de esta temporada. Sonequa Martin-Green está bastante acertada en su papel, convincente en todo momento, y capaz de parecer tan fuerte como vulnerable al mismo tiempo. Esperemos que sepan seguir aprovechando al personaje en el futuro.

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A partir de aquí, podemos mencionar a otros personajes que, aunque estén en el elenco principal, no tienen tanta miga que comentar. Se agradece que en esta temporada se haya arrojado un poquito de luz sobre el pasado de Abe y cómo se encuentra con Eugene, así como todo lo que hemos comentado anteriormente de estos dos. El Padre Gabriel, por otro lado, parece dispuesto a hacerse con el papel de nuevo personaje más odioso, si es que no lo ha conseguido ya (Lori, te ha salido competencia). Es un personaje cuya historia y motivaciones probablemente podrían dar más de sí, y quizás así lo entendiéramos más y mejor, porque ahora mismo, sus últimas acciones dejan mucho que desear y da la sensación de que la única motivación detrás de esto es fastidiar al personal. Pero sin duda, el personaje nuevo de esta temporada más destacable ha sido Aaron, que pese a su breve aportación (hablando en general), lo cierto es que consigue ganarse la aceptación del espectador una vez visto que sus intenciones no son malas y que no hay que desconfiar de él, y si todo va según lo previsto, debería convertirse en un personaje clave de lo que está por venir. Ross Marquand está muy correcto en un papel que aún no ha tenido tiempo de desarrollar. Promete también su actuación para el futuro.

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En general, “The Walking Dead” cuenta con buenos personajes, producto de saber cómo desarrollarlos de forma excepcional, y tiene un reparto bastante correcto, aunque sin actuaciones especialmente destacables. Probablemente, una inyección de calidad en su reparto no le venga mal de cara a la sexta temporada, así como potenciar especialmente los personajes que cuenten con mejores interpretaciones.

Perfectamente horrible

Es prácticamente innegable que una de las partes fuertes de esta serie es el apartado técnico, que rezuma calidad, como casi todo lo que hace el canal AMC, lo que sin duda eleva el resultado final de cada capítulo.

“The Walking Dead” brilla especialmente en el apartado de maquillaje, que es algo que, tras cinco temporadas, no nos sorprende, pero que hay que seguir valorando. Pero no solo de eso vive el apartado técnico de la serie, ya que los capítulos están rodados con una exquisitez y un cuidado remarcables, además de que la dirección se sabe adaptar tanto a los capítulos de corte personal y emotivo centrado en los personajes como en los capítulos más frenéticos, manejando la tensión y la acción igual que se manejan las emociones de los personajes. La fotografía también es más que solvente y atractiva, aunque sin ser revolucionaria, ni mucho menos.

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La banda sonora también es uno de los puntos fuertes de la serie, tanto los temas de bandas que usan como las piezas musicales que componen para la serie, como por ejemplo, esa música tan acertada tras la muerte de Beth, cuando Daryl sale con su cadáver en brazos mientras Abe, Maggie y los demás llegan (momento especialmente bien rodado, dicho sea de paso). En cuanto a los temas externos que usa la serie, también suelen ser muy adecuados y bien empleados, desde el “Struggling Man” de Jimmy Cliff interpretado por la actriz Emily Kinney (Beth en la serie) hasta canciones totalmente diferentes como el “You Better Run” de Junior Kimbrough pasando por el “Love & Mercy” que usan los Wolves para atraer a los caminantes.

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Conclusiones

Un año más, “The Walking Dead” se despide sin haber conseguido satisfacer a todos los fans, o al menos a la mayoría de ellos. Una temporada algo irregular, con cosas que solucionar, ha hecho que los seguidores vuelvan a quedar divididos. Lo bueno es que, pese a los fallos, la serie ha demostrado que puede hacer las cosas bien si quiere, así que ahora es solo cuestión de planteárselo como gran objetivo para el año que viene.

¿Ha sido mala esta entrega de la serie? No, ni mucho menos, pero sin duda no ha sido todo lo buena que ha podido ser. “The Walking Dead” tiene elementos muy explotables, y solo se le pide que los use en proporción para lograr ser la serie redonda que puede ser. Muchos la critican hasta la saciedad y muchos otros la ponen en un altar, y probablemente no sea ni lo uno ni lo otro, aunque depende de la serie hacia que lado decantarse.

Por nuestra parte, queda todo dicho. Ya solo queda esperar a la sexta temporada, que llegará el próximo mes de octubre, para ver hacia dónde va la temporada y con qué van a intentar sorprendernos esta vez. Ahora es vuestro turno de opinar. ¿Qué os ha parecido la quinta temporada de “The Walking Dead”?

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Redactor especializado en series, además de amante del cine, la música, los cómics y la escritura.