Star Wars: Los Últimos Jedi es uno de los mejores episodios de la saga

Star Wars – Episodio VIII: Los Últimos Jedi

Star Wars: Los Últimos Jedi es uno de los mejores episodios de la saga

Ante las críticas, hechos

Star Wars: Los Últimos Jedi es uno de los mejores episodios de la saga
 
 

NOTA: Este escrito trata solamente de una opinión personal del autor acerca de “Star Wars: Los Últimos Jedi”. En ningún caso representa la opinión de la revista Areajugones ni tan siquiera tienen por qué sentirse identificados el resto de miembros de la revista.

Comienzo estas líneas dejando claro lo evidente: “Star Wars: Los Últimos Jedi” no es una película perfecta. Tiene errores ciertamente notables, y cito como ejemplos más esplendorosos el humor Marvel que ha decidido introducir Disney en Star Wars y que creo que debe dejar de ser tan marcado, así como ESA escena de Leia que, aunque arriesgada, a mí personalmente tampoco me ha convencido. Tampoco considero que la película sea la entrega más redonda de la saga galáctica, pero tras echar un vistazo a los comentarios que recorren las redes sociales, creo firmemente que tengo argumentos suficientes para rebatir a aquellos que la tildan de “la peor película de Star Wars”. De hecho, no sólo considero que esto está lejos de ser cierto sino que, por el contrario, creo que este octavo episodio debe ser posicionado bien alto en el top, a mi parecer junto a “Una Nueva Esperanza” y “El Imperio Contraataca”.

En los próximos párrafos voy a tratar de exponer mi postura. Por descontado queda decir que este artículo estará plagado de spoilers de la película por lo que, si todavía no habéis ido al cine a ver la obra de Rian Johnson, recomiendo dejar de leerlo ahora mismo.

Star Wars: Los Últimos Jedi es la película de la saga más arriesgada hasta la fecha

Empecemos por el principio. Parece que Johnson se tomó al pie de la letra las críticas a “El Despertar de la Fuerza”, en las que la mayoría coincidían en que era demasiado continuista, tanto en estética como en la trama, demasiado parecida al esquema argumental de “Una Nueva Esperanza.” Si en algo estaremos de acuerdo (tal vez demasiado de acuerdo) es en que “Star Wars: Los Últimos Jedi” lleva la acción a nuevas fronteras jamás antes exploradas, algo que ya trató Lucas de hacer con las precuelas, aunque con bastante menos acierto. La trama de este octavo episodio es completamente novedosa. Si me llegan a decir que el pretexto del grueso de la acción sería una persecución por el espacio que duraría casi todo el largo de la película habría arqueado una ceja y habría entrado al cine con recelo, pero Johnson consigue cohesionar todas las historias paralelas alrededor de la principal (que sorprendentemente conduce Poe Dameron) para que todo tenga sentido y no se haga tedioso en ningún momento.

No todo ocurre como se esperaba

Desde que se estrenó “El Despertar de la Fuerza” el 17 de diciembre de 2015 ya comenzaron a volar por la red teorías sobre cómo podría continuar el viaje de Rey. Se especuló sobre absolutamente todos los aspectos de la película que quedaron descolgados: Los orígenes de Rey, el papel de Luke en esta nueva trilogía, el destino de Finn tras quedar en coma, la evolución de Kylo Ren como personaje… Puedo decir con seguridad que lo que finalmente ocurre en la película es algo que jamás habría imaginado. A lo largo de este artículo citaré algunos ejemplos, y seleccionaré los que me han parecido más ilustradores de lo que comento.

Los personajes que componen esta nueva etapa del universo de Star Wars son sin duda alguna los más humanos de toda la saga. Muchos esperaban que tras toda la ardua búsqueda de Luke Skywalker en el Episodio VII, éste recibiera a Rey con los brazos abiertos y una sonrisa en los labios. No, si Luke se exilió a los confines de la galaxia fue precisamente para que nadie lo encontrase. No había perdido la fe en la Fuerza, ni tampoco en la Resistencia. Había perdido la fe en sí mismo como maestro. Con su incapacidad de orientar a Kylo Ren durante su entrenamiento había creado al monstruo que ahora se alzaba a la cabeza de la Primera Orden. Era comprensible que tras tal fracaso se negara en rotundo a entrenar a más Jedi. Nos encontramos ante el Luke Skywalker más humano de toda la saga, con sus miedos e inseguridades, y no el Jedi superpoderoso que muchos esperaban (incluida Rey). Al tratarse del último miembro de la Orden con vida, su negativa a aceptar nuevos padawans significa el inevitable final de los Jedi. Ahora comprendemos por qué Luke cree que deben extinguirse, pues no se ve capaz de conducir a una nueva generación de Jedi.

Muchos critican que se ha “mancillado el nombre del gran Luke Skywalker“, convirtiendo a uno de los Jedi más poderosos de la historia en un ermitaño viejo, decrépito, exiliado, fracasado y humillado. Lo que personalmente creo es que esa es precisamente una de las mejores decisiones que podría haber tomado Lucasfilm, pues es exactamente lo que ya ocurrió con el poderosísimo Maestro Yoda (quien se exilió a Dagobah en “La Venganza de los Sith” tras su fracaso durante es ascenso del Imperio Galáctico) u Obi Wan, aunque este último continuó supervisando a Luke durante su retiro.




Vale, Rey llega a Ahch-To y no se encuentra con el Luke Skywalker salvador que todos esperábamos. ¿Qué hay de los demás personajes? Una de las mayores incógnitas que planteaba esta nueva trilogía era la identidad de los padres de la propia Rey. Muchos esperábamos que esto fuera revelado en “Star Wars: Los Últimos Jedi” y apostábamos por figuras como Luke, Han, Leia, incluso Snoke era una de las posibilidades. Lo que no vi en ningún lugar era lo que parecía más probable. Siempre que aparece un personaje nuevo y protagoniza una nueva entrega, tendemos a relacionarlo con alguno que ya haya aparecido, pero en ningún momento nos planteamos la posibilidad de que los padres de Rey fueran unos don nadie, unos simples chatarreros que la vendieron cuando no era más que una niña y la abandonaron en Jakku.

Durante los meses previos al estreno de “Rogue One”, de hecho, llegaron a surgir rumores que señalaban a Jyn Erso como la madre de Rey, aunque todos sabemos por qué eso fue rápidamente descartado cuando la cinta llegó a los cines. Nuevamente, no todo ocurre como se esperaba. Aún así, yo personalmente estoy convencido de que todavía no conocemos toda la verdad acerca de los orígenes de Rey (aunque Daisy Ridley ya dijo en una entrevista que quedaba bien claro durante “El Despertar de la Fuerza.”) Hay que recordar que Snoke dice que él ha sido el que ha puesto las mentes de Kylo y Rey en conexión. Sin embargo  al final de la película, después de muerto, sus mentes vuelven a conectarse.

Nos marchamos de Ahch-To para analizar los caminos que toman Poe Dameron y Finn, ahora acompañado por Rose, aunque este personaje apenas aporta nada en la primera mitad de la película y parece que está para que Finn no se marche solo. Dameron, quien yo tenía el presentimiento que iba a recibir cada vez menos atención conforme avanzara la trilogía, es el que conduce la historia que hace de puente entre la trama de Rey y Luke y la de Finn y Rose. Aunque he de admitir que el papel de la Vicealmirante Holdo no me convence del todo, creo que su aparente traición es uno de los momentos más inesperados de la película, y de esos hay muchos a lo largo de la cinta.

Lo más destacado de la historia de Finn en Canto Bight es que a diferencia de todo lo visto hasta ahora en Star Wars, todo lo que hace no sirve absolutamente para nada. Es más, su vano intento de ayudar a la Resistencia consigue todo lo contrario, desvelar a la Primera Orden su plan de marcharse del Crucero y viajar sin ser vistos hasta el planeta blanco de Crait. Si no hubiera hecho absolutamente nada y hubiera seguido las instrucciones de Holdo, es posible que la Resistencia hubiera escapado de la Primera Orden. Esa sensación de fracaso es algo que pocas veces vemos en una película de este estilo, donde los protagonistas, aunque con mayor o menor cantidad de impedimentos, siempre consiguen completar su misión.

Un ejemplo de esto es la desactivación del escudo en la luna de Endor para destruir la Segunda Estrella de la Muerte en “El Retorno del Jedi”, la desactivación del escudo en la Starkiller Base en el Episodio VII, o el robo de los planos de la Estrella de Muerte en “Rogue One”. Nuevamente, Johnson consigue crear una narrativa que rompe con los cánones y consigue sorprender. Nos introduce a los espectadores de Star Wars una nueva perspectiva, una historia en la que realmente temamos en todo momento si los protagonistas van a lograr completar la misión o, por el contrario fracasarán.

Pero las sorpresas no terminan aquí. Otro punto criticado es la escasa importancia que se le ha dado al Líder Supremo Snoke. Aunque tras el primer visionado me quedé de piedra, tras verla varias veces más he logrado amar esa escena y lo que ella significa para el futuro de la saga Star Wars. Hay que admitir que todos esperábamos que Snoke fuera el “jefe final” de la trilogía y que moriría al final del Episodio IX como ya ocurrió con el Emperador Palpatine. Johnson nuevamente rompe con todo lo establecido y coloca a Kylo Ren, a mi parecer un personaje muchísimo más complejo e interesante que Snoke, a la cabeza del Lado Oscuro en la recta final de la trilogía. Muchos se quejan también de que apenas conocemos nada de Snoke. ¿Quién es? ¿Cómo ha llegado hasta allí? ¿Cómo consigue embaucar a Kylo para atraerlo hacia el Lado Oscuro? Y mi pregunta a esas críticas es: ¿No son esas las mismas preguntas que uno se plantea cuando termina de ver la trilogía original en el año 83, pero sustituyendo a Snoke por Palpatine y a Kylo por Vader?

En ningún momento se nos dice cómo ha llegado el Emperador a liderar el Imperio Galáctico, ni tampoco cómo ha hecho que Darth Vader se convirtiera al Lado Oscuro de la Fuerza. Tampoco se explica qué fueron las Guerras Clon, o qué es lo que llevó a Obi-Wan a “matar” a su discípulo. De hecho, la revelación más importante de la trilogía original sí que es respondida (el ya mítico “yo soy tu padre”), pero en ningún momento se menciona a la madre de Luke y Leia. Todas estas preguntas fueron respondidas con la creación de las precuelas, 15 años después. Star Wars es sin duda un universo que debe ser explorado a través de muchos medios, incluyendo cómics, novelas, videojuegos… Es posible que el origen de Snoke sea desvelado en el Episodio IX, pero si eso no ocurriera, todavía quedan muchos medios por los que rellenar el vacío argumental que hay entre el episodio VI y el VII, cosa que ya ha comenzado a hacer Lucasfilm a través de la campaña de Star Wars: Battlefront II.




Debo coincidir con las críticas, pues esto no lo veo justificable, que el escaso papel que se le ha dado a la Capitana Phasma en “Star Wars: Los Últimos Jedi” es un insulto hacia su personaje y hacia Gwendoline Christie. No obstante, lo mismo opino del aclamado Boba Fett, del cual hay incluso un spin-off en preproducción. Solo con la muerte tan absurdamente cómica que le dio Lucas en “El Retorno del Jedi” me parece que no vale la pena rodar una película para contar su historia, aunque puede ser tan interesante como la de Phasma, que existe, pero novelada.

Tampoco me gusta que se haya relegado a un papel tan secundario a R2D2 en esta nueva trilogía, pues tan sólo aparece en un momento muy concreto, aunque al final su escena resulta de gran importancia, reforzando todavía más el papel de Leia en la que tristemente será la última película de Carrie Fisher. Lo mismo opino de Chewbacca en esta nueva entrega, aunque en “El Despertar de la Fuerza” ya contó con un gran protagonismo junto a Han.

Una proeza audiovisual

Esto sí que es un hecho que no debe tener discusión posible: “Star Wars: Los Últimos Jedi” es la película más espectacular visualmente de la toda la saga. Lo que probablemente será sorpresa para muchos, es que no hablo de lo realista de sus efectos especiales o de la calidad de la imagen. Si algo estaba asegurado con esta entrega es que, con el presupuesto que tiene Disney todos esos apartados estarían más que cubiertos. La película muestra en pantalla algo que no lo hace el dinero, sino el exquisito ojo de su director para crear las escenas de la película. Voy a comentar algunos momentos concretos de la película para ilustrar a lo que me refiero.

Una de las escenas que me pareció más espectacular, ya no de esta película, sino de las que he visto en años, es el momento en el que la Vicealmirante Holdo da la vuelta al Crucero de la Resistencia para estrellarlo a la velocidad de la luz contra la nave de Snoke. El momento en el que toda la sala se queda en absoluto silencio y tan sólo se ve un resplandor desde distintos ángulos, es simplemente mágico. Otro momento parecido sucede al principio de la cinta, cuando los bombarderos de la Resistencia caen uno tras otro y, con la imagen ralentizada y el sonido apenas audible, la hermana de Rose consigue alcanzar el interruptor y liberar las bombas que la conducen a su muerte.

Muchos han comparado la batalla de Crait con el planeta helado de Hoth y, aunque debo admitir que yo también pensé lo mismo cuando la vi por primera vez en el tráiler, no creo que sea así. El toque de la cobertura de sal sobre el suelo rojizo crea un efecto visual increíble conforme avanzan las decrépitas naves de la resistencia, que necesitan de un monoesquí para mantenerse estables, dejando la huella de su recorrido estampada sobre el blanco de Crait. Todo funciona tanto argumentalmente como estéticamente. Cuando finalmente termina el enfrentamiento con las tropas de la Resistencia, la Primera Orden consigue romper la puerta y aparece Luke Skywalker sobre ese manto rojo extendido sobre el blanco, simulando al héroe se alzado de pie sobre la sangre de sus aliados.

Otro de los momentos  de “Star Wars: Los Últimos Jedi” donde cada fotograma podría ser enmarcado en un museo es el “enfrentamiento” entre Luke y Kylo Ren, que regala a nuestras retinas algunas de las imágenes más espectaculares de toda la saga Star Wars.

Una película que va más allá de la pantalla




No, no me refiero al efecto 3D que proyectan algunas salas de cine cuando hablo de “ir más allá de la pantalla.” Hablemos primero de la escena de Yoda y de su importancia en esta trilogía y en nuestras vidas. Tenemos que asumir lo inevitable, aunque ostenta el subtítulo de “Episodio VIII” , muchos niños que vayan al cine hoy en día lo harán habiendo partido su viaje galáctico desde “El Despertar de la Fuerza” y es probable que desconozcan por completo la historia de Luke Skywalker en la trilogía original. Esto Disney lo sabe, y ¿qué mejor forma de introducir a un futuro Luke convertido en fantasma introduciendo a Yoda en “Star Wars: Los Últimos Jedi” y explicando cómo funciona esta “guía espiritual” que tanto usó Obi-Wan con el propio Luke? Esa es la teoría que yo personalmente defiendo, aunque puede que finalmente no veamos a Mark Hamill en el Episodio IX. Además, la escena de Yoda sirve como crítica a las religiones, tan obsesionadas con seguir al pie de la letra sus textos sagrados que quedan ciegas a lo que realmente importa. ¿Quién mejor que Yoda para destruir el árbol de la Orden Jedi y explicarle a Luke que la Fuerza no se aprende de unos tomos incomprensibles, sino saliendo y descubriéndola en el mundo?

Como ese, hay decenas de momentos en la película, pero voy a destacar otro aspecto que me parece interesante. El propio equilibro que sostiene a la Fuerza, en todos los escenarios de “Star Wars: Los Últimos Jedi” están representadas de alguna forma la Luz y la Oscuridad. En la persecución espacial está el Crucero de la Resistencia y la Nave de Snoke, en la isla de Ahch-To está la superficie, donde se halla la esperanza, que es Luke, así como literalmente la luz de los soles y la caverna bajo la superficie, inmersa en las tinieblas y en la oscuridad. Este lugar oscuro es contrario al lado luminoso de la Fuerza, pues nos muestra una Rey encerrada en sí misma. Es desde ahí donde el lado Oscuro llama a Rey para mostrarle lo que ella más teme conocer, su origen. En Canto Bight está el deslumbrante casino, pero también las celdas y sobre todo los “establos”, donde se abusa de los niños y de los animales. También está Crait, que tiene un blanco luminoso en la superficie, pero bajo esa capa de sal está el rojo de la sangre, así como las cavernas de cristal rojo por las que pasa el Halcón Milenario.

Repleta de elementos nunca vistos

La escena en la que Leia es lanzada al espacio para luego regresar a la nave usando la Fuerza no me terminó de convencer, pero eso no quita que Johnson realmente tratara de introducirnos (con mayor o menor acierto) un uso totalmente nuevo de la Fuerza. La General Organa es, al fin y al cabo, una Skywalker, por lo que es lógico que también pueda hacer uso de tal poder. No obstante creo que deberían haberlo mostrado de forma menos exagerada y sobre todo más gradual desde “El Despertar de la Fuerza”. Igual de interesante es ver cómo “Star Wars: Los Últimos Jedi” trata de expandir todavía más el vasto universo que ya conocemos, mostrándonos una Fuerza “renovada”.

Y es que ese no es el único ejemplo. El clímax de “Star Wars: Los Últimos Jedi” ocurre cuando Luke se proyecta en Crait usando la Fuerza para retener a Kylo Ren el tiempo suficiente para que lo que queda de la Resistencia huya por los túneles. De nuevo otra forma nueva de ver la Fuerza, pues se va introduciendo al espectador poco a poco, a través de las conexiones entre Kylo y Rey, a la increíble dificultad de proyectarse en otro lugar. Kylo lo hace cuando ambos se tocan las manos en Ahch-To, aunque tan solo durante unos breves segundos y sin requerir excesivo esfuerzo. Así como al hecho de que hacerlo por un tiempo prolongado probablemente signifique la muerte, como ocurre con Luke Skywalker al final de la cinta.

Hay literalmente cientos de ejemplos de nuevas situaciones a las que da puerta de entrada al universo Star Wars este octavo episodio de la saga, pero la que más llamó la atención al público (además de ser una de las mejores escenas de toda la película) es que por primera vez vemos a un Sith y a una Jedi luchando codo con codo contra un enemigo común. Esta escena podría tal vez ser una reminiscencia a la escena en la que Darth Vader traiciona al Emperador para salvar a Luke en “El Retorno del Jedi”, pero a diferencia de aquel momento final de la trilogía original, Kylo Ren no se ha “hecho bueno”, sino que cree en un futuro en el que Rey y él dominan la galaxia, cosa a lo que ella no cede. No es la atracción hacia el lado Luminoso lo que hace que Kylo traicione a Snoke, como ocurre con Darth Vader, sino su ambición de poder. Ahora Ren está más arraigado que nunca en el lado Oscuro de la Fuerza.

La puerta a una nueva generación de Star Wars

“Star Wars: Los Últimos Jedi” no engaña a nadie. Desde los tráilers ya quedó claro que su pretensión era la de renovar por completo el plantel que tenemos actualmente en la saga Skywalker y darle un rostro nuevo y fresco. Esto no es malo pues recordemos que la trilogía original hacía exactamente eso, aunque lo hacía sobre un lienzo repleto de imaginación, pues no conocíamos realmente lo que había acontecido antes del famoso abordaje al Tantive IV. La trilogía original nos introducía a un nuevo elenco de personajes que hoy en día ya conocemos como míticos, y dejaba marchar a un montón de personajes que ya habían vivido su momento y que ahora necesitaban dar paso a un nueva generación de protagonistas. Hablo de Obi Wan Kenobi, por supuesto, aunque también de otros como Yoda o incluso el propio Darth Vader. Todos ellos ya tuvieron su momento de gloria en las precuelas y, por tanto, era necesario pasar página y “destruir lo viejo” para que florezca una historia nueva dentro del universo Star Wars.

Es muy duro ver morir a Han Solo o a Luke Skywalker o al Almirante Ackbar, pero era algo necesario para avanzar. Si las precuelas hubieran sido estrenadas antes de la trilogía original, también habríamos condenado que Ben Kenobi muriera de esa forma o que Yoda, el Jedi más poderoso, simplemente se desvaneciera en el aire tras entrenar a Luke en Dagobah. Ya lo dice Kylo Ren en la propia película: “Para crear un nuevo universo es necesario destruir el pasado”.




Un futuro incierto

Star Wars: Los Últimos Jedi

Esta nueva trilogía de Star Wars protagonizada por Rey ha conseguido algo increíble: sentar unas bases sólidas presentando a personajes tan nuevos como complejos en “El Despertar de la Fuerza”, sorprender con giros totalmente inesperados en “Star Wars: Los Últimos Jedi” y conseguir construir el camino hacia un desenlace que a día de hoy es una absoluta incógnita.

La espera desde que fue anunciado el Episodio VII hasta que llegó a los cines fue ardua, pero lo cierto era que aunque se podía especular algo en base a los tráilers, la dirección que tomaría la película de Abrams era completamente desconocida. Cuando fuimos al cine en 2015 nos hallábamos expectantes por lo que pudiera ofrecernos este nuevo comienzo. Tras ver rodar los créditos, y viendo lo continuista que había sido J.J. Abrams con “El Despertar de la Fuerza”, muchos ya tenían claro lo que veríamos en el Episodio VIII, que por aquel entonces no tenía nombre oficial. De hecho, siguiendo el esquema establecido por la trilogía original, era incluso previsible el final de esta trilogía: Kylo Ren sería derrotado (o se cambiaría de bando) y finalmente veríamos la muerte del Líder Supremo Snoke durante los últimos minutos del Episodio IX.

Por suerte ahora nos hallamos de nuevo de vuelta a los días previos al estreno de “El Despertar de la Fuerza”, sabiendo que Disney se atreve a llevar el universo Star Wars a lugares inesperados, creando situaciones que se alejan de los cánones de la Galaxia muy muy lejana. Podemos hacer presunciones acerca de lo que veremos en 2019 cuando se estrene el Episodio IX, pero ahora existe la esperanza de que Lucasfilm cierre esta nueva trilogía dejándonos a todos sorprendidos, y eso es una sensación que realmente se echa más en falta en la saga Star Wars.


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