Por encima de la venganza, de los elementos fantásticos, e incluso del aspecto histórico propio de la ambientación, "Dororo" siempre ha sido una historia sobre la familia. Sobre cómo el individuo encuentra su lugar en el mundo a través de sus iguales. En una época de guerra constante como era la del Japón del Sengoku(指物) los lazos de sangre servían como protección ante la soledad más incluso que los ejércitos o que el dinero. Algo que Hyakkimaru no tiene, y de lo que Tezuka se había encargado de diseccionar entre mucho maquillaje. Sin embargo, Dororo decidió quitarse la careta con el episodio final de su primer corte, y ahora no puede despegarse del olor que lo delata.
Aunque para el niño ese misterioso asesino de ghouls llevaba tiempo siendo un hermano -en términos prácticos- no fue hasta que este último fue rechazado cuando corrió a responder a ese amor. Hyakkimaru continúa recorriendo su camino para recuperar las partes del cuerpo que le arrebató su padre, pero ya no es la misma persona. En el fondo siempre albergó cierta esperanza de solucionarlo todo. De reconciliarse con su familia, y olvidar esa pesadilla en la que se había convertido su vida. Sin embargo lo que se encontró en el hogar distaba de ser una bienvenida calurosa.
Un padre cegado de poder, un hermano hipnotizado por mentiras, y una madre sumida en el dolor y la depresión. El hijo perdido regresaba a casa, pero allí solo encontraba más de ese sufrimiento del que intentaba escapar. ¿Y ahora qué? Tras el rechazo abierto de Tahomaru y las palabras de su madre, la única opción posible era seguir adelante. No sin llevarse consigo una carga imposible de liberar. “Vosotros, que amenazáis la paz de esta tierra, sois demonios para nosotros”. Tocado. “No puedo salvarte”. Tocado y hundido. El regreso de "Dororo" no solo era una simple secuela; Ahora también es una historia de superación. Y es ahí donde entra en juego su sombra.
MAPPA intenta recuperar su dinámica episódica con una nueva subtrama, pero se encuentra una reticencia intensa por parte de los protagonistas. Furuhashi logra su objetivo, sí, pero no termina de centrar a la pareja, ahora más preocupada por el futuro que por comer o matar demonios. Y es que no es el tiempo del folclore japonés. Es el momento para que Dororo haga honor al nombre de la serie, y deje de ser el aniki (兄貴) simbólico de Hyakkimaru, para reafirmarse como su única y verdadera familia. “No necesitas a un padre ni a una madre para vivir, me tienes a mí”. Las palabras del niño condensan la melancolía del ambiente y reconducen los sentimientos de uno y otro.
Ante tal pastiche emocional., el estudio necesita un punto de fuga. El episodio 13 es a efectos prácticos la historia de reconciliación de Hyakkimaru consigo mismo, pero se presenta envuelto en una nueva subtrama. En esta ocasión la de una mujer llamada Okaka, encargada de seducir a hombres para robarles el rostro. ¿El objetivo? Finalizar una gran estatua de Buda inacabada por cierto escultor. De por medio , claro, nos topamos con el demonio de turno, pero una vez más MAPPA va un paso más allá de lo literal, buscando alegorías diluidas del mundo del arte, y específicamente del “non finito”, término utilizado para valorar estéticamente aquellas piezas inacabadas.

En esa recreación del Fudō Myō-ō (不動明王 ) -una de las deidades protectoras más importantes del budismo- se cruza la problemática que arrastra la ambigüedad del arte, con la hipocresía de una religión incapaz de completar espiritualmente a sus fieles en época de guerra. En un momento del episodio Dororo le recrimina a Okaka por ser una egoísta y quitar muchas vidas solo para satisfacer un fin, referenciando al dogma que precisamente simboliza la estatua. Pero MAPPA va más allá.
Esa mujer capaz de cambiar de apariencia dependiendo de quien la mire, también representa la injerencia del ojo que observa la obra sobre la propia pieza de arte. Con el escultor muerto, es ella quien se encarga de reinterpretar el mensaje bajo una arbitrariedad injustificada. El esfuerzo que hace el estudio por demonizar al personaje es notable. Llegando incluso a cruzarlo con la problemática familiar de los protagonistas; Primero reviviendo el dolor de Dororo al materializarse como su madre para solo morir pocos minutos después, y segundo decantando la soledad en la que se encuentra Hyakkimaru. Se oye un click.

Okaka no le puede atacar emocionalmente utilizando a su familia porque en realidad ni él mismo la considera como tal. Que no pueda materializarse como su propia madre es la señal que estaba esperando para darse cuenta de que en realidad siempre ha tenido a su verdadera familia junto a él. Lo que Furuhashi materializa en la escena final del episodio; Ese reencuentro de la pareja con Byanmon en las aguas termales en el que por fin, tras un largo camino, Hyakkimaru está en casa.
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