Jamás hubiera pensado que existiría un actor que se arrepiente de formar parte del reparto de El Señor de los Anillos, la trilogía cinematográfica más importante de la historia, con permiso de El Padrino. Pero lo hay. Hay una persona que ha hablado en varias ocasiones del calvario por el que pasó al grabar las tres películas de El Señor de los Anillos. Cuando descubras su relato, quizás te parece exagerado, pero si hasta sus compañeros le dan la razón, es más que evidente que sus razones tiene.
Su nombre es John Rhys-Davies, más conocido por ser el enano Gimli en El Señor de los Anillos. Y el gran problema al que se enfrentó en el rodaje de la saga nada tiene que ver con el ambiente de trabajo, con actitudes intolerables por parte de algunos compañeros o por el salario. El hándicap por el que atravesó Rhys-Davies se llama prótesis de rostro, una especie de maquillaje que le destrozó la cara y por la que no quiso repetir después en El Hobbit.
John Rhys-Davies fue elegido para el papel de Gimli después de aparecer en series tan exitosas como Yo Claudio o Shogun. Sin embargo, su papel más destacable fue el de Salah, el amigo árabe de Indiana Jones en las películas originales del famoso arqueólogo. Y no, no era enano: mide 1.85 metros y precisamente su altura era perfecta para contraponer a Elijah Wood como el pequeño Frodo y el resto de hobbits: los enanos eran más altos que ellos según la mitología de Tolkien.
Sin embargo, el actor se ha quejado a posteriori de las prótesis de rostro que le colocaban desde el equipo de maquillaje: "me desfiguraron tanto la cara, que me aislé y estuve totalmente paranoico. Muy solo. No quería salir ni cenar con otras personas. Solo quería estar aislado, me daba vergüenza mi cara, y para mi, esa es la parte más divertida de actuar: estar con otras personas". Es más, le costaba ver cómo al resto del elenco le animaba salir a la calle, mientras él se quedaba en el hotel encerrado: "solo había uno que no se mezclaba: este hombre paranoico enano que no tenía piel alrededor de los ojos. Nunca sentí más vergüenza que durante esta producción".
Sus compañeros de reparto le dan la razón. Por ejemplo, Sean Astin, quien interpretó a Sam, destacó en una entrevista todas las prótesis, el pegamento y el plástico que "le estaban carcomiendo la piel". En cuanto al bueno de Elijah Wood, Frodo en las películas, recordaba que para un día de maquillaje, necesitaba hasta cuatro jornadas de recuperación.

Precisamente por esta razón, John Rhys-Davies evitó formar parte de la trilogía de El Hobbit: iba a ser Gloin, el padre de Gimli, tal y cómo le ofrecieron Peter Jackson y Guillermo del Toro, pero el actor tenía claro que era prácticamente imposible: "hay una parte de mí que le gustaría hacer de nuevo este tipo de personajes, pero mi físico, y sobre todo mi rostro, no sé si lo aguantaría", reveló a Empire.
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