Netflix ha anunciado a bombo y platillo el estreno de 'Oasis', una serie juvenil con tintes de thriller que nos recuerda a proyectos como 'Bienvenidos a Edén', 'Élite', pero también a otras producciones como 'El barco' o 'El internado' que son de otra época, y que fueron grandes éxitos en España.
Lo sorprendente es que 'Oasis' no ha destacado en esta primera semana: disponible desde el pasado viernes, apenas se han contabilizado 2,1 millones de visualizaciones en todo el mundo, convirtiéndose en la octava serie de habla no inglesa más vista (vía Top 10 Netflix). Y estos números son nefastos para tratarse de una de las propuestas españolas más potentes del año en una plataforma de streaming que sigue sin tocar ese éxito que tuvo en su momento con proyectos como 'La casa de papel', 'Las chicas del cable' o 'Élite'.
¿Cómo es posible que antes nos tragásemos sin rechistar series como 'El barco' y ahora nos cueste ver producciones como 'Oasis' si prácticamente siguen el mismo molde?
Lo más rápido sería decir que 'Oasis' no está a la altura de 'El internado' o 'El barco'. Y quizás si lo dijese tendría razón: me parece que es una serie bastante más genérica que aquellas, que ya lo eran. Sin embargo, el problema es mucho más compleja porque si revisamos 'El barco', nos encontramos con diálogos que suenan exagerados, romances que cambian más que las colinas en una montaña rusa y personajes que no se avergonzaban de mostrar una Coca-Cola mientras se lavaban los dientes en mitad del fin del mundo. El caso de 'El internado' es algo diferente porque sus misterios estaban mejor trabajados (sobre todo en la primera temporada) y millones de espectadores coinciden en su calidad.
Ahora bien, la gran diferencia es que por aquel entonces, apenas existía competencia. En 2007 o 2011 no teníamos un catálogo infinito esperando a un solo clic. Si una serie nos convencía durante los primeros episodios, seguíamos viéndola durante meses porque era uno de los grandes acontecimientos televisivos de la semana. Esperábamos siete días para descubrir qué ocurría después y comentábamos cada capítulo en clase, en el trabajo o en redes sociales cuando estas apenas empezaban a ganar fuerza.
Hoy en día el contexto es completamente distinto. Netflix estrena series cada semana y a esto le sumamos la competencia: Disney+, Amazon Prime Video, HBO Max o Apple TV+ hacen prácticamente lo mismo. Tenemos cientos de alternativas y hemos perdido la paciencia: si un episodio piloto no nos gusta, pasamos a otra cosa.
Hay otro factor que juega en contra de series como 'Oasis', a priori prometedoras: la sensación de haberla visto antes. Y es que veo las promociones, y todo me recuerda a 'Bienvenidos a Edén', serie que Netflix tuvo que cancelar tras su segunda temporada porque probablemente ni sus creadores la estaban viendo. Si a esto le sumamos thrillers protagonizados por adolescentes estos últimos años, tenemos a 'Élite', 'Yellowjackets', 'El club de la medianoche' y 'Outer Banks' (como mínimo), todos ellos bastante mejores que 'Oasis', que no es mala ni mucho menos.
Cuando llegaron 'El internado' o 'El barco', esa mezcla resultaba fresca. Hoy cuesta mucho sorprender a un público que lleva casi dos décadas consumiendo historias construidas bajo un esquema en el que tan solo destacan aquellas series que buscan sorprender dando un giro.
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