
Han pasado varios días desde que Sony anunciara, el pasado 1 de julio, que dejará de producir juegos en formato físico a partir de enero de 2028, y la comunidad no da señales de bajar los brazos. La protesta se ha convertido en un fenómeno global que recorre, una por una, las cuentas oficiales de PlayStation en la red social X. Tras varios días de perfil bajo, la compañía reanudó su actividad habitual el 7 de julio con contenido promocional, y el resultado fue el mismo en casi todos sus perfiles: una avalancha de respuestas que ignoran el producto anunciado para exigir la marcha atrás en la decisión sobre los discos.
El patrón se repite con independencia del idioma y del territorio. La cuenta global @PlayStation es la más golpeada, con decenas de miles de respuestas tanto en el anuncio original como en su primer post tras el silencio, pero el rechazo no se queda ahí: se extiende a @PlayStationEU, @PlayStationUK, @PlayStation_LA, @PlayStationES, @PlayStationFR y @PlayStation_BR, donde cada nueva publicación acumula desde cientos hasta miles de mensajes críticos en varios idiomas. La consigna "No disc, no buy" ("Sin disco, no compro") se ha convertido en el lema transversal de una comunidad que, por una vez, habla el mismo idioma en todas partes.
El dato más revelador no está en las cuentas que arden, sino en la que no. La cuenta japonesa, @PlayStation_jp, presenta un volumen de respuestas negativas notablemente inferior al del resto de perfiles regionales, con publicaciones recientes que apenas reflejan el nivel de reproche que sí se observa en Europa o América. La anomalía es llamativa precisamente porque PlayStation nació como una marca japonesa, y hoy su comunidad local es la que menos ruido hace ante una de las decisiones más impopulares de su historia reciente.
La explicación probablemente tenga más que ver con la relación de Sony con su propio mercado de origen que con una mayor aceptación del formato digital. Desde que la compañía trasladó la sede global de PlayStation de Tokio a Estados Unidos y reorientó su estrategia hacia el mercado occidental, el vínculo con el público japonés se ha ido enfriando de forma progresiva. Visto así, el silencio relativo de la comunidad nipona no sería tanto conformidad como distancia: la de un mercado que hace tiempo dejó de sentir la marca como propia. En el resto del mundo, mientras tanto, la protesta sigue creciendo con cada publicación.
La estrategia de PlayStation ante la tormenta ha sido reconocible: primero, el silencio de casi una semana en sus canales, el periodo de inactividad más largo en la historia de su cuenta principal; después, el intento de retomar la normalidad como si nada hubiera pasado, publicando contenido promocional que ha servido de nuevo altavoz para el descontento. Ninguna de las dos tácticas ha funcionado, y la sensación general es la de una compañía que espera a que la tormenta amaine sin ofrecer una respuesta oficial a las preocupaciones de sus usuarios.
Mientras tanto, el malestar ha desbordado las redes sociales y ha tomado otras formas de presión, como una petición en Change.org que ya supera las 110.000 firmas exigiendo la reversión de la medida. La combinación de este anuncio con la reciente retirada de más de medio millar de películas del catálogo de PlayStation ha reforzado entre los usuarios la idea de que la propiedad digital es frágil y revocable. La protesta que hoy recorre todas las cuentas de PlayStation en el mundo, con la sola excepción de Japón, es el síntoma de un problema de fondo que Sony todavía no ha sabido, o querido, abordar.
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