
Si te gustan los videojuegos y consultas las redes sociales y/o críticas, probablemente hayas oído hablar de Mixtape. El nuevo juego de Beethoven & Dinosaur ha llegado rodeado de entusiasmo crítico, con notas altísimas y una recepción prácticamente unánime por parte de la prensa. Sin embargo, fuera de ese círculo, la conversación parece bastante distinta.
Mixtape es una aventura narrativa publicada el 7 de mayo de 2026 para PS5, Xbox Series X/S y PC, desarrollada por un estudio australiano llamado Beethoven & Dinosaur y publicada por Annapurna. Personalmente, lo he comprado, pero no me lo he terminado aún, así que esto no pretende ser un análisis ni una crítica definitiva, aunque sí puedo hablar de las sensaciones que me está dejando.
Me llamó la atención el hecho de que los usuarios tacharan a los medios de estar comprados o tener especial deferencia con Mixtape, puesto que algunas secciones jugables, por ejemplo, como la del carrito, puedes pasártela sin tocar el mando, además de que el tono de la historia es... bueno, adolescente por así decirlo. No es algo bueno ni malo, pero es cierto que a veces peca de estereotipado o cliché. ¿Significa que el juego merezca menos nota? Por supuesto que no. Pero tampoco más de la cuenta, bajo mi punto de vista.
Mixtape es una propuesta muy interesante que se asemeja a juegos que me gustaron anteriormente, como por ejemplo Road 96 o As Dusk Falls. Son aventuras donde se nota que están hechas para que tú seas testigo de una historia, pero viendo las notas de Mixtape, iba con unas expectativas muy altas. Medios como IGN le dieron un 10, por poner un ejemplo, por lo que pensé que estaba ante un evento histórico.
A veces, bromeo con amigos con la teoría de que parece que antes de The Last of Us no existían los buenos videojuegos. Ni las buenas historias, ni nada por el estilo, pero ya hablaré en otro momento de eso. Es que estoy volviendo a vivir lo mismo con Mixtape. Repito, no lo he terminado, no me tomaré más licencias de la cuenta, pero en mi opinión, es un buen videojuego. Ya está.
Las desavenencias entre estos dos vienen siendo tema de conversación en las redes desde hace tiempo. Rahul Kolhi, actor protagonista de Saros, mostró una camiseta a modo de burla por la nota que le dio IGN, que fue un 7 sobre 10, mientras muchos usuarios opinaban justo lo contrario, además de que no es la primera vez que IGN otorga una nota polémica. Entiendo que las notas son personales, al final se trata de la crítica personal de una persona. Y es aquí donde la conversación alrededor de Mixtape empieza a ir mucho más allá del propio videojuego.
En redes sociales han aparecido teorías y comentarios que intentan explicar el enorme entusiasmo crítico alrededor del juego a través del contexto de Annapurna Interactive, distribuidora conocida por apostar por experiencias narrativas y “prestige indie”. Algunos usuarios incluso han señalado las conexiones empresariales y financieras de la familia Ellison, relacionada con Annapurna, como ejemplo de cómo ciertos proyectos independientes cuentan con una visibilidad y unos recursos prácticamente imposibles para la mayoría de estudios pequeños.
Pero no hemos venido a hablar de conspiraciones. Lo que sí me parece interesante es cómo cada vez más jugadores interpretan el éxito crítico de determinados juegos como algo artificial o impulsado desde arriba. Y cada vez lo veo más. De hecho, incluso he aprendido una nueva expresión con todo este jaleo: astroturfing. Nunca te acostarás sin aprender algo nuevo.
Hace unos años, un juego indie con notas altas simplemente era visto como un buen juego. Ahora, en cambio, los usuarios reaccionan con desconfianza inmediata, como si detrás de cualquier valoración extremadamente positiva tuviera que existir algún tipo de narrativa prefabricada o maquinaria cultural empujándolo.
Sea como sea, lo que está claro es que la crítica y los usuarios están cada vez más polarizados. Como jugador, me gusta estar al día y este tema me pareció interesante de compartir.
Quizá Mixtape no sea ni una obra maestra revolucionaria ni un fraude inflado artificialmente. Tal vez simplemente sea el último ejemplo de una industria donde crítica y jugadores cada vez hablan idiomas distintos.
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