
Quedé muy sorprendido con Pragmata tras mi primera prueba, de apenas unos minutos de duración, y salí muy convencido tras disfrutar de la demo que cualquiera puede descargar gratuitamente ahora mismo (notando mucha mejora respecto a lo visto el verano pasado). Ahora, tras poder jugar unas horas más en un estado que parecía muy cercano a su versión final, lo afirmo con rotundidad: Capcom prepara otra obra muy interesante que no sólo puede cumplir con las expectativas, sino sorprender.
Una de mis dudas principales con Pragmata, sabiendo que su curioso sistema jugable se siente bien a los mandos, era cómo iba a enfocar la historia y la relación entre sus dos protagonistas. Nosotros controlaremos de manera simultánea a Hugh, un astronauta humano, y Diana, su compañera androide con apariencia infantil. Que parezca una niña no es baladí: no conoce nada del mundo de los humanos, por lo que su inocencia será parte del camino que viviremos junto a ella.
En todo momento, Hugh y Diana estarán conversando, y sí, la relación parece ser la de un padre y una hija: Hugh va enseñando cómo es el mundo de los humanos y ella aprende, mostrándose curiosa constantemente y entusiasmándose ante cada pequeño descubrimiento. Se nota que ambos, poco a poco, van cogiendo confianza y dando muestras de "cariño", porque no hay que olvidar que la pequeña es un robot... aunque una de las primeras sorpresas que me llevé en esta última prueba jugable junto a Pragmata, precisamente, tiene que ver con la base de operaciones que sirve de "hogar" para ambos personajes.
La estructura de Pragmata me recuerda a la de los juegos de hace un par de generaciones: todo se separará por escenarios, en los cuales cumpliremos los objetivos principales pero también habrá coleccionables y secretos, que se mostrarán en la base por si queremos ser completistas. Tendremos la posibilidad de regresar a cualquier zona en todo momento, por si queremos probar suerte con las salas más complicadas que aguardan los mejores tesoros cuando seamos más fuertes, aquellos que nos irán otorgando diferentes modificadores para Hugh y Diana. Y es que la capa de personalización del juego es mucho más profunda de lo que parece a simple vista.
Por los escenarios iremos recogiendo recursos que podremos utilizar al regresar a la base (algo que podemos hacer a través de diferentes portales, desperdigados de forma numerosa a lo largo de los escenarios) para poder mejorar las estadísticas base de Hugh, pero también para desbloquear mejoras y habilidades. Esto abre un campo de posibilidades muy amplio. Por ejemplo, yo pude centrar el combate en la cercanía, aprovechando la escopeta como mi arma principal: sólo tuve que equipar un objeto que aumentaba mi potencia a corta distancia, por ejemplo, pero había otras muchas posibilidades basadas en la movilidad, la defensa, la salud, el ataque...
Porque Pragmata no es sencillo: hay que utilizar bien los diferentes tipos de armas y comprender bien el sistema de hackeo que ejecutamos con Diana, algo que realizamos mientras apuntamos nuestra arma y que nos permite no sólo dejar expuestos a los enemigos para que nuestros disparos causen más daño, sino también para rebajar sus defensas, para que el hackeo se extienda... hay múltiples opciones que también podemos gestionar con diferentes objetos. Si no lo haces, estás vendido, y yo estuve a punto de caer en varios enfrentamientos.
En la base también se sucederán diferentes diálogos con Diana, a la que incluso podremos dar regalos recolectados por los escenarios que irá colocando por allí. Canastas, columpios... aunque no pude profundizar demasiado, parece que habrá algún tipo de impacto en nuestra relación con la androide, aumentando su nivel de confianza poco a poco. No parece que la historia vaya a ser extremadamente emotiva o con un guion muy trabajado (no esperes algo como The Last of Us, para que me entiendas), pero es agradable ver que todo parece girar alrededor de ambos personajes y su relación.
La segunda sorpresa que me lleve con Pragmata es su escala. Si has probado la demo, te habrás dado cuenta de que es un juego lineal con escenarios muy pasilleros... y sí, el juego lo es, pero en esta parte el escenario se abría y resultaba inmenso, con multitud de caminos y recovecos, salas secretas, habitaciones que requerían de llaves, coleccionables... a lo que se suman los propios enemigos: hay mucha variedad y su tamaño, sobre todo con el jefe al que me enfrenté, sorprende de lo lindo.
No imaginaba, de hecho, que el curioso sistema de combate de Pragmata iba a permitir combatir contra un bicho tan grande, pero sacó a relucir el máximo potencial del juego. Esquivar, apuntar, aprovechar el hackeo, los diferentes tipos de armas, nuestras mejoras y construcción de builds... Pragmata va a lo que va, pero lo que hace funciona a las mil maravillas.
Los combates son estratégicos y, de nuevo, todo es mucho más intuitivo de lo que parece a simple vista. Es raro decirlo, pero es mucho más fácil jugar a Pragmata que verlo en un vídeo y tratar de comprender todo lo que pasa. Es sencillo de aprender y muy gratificante de dominar. Lo único que no me convenció fueron los numerosos encontronazos con una enorme cantidad de enemigos: aunque se puede manejar, todo resulta demasiado caótico. Cuando hay menos enemigos, su combate brilla más.
Por tanto, Pragmata me ha recordado a los juegos de antaño por su utilización de los escenarios y las fases, con coleccionables y premios por investigar cada rincón, pero con una estructura muy lineal en el mejor de los sentidos. Una aventura como las de antes con un sistema de combate muy innovador que resulta muy intuitivo, y que funciona hasta con jefes de un tamaño descomunal, dejando varios momentos épicos. La relación de Hugh y Diana promete, y sólo queda por ver cómo va a ir manejando el caos cuando hay muchos enemigos a lo largo de toda la aventura. Pero parece que Capcom no va a fallar, y ya van...
NOTICIAS RELACIONADAS