
A veces hace falta que alguien te enseñe lo que te estás perdiendo para que duela de verdad. Eso es justo lo que ha conseguido la actriz de doblaje Ronie, voz habitual en videojuegos y series, que ha publicado un vídeo poniéndole voz en castellano a Cressida, uno de los personajes de 007: First Light, para imaginar cómo sonaría el juego si hubiese llegado doblado a nuestro idioma. El resultado es tan convincente que escuece, porque pone el dedo en una herida muy reciente: el nuevo James Bond de IO Interactive, uno de los lanzamientos más aclamados del año, ha llegado a España únicamente con voces en inglés y subtítulos en español.
La confirmación de que el juego no tendría doblaje castellano cayó como un jarro de agua fría sobre la comunidad hace unos días, justo cuando las críticas encumbraban al título con un sólido 88 en Metacritic. Para un juego tan profundamente cinematográfico, tan ligado al cine de Bond que tantos hemos visto doblado toda la vida, la ausencia de voces en español se ha sentido como una losa. Y vídeos como el de Ronie, lejos de ser una simple curiosidad viral, funcionan como una demostración práctica de lo que pudo ser y no fue. Pero conviene ir más allá del lamento, porque detrás de esta polémica hay un debate mucho más interesante.
La pregunta que muchos se hacen es sencilla: ¿cómo puede un juego de este calibre, basado en una de las franquicias más famosas del planeta, no molestarse en doblarse a un idioma que hablan cientos de millones de personas? La respuesta, aunque incómoda, tiene una lógica empresarial fría. El doblaje no se decide por el número de hablantes de un idioma, sino por las ventas reales en esos territorios, y lo cierto es que en los mercados hispanohablantes las cifras de venta suelen quedar por debajo de las de otras regiones. Doblar un juego cuesta dinero, y ha habido estudios que han reconocido perder dinero con localizaciones al español que no se tradujeron en ventas suficientes.
Aquí, eso sí, hay un matiz que conviene señalar con honestidad, porque no todos los casos son iguales. IO Interactive es un estudio mediano que ha autopublicado First Light, asumiendo todos los costes por su cuenta, lo que hace su decisión algo más comprensible que la de un gigante. El problema es que el juego está respaldado por Amazon, una de las compañías más ricas del mundo, lo que para muchos jugadores convierte la ausencia de doblaje en una decisión difícil de justificar. Estamos, en definitiva, ante el eterno tira y afloja entre la rentabilidad de una empresa y las expectativas de un público que, con razón, siente que su idioma merece más respeto.
Y aquí llega la reflexión que de verdad merece la pena, la que va más allá de este juego concreto. Resulta llamativo que la indignación por el doblaje se encienda con fuerza en casos como el de 007 First Light, mientras se apaga sospechosamente en otros. El ejemplo más claro lo tenemos a la vuelta de la esquina: GTA VI tampoco llegará doblado al castellano, como ningún Grand Theft Auto lo ha hecho jamás, y sin embargo nadie cancela su reserva por ello ni organiza campañas de protesta. Es la misma ausencia, pero con dos varas de medir completamente distintas.
Esa contradicción dice mucho sobre nosotros como comunidad. Nos cuesta aceptar la falta de doblaje en una superproducción cinematográfica como Bond, pero la asumimos sin rechistar en otra superproducción igual de cinematográfica como GTA, quizá porque a Rockstar le perdonamos lo que a otros no. No se trata de defender la decisión de no doblar, que es legítimo lamentar, sino de ser coherentes con nuestras propias exigencias.
Mientras tanto, nos queda el consuelo agridulce de iniciativas como la de Ronie, que con su talento nos recuerdan el nivel del doblaje que se hace en este país y, de paso, lo mucho que perdemos cada vez que un gran juego decide prescindir de él. Porque una cosa está clara: voces para hacerlo, en España, sobran.
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