Impresiones de The Elder Scrolls: Legends

Probamos la adaptación al tablero del universo de The Elder Scrolls

Impresiones de The Elder Scrolls: Legends
 

Fue en la edición del pasado 2015 del E3 en donde, a través de la conferencia de Bethesda, se daba a conocer The Elder Scrolls: Legends, el título free-to-play de cartas ambientado en el famoso universo de la saga. Sin embargo, pasamos un buen tiempo sin demasiadas novedades y no fue hasta bien entrado el presente 2016 que pudimos ver de nuevo en acción a este juego. Ahora, tras haber pasado unas cuantas horas durante la beta cerrada que ha tenido lugar en las últimas semanas, os traemos nuestras impresiones de The Elder Scrolls: Legends; ¿conseguirá acercarse a los grandes del género y sobresalir por encima de la competencia?

El universo de The Elder Scrolls llevado al tablero

Lo primero que destaca nada más comenzar a jugar a The Elder Scrolls: Legends es que no cabe ninguna duda acerca de qué estamos jugando. Sí, es un juego de cartas, pero el espíritu, el arte, los menús… Todo huele mucho a una de las sagas más grandes de Bethesda y, siendo sinceros, esto es algo que nos encanta. Es cierto que la versión a la que hemos estado jugando es tan solo una beta, cosa que el juego nos recuerda cada vez que lo iniciamos; pero la verdad es que, teniendo en cuenta lo pulido que se encuentra, cualquiera diría que es ya un producto listo para comercializar.

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Está claro que Bethesda no es la única que da el salto a las cartas, y es que es un género de moda, pero esta compañía lo hace con mucha cabeza, sin apurarse y testeando un producto que, independientemente si nos gusta el juego o el género, rezuma calidad desde el primer instante. Los cuidados menús, el extenso tutorial (del que hablaremos un poco más delante) e incluso la perfecta localización al castellano de textos y voces que consigue hacer que no nos perdamos leyendo los numerosos textos (muy necesarios para comprender las mecánicas) hace que, desde la beta, podamos disfrutar de este juego de cartas.

Otra cosa a destacar antes de meternos con la jugabilidad como tal es lo bien que han logrado adaptar el universo de The Elder Scrolls a un juego de cartas, cómo han logrado llevar esa magia que se transmite en cada entrega de la saga a un título que nos insta a pensar, a jugar con inteligencia. Desde los fondos hasta el arte de las cartas pasando por los personajes y las habilidades, todo se adecua perfectamente tanto al juego como al universo, y eso es algo que los fans de la saga (entre los que me incluyo) agradecerán mucho.

¿Otro Hearthstone?

Pero entrando de lleno a la jugabilidad, que al fin y al cabo es lo que más nos interesa, todos los juegos de cartas recientes suscitan un miedo: ¿es tan solo otro Hearthstone? La respuesta rápida para The Elder Scrolls: Legends es que no; pero lo cierto es que sí bebe en gran medida del título de Blizzard y hay muchos matices que iremos desglosando a continuación.

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En primer lugar, la mecánica de los combates en este juego de Bethesda va a lo seguro, no arriesga con innovaciones extrañas, pero tampoco hace nada mal. Es cierto que los que juguéis a Hearthstone reconoceréis aquí muchas de las mecánicas básicas, pero casi todas ellas con una vuelta de tuerca que las haga un poco más difíciles, cosa que habrá quien encuentre más interesante, y habrá quien no.

En The Elder Scrolls: Legends tenemos el clásico tablero con los oponentes situados a los dos extremos y una vida determinada cada uno (normalmente comenzamos con 30 puntos de vida); como siempre, el objetivo es reducir a 0 el contador rival a través del uso de nuestras cartas, las cuales cogemos cada turno, tienen un coste de maná y unas características de ataque y defensa (y habilidades, en ciertos casos) que determinan su efectividad. La zona en la que situamos las cartas, en esta ocasión se encuentra dividida en dos carriles separados, es decir, las cartas de un carril pueden atacar a las de su mismo carril (o al oponente), pero no a las del otro carril. Una de las vueltas de tuerca más interesantes es que el tablero no es simétrico, es decir, los dos carriles no son iguales, y en uno de ellos las cartas lanzadas no podrán ser atacadas hasta que ataquen (sí, esto os suena de Hearthstone), mientras que en el otro no existe tal regla. Por otro lado, una vez lanzamos una carta en uno de los carriles, no podremos cambiarla salvo que otra carta o efecto nos permita hacerlo.

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Pero esto no es todo, y es que nuestro personaje importará; no será importante la raza o sexo, pero sí la clase que elijamos y que determinará qué tipo de cartas “exclusivas” podemos utilizar. No es lo mismo elegir el mazo del asesino, que utiliza cartas de agilidad e inteligencia; que el guerrero, que utiliza las de fuerza y resistencia. Así, combinando estas características, tendremos un total de 10 clases entra las que se encuentran, además del guerrero y asesino, el arquero, mago guerrero, mago, cruzado, monje, explorador, hechicero y brujo. Y será indispensable tener preparados buenos mazos de más de una de ellas, para lograr hacer counter a lo que nos propongan nuestros rivales.

Por último, una buena vuelta de tuerca la da el sistema de runas. Cada jugador posee 5 runas, las cuales se rompen cada vez que nuestra vida baja de 25, 20, 15, 10 y 5, permitiéndonos coger una carta de nuestro mazo en esos instantes. La gracia es que, ciertas cartas, tienen como habilidad poderse jugar cuando son cogidas debido a una runa, independientemente de si es nuestro turno o no, permitiendo cambiar las tornas de una partida realmente rápido.

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Tal vez os encontréis un poco perdidos con tanto carril, efectos y cartas, y lo cierto es que, si no sois muy fans del género, lo encontraréis confuso. Pero no os preocupéis, porque The Elder Scrolls: Legends cuenta con un amplio tutorial en el que, a través de diversos combates, nos va introduciendo poco a poco, sin pausa pero sin prisa, todas estas características que necesitamos conocer a la hora de jugar.

Modos de juego para todos los gustos

Si algo destaca en The Elder Scrolls: Legends, son sus distintos modos de juego. Por un lado, como modo principal para iniciarse en el título tenemos el modo Historia. Aquí elegimos un personaje (como siempre, tenemos opción de ser de género masculino o femenino y todas las razas de la saga a nuestra disposición, es decir, Imperial, Khaijita, Nórdico, Orco, Guardia Rojo, Elfo del Bosque, Argoniano, Bretón, Elfo Oscuro y Alto Elfo) y se nos presentan diversos capítulos en los que vamos haciendo frente a varios enemigos y gracias a los cuales pasamos de aprender las nociones más básicas del juego (los primeros capítulos constituyen el magnífico tutorial) a dominar las habilidades de las cartas que tenemos, así como mejorarlas; todo ello acompañado por una interesantísima historia de fondo que nos sirve de guía y excusa a todos nuestros combates. Cabe destacar que, a lo largo de este modo, podemos tomar decisiones que afectan a nuestro mazo, haciendo que una carta “evolucione” de una forma u otra, cosa que, personalmente, me ha agradado bastante. Sin embargo, un pequeño punto negativo es que este modo se queda algo corto, aunque esto me insta a pensar que aún no esté del todo acabado y en su lanzamiento final se alargue unos cuantos capítulos más.

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Por otro lado, además del modo Historia tenemos los modos de Práctica y Duelo. En el primero de ellos podremos hacer pruebas con todos nuestros mazos contra la IA, para ir descubriendo, a través del ensayo y error, cuáles son las combinaciones de cartas más devastadoras. En Duelo podremos medir nuestra habilidad y mazo a los de otros jugadores alrededor de todo el mundo, siendo donde hemos pasado más tiempo jugando. Hay que remarcar que, a pesar de ser una beta, el matchmaking funciona bastante bien, emparejándonos relativamente rápido con jugadores siempre de un nivel muy similar.

Por último, tenemos uno de los modos más difíciles a la par que interesantes: la Arena. Este último modo de juego nos propone combatir contra 8 rivales controlados por la IA o 7 jugadores reales, además de un jefe final. Debemos superar todos estos enfrentamientos teniendo un total de 3 vidas, es decir, pudiendo perder tan solo 3 de esas 8 o 9 partidas. No es para nada fácil conseguirlo, pero lo cierto es que el premio bien merece el esfuerzo, ya que es aquí, en la Arena, donde podremos acceder a las mejores recompensas, tales como cartas legendarias.

Conclusiones

En resumen, por el momento, con lo que hemos jugado a esta fase beta, podemos afirmar que The Elder Scrolls: Legends no es un juego que, en el género de las cartas, vaya a provocar ninguna revolución. Es cierto que no resulta demasiado innovador, y simplemente se limita a darle una vuelta de tuerca a conceptos que ya están en otros juegos, pero debemos reconocer que la calidad abrumadora del título, unida a estas pequeñas vueltas de tuerca, hacen de The Elder Scrolls: Legends un juego muy recomendable y disfrutable para los fans del género y la saga.

Sus múltiples modos de juego, acabado perfectamente pulido, ingente contenido de cartas y complejidad a nivel de mecánicas hacen de esta una maravillosa adaptación del universo The Elder Scrolls al género de las cartas. Si estará a la altura de Hearthstone o podrá competir con la adaptación al género de la saga The Witcher es algo que solo el tiempo dirá (una cuestión de hecho, como diría Hume), pero está claro que la calidad y el buen camino ya los tiene. Siendo como soy, fan de la saga, he de reconocer que he disfrutado, y seguiré haciéndolo, de las horas que he dedicado y dedicaré a The Elder Scrolls: Legends. Habrá que ver cómo evoluciona hasta el momento en el que se produzca su salida definitiva, pero por el momento, nos ha dejado con muy buen sabor de boca.


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