Desgranamos el piloto de La Zona: una arriesgada apuesta española

La Zona

Desgranamos el piloto de La Zona: una arriesgada apuesta española

El estreno se produjo el viernes en Movistar+

Desgranamos el piloto de La Zona: una arriesgada apuesta española
 

Una persecución en un pueblo aparentemente abandonado hace años. Una joven huye con mirada de terror de varias personas ataviadas con trajes antiradiación hasta que es atrapada y descubre la macabra verdad que la esperaba en la fábrica a la que se dirigía: su tío, con el que había quedado, ha sido terriblemente asesinado. Así comienza “La Zona”, una serie de ciencia ficción pero también un thriller de la más alta calidad. Aunque los avances incidieran sobre el peligro de la zona de exclusión (lugar afectado tras el accidente de una central nuclear hace bastantes años), lo cierto es que esa premisa se mezcla para ofrecernos un misterio: ¿quién ha asesinado en la zona de exclusión, y por qué?

El protagonista, un inspector que fue el único superviviente del primer grupo de rescate que fue al lugar del accidente y debe regresar a la zona años después. Aunque va a observar, pronto comenzará a investigar qué ocurre con el hombre asesinado. ¿Lo mejor? Eduard Fernández está impecable en su papel: un policía atormentado por los terrores que vivió con su equipo de rescate; un hombre que sobrevivió a diferencia de todos los que le acompañaron. Sufre el miedo cuando regresa a La Zona y su mirada, su voz rota y su nervio lo demuestran. Gran elección contar con uno de los mejores actores de nuestro país en una serie innovadora dentro de las producciones audiovisuales españolas.

El elenco de secundarios también destaca, con la gran Alexandra Jiménez y el solvente Tamar Novas (aunque muy poco recurrente en la ficción española, tanto cine como series, por desgracia). No nos ha gustado tanto la elección de Álvaro Cervantes, cuyo personaje requiere mayor garra interpretativa y se queda en tierra de nadie, sin caer en una mala actuación, pero oculto por el poder del resto de actores de “La Zona(aunque su giro final podría cambiar nuestra impresión de cara a futuros episodios). Hay otros personajes que aparecen en menor medida, interpretados por Emma Suárez, Marina Salas o Inma Cuevas, que cumplen su cometido con actuaciones creíbles dentro de la historia que se está contando.

En cuanto a dicho argumento, se resuelve de forma muy inteligente la creación de un espacio creíble para el espectador, con alusiones a temas como el contrabando, la habitabilidad mediante permisos dentro de la zona de exclusión, o el miedo a la contaminación fuera de ella. No hace falta desarrollar cada uno de esos temas para saber qué existen, sino que algunos de ellos solo se mencionan de pasada, haciendo que el tiempo que ha pasado desde el accidente hasta la fecha en la que se desarrolla la serie, quede lleno de pequeños detalles y no de vacíos argumentales.

En cambio, hay algo que nos chirría, y bastante, en cuanto a la credibilidad de la situación: estamos en una zona de exclusión y por lo tanto, el traje de protección debería ser una prioridad para aquellos que acceden a este lugar. En cambio, mientras el ejército y resto de equipos de seguridad cumplen las normas, el propio inspector de policía, el personaje interpretado por Álvaro Cervantes, o la psicóloga que da vida Alexandra Jiménez se pasean “como si nada”, sin máscaras que mitiguen los amplios parámetros de radiación que hay en la zona de exclusión. Entendemos que para la correcta dicción de la mayor parte de la serie es un requisito no llevar la máscara, pero resta credibilidad para el espectador, que no llega a comprender por qué los personajes se exponen a un peligro a menudo tan desconocido como es la radiación.

Peligro que comprobamos en algunos de los residentes dentro de la zona de exclusión, en la que se menciona la caída de pelo en uno de los personajes anexos, el cultivo de verduras que pueden estar contaminadas… Es decir, si hay un peligro real, ¿cómo se puede llegar a entender que se evite llevar el traje de protección? Seguramente, algún experto podría decir que si el tiempo de exposición a la radiación no es elevado, no supone un peligro en el ser humano… Pero aún así, resulta extraño.

El resto de la serie está cuidado al máximo detalle, evidenciando que en España hay talento “desperdiciado”. En los últimos años, series como “El Ministerio del Tiempo”, “Vis a Vis” o “La Casa de Papel” han demostrado que saben tratar guiones y fotografía, junto a la dirección de actores, de forma soberbia, pero “La Zona” avanza un pasó más para dejar una de las producciones audiovisuales más espectaculares en cuanto a exteriores se refiere: no hacen falta efectos especiales de primer nivel para mostrar una zona de aspecto sucio, lúgubre, sin vida. La luz hace su trabajo, con un continuo ambiente nublado que pone en tensión al espectador, una lluvia fina que cae sobre los coches…

El ritmo también se cuida en el piloto de la serie, que hemos podido ver gracias a su estreno en Movistar+. Aunque hay tramas más interesantes que otras (el golpe de efecto final ha sido magistral, aunque no tanto el argumento de los afectados por el accidente), los directores y el equipo de guionsitas saben colocarlas en el momento justo para no despegar la atención. Un ritmo que parece una cordillera, con altibajos continuos, que crean un clima de nerviosismo por no saber qué va a ocurrir.

¿Qué esperamos?

Tras este piloto que aprueba con sobresaliente y se convierte en uno de los mejores estrenos no a nivel nacional, sino internacional, de este año, queremos que se siga contando más sobre por qué el inspector sobrevivió, quién hay detrás del asesinato ( parece claro que no es un caso de contrabando) y, qué intereses puede llegar a tener el Gobierno, que seguro tiene su parte de culpa en todo esto, en una zona como la de exclusión. Y sobre todo, que el resto de los siete episodios que quedan vayan in crescendo. No podíamos esperar una serie mala de los creadores de “Crematorio”, pero “La Zona” logra innovar en un terreno tan difícil como la producción televisiva en España, con presupuestos bajos y tiempos de realización pequeños.


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