Crítica del especial de Las escalofriantes aventuras de Sabrina: Una Navidad a lo Tim Burton

Volvemos a Greendale con una historia que abarca mucho pero aprieta poco

 

A caballo regalado nunca le mires el diente. Cuando Roberto Aguirre-Sacasa anunció el pasado noviembre que regresaría a Netflix por Navidades, nadie se cuestionó si lo que llegaría tendría el mismo nivel de calidad o no que la serie principal. Contar con un especial así ya era un indicativo de que “Las escalofriantes aventuras de Sabrina” había sido un completo éxito. Algo que corroboraba la renovación por una segunda temporada, y que se sustentaba en este inesperado episodio. Ahora bien, el showrunner tenía dos opciones para devolver a la bruja al catálogo, y opta por la más desacertada de todas.

Otras series como “Doctor Who” ya han pasado en varias ocasiones por lo mismo. En el caso de la serie británica los especiales navideños siempre se resolvían con una historia autoconclusiva, que no comprometía la trama principal, y permitía disfrutar de los personajes en un contexto especial sin mayores implicaciones. “Cuento de solsticio de invierno” se queda a caballo entre la autonomía, y la dependencia total de lo que se vio en la primera temporada.

Pero ¿por qué arriesgarse así? Contando con una duración inferior a una hora, se antoja imposible abrir puertas y cerrarlas satisfactoriamente. Sacasa explicaba esta misma semana que la idea original del episodio estaba prevista aparecer en un piloto de la serie que nunca llegó a existir. De esa semilla se sacaron los puntos cardinales, se añadió un poco de purpurina navideña, y salió esta extensión calurosa pero descafeinada de la historia que arrasó hace unos meses.

Viajamos varias semanas hacia adelante desde el final original, a los días previos a la Navidad. Sabrina, ahora convertida completamente en bruja tras firmar en el Libro de la Bestia, sigue intentando compaginar su vida escolar con su vida familiar. Sus amigas han aceptado su secreto, e intentan amoldarse aceptando que la realidad no es tal y como la conocían. Harvey sin embargo continúa dolido. Lo sucedido con su hermano no ha terminado de escocer, y aunque parece algo más abierto al contacto con Sabrina, todavía sigue habiendo kilómetros de distancia entre sus sentimientos.

En la casa Spellman, tía Zelda y tía Hilda se preparan para recibir la Navidad siguiendo la tradición de las brujas. Aunque en el mundo mortal estas fechas son para disfrutar en familia y despreocuparse, para las brujas no es día de gratitud, sino de celebración del Solsticio de Invierno. La línea que separa el mundo mortal y el más allá se debilita durante los últimos días del año, y para evitar que los espíritus campen a sus anchas, deben mantener encendido en la chimenea el trono de Yuletide –un poderoso espíritu que hace de barrera-.  El problema, claro, es que lo imprevistos se acumularán, y la llama terminará por apagarse.

Dejando de lado la trama principal, y las dos subtramas que se exponen en este especial, lo más interesante resulta ver cómo se adapta esa ambientación tan interesante de la primera temporada a la Navidad. Y el resultado no podía ser más especial. Los toques góticos y oscuros de Greendale se funden con los árboles, las guirnaldas, y la nieve, en un escenario que por momentos recuerda a la Ciudad de Navidad por la que pasa Jack en el cuento de Tim Burton. A esto además se suma una selección de temas musicales que abandona el punk y el rock de la serie principal en pos de villancicos versionados por distintos grupos contemporáneos.

McKenna Grace nos deja uno de los momentos más especiales del episodio, en un bonito flashback navideño.

“Cuento de solsticio de invierno” sin embargo comienza a deshincharse cuando intenta engancharse al final de la primera temporada para prolongar algunas tramas. Vemos cómo Zelda mantiene en secreto a en casa a Leticia –la hija recién nacida del padre Blackwood-, cómo Sabrina comparte sus problemas de bruja con Rosalind y Susie, e incluso cómo Harvey se acerca poco a poco al mundo tras superar su duelo. Hay una intención evidente por parte de Sacasa de buscar la continuidad de este universo, pero ni tiene los recursos, ni mucho menos el tiempo necesario para lograr empacar ese paquete de forma satisfactoria.

Entendiendo el episodio como el especial que es, tampoco se le podía pedir ninguna gran sorpresa. Con el estreno de la segunda temporada previsto para abril, esto llegaba más como un breve alto en el camino, que como una extensión orgánica de la idea original. Y con todo ello incluso el showrunner nos regala una de las escenas más emotivas de toda la serie. Sí, es cierto que no hay preparación suficiente, pero la llegada de la madre de Sabrina desde el limbo, y la conversación que mantienen, consiguen erizar la piel. Sacasa por fin le pone cara a Diana Regina Sawyer-Spellman, y de paso se hace con un tótem motivacional que podría servirle para jugar con la protagonista de cara a los nuevos episodios.

La familia, como el turrón, vuelve a casa por Navidad.

A parte del inesperado punto climático, el resto del guion pasa de lo notable a lo mediocre en pocos minutos. La trama principal con la madre de Sabrina de por medio, y el rapto del bebé, es interesante, pero las historias que protagonizan tanto Susie –con el Papá Noel demoníaco-, como Ambrose y su breve escapada, están narradas torpemente y cerradas de forma apresurada. El episodio acumula demasiado contenido para el poco tiempo que tiene, y evidencia que efectivamente, quizás hubiera sido mejor idea apostar por algo más autoconclusivo.

“Las escalofriantes aventuras de Sabrina” se merecía un premio navideño como este, pero su verdadera prueba de fuego llegará en primavera, cuando tendrá que consolidar las promesas que ha hecho, y establecer lo que será un futuro de largo recorrido para las brujas. Hasta entonces, a nadie le amarga un dulce, y menos si viene acompañado de magia satánica.


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