Crítica de Domestic na Kanojo: Y si Marmalade Boy fuera ecchi

El amor entre hermanos encuentra su historia más absurda de los últimos años

 

La industria del anime no tiene límites ni responde a ningún filtro moral. Machismo, adulterio, pedofilia, misoginia, no son pocas las veces en las que el contexto cultural japonés ha propiciado el nacimiento de obras polémicas. Desde la perversión más rancia del yaoi en “Boku no Piko“, al desvirtuado ero-guro de “Midori“, la animación de las islas ha ido demostrando a lo largo de los años no apearse a ninguna norma moral ni ética. La pasada temporada la violación explícita en el primer episodio de “Goblin Slayer” volvía a incurrir en la misma cuestión, y en este 2019 el principal contendiente es “Domestic na Kanojo”, un anime que lo tiene todo para para levantar ampollas.

Hay ciertas obras que se valen de los clichés para elaborar una crítica o deconstrucción de cierto géneros, y otras muchas que se limitan a seguir los códigos y lenguajes preestablecidos. El manga de Kei Sasuga pertenece al segundo grupo, y va mucho más allá. Conocida por reinterpretar la popular “Marmalade Boy” desde un prisma más adulto y principalmente sexual, “Domestic na Kanojo” trasciende todos los tropos de algunos de los géneros más polémicos en Occidente, para dibujar una historia de excesos. Un triángulo amoroso que combina lo mejor del romance con la perversión del ecchi.

Desde que la obra fue publicada en Japón el pasado 2014, su popularidad no ha dejado de crecer entre el público occidental, convirtiendo a Sasuga en una mangaka reconocida a nivel internacional. En ese contexto, era solo cuestión de tiempo que algún estudio se interesara en adaptar una serialización con ya bastante material acumulado. Diomedea, conocido por la divisoria “Beatless”, y por algunos de los animes escolares más infames de los últimos años, veía en la historia incestuosa de Natsuo, la oportunidad perfecta para dejar volar su imaginación trasladando a televisión una historia que se digiere mejor dejando la mente en blanco.

“Domestic na Kanojo” deja claras sus intenciones desde el primer minuto; Un chico adolescente pierde la virginidad con una chica desconocida de su misma edad. El es Natsuo Fujii, un joven preocupado por su sexualidad, y ella es Rui Tachibana, una chica introvertida que utiliza el sexo como herramienta hedonista. Ambos se encontrarán, y se dirán adiós tan pronto como sus objetivos se cumplan. Sin embargo, el destino tiene una sorpresa bastante desagradable para ellos; el padre de él, y la madre de ella se casan formando una nueva familia, y convirtiéndolos en hermanastros.

Lo que en un principio se presenta como un romance con tintes ecchi pronto se convierte en un gyaku netorare, o NTR inverso. Este subgénero del hentai –habitualmente polémico- suele tener por protagonista a un chico, y como principal conflicto un triángulo amoroso. La mecha que enciende la historia es la llegada de una tercera persona a una relación previamente establecida, y su lenguaje suele incurrir lo explítico, y el fanservice gratuito. “Domestic na Kanojo” podría ser un romance más de no ser por el gusto predilecto de Natsuo por su profesora, Hina. Y es que aunque el joven solo mantiene un deseo sexual por ella –restringido por la diferencia de edad y el contexto social-, un giro narrativo predispone lo que será la premisa de toda la obra.

Domestic na Kanojo
Las dos hermanas son diametralmente opuestas

Hina resulta ser la hermana de Rui. Las dos chicas por las que siente atracción ahora son sus hermanastras. Desde ese contexto Sasuga desarrolla la relación entre los tres miembros del triángulo amoroso sustentándose en la infidelidad y el morbo. Aunque la premisa es interesante, y notablemente más original que la mayoría de obras del género, esta historia encuentra su principal problema en la forma. Partiendo del desagrado que suele provocar la misoginia -y otro tipo de perversiones sexuales propias del hentai-, “Domestic na Kanojo” no hace nada por evitar ser vulgar y recaer en tropos poco sorprendentes. La producción lucha en su conjunto por no salirse del tiesto en ningún momento; los protagonistas responden a arquetipos recurrentes, y las situaciones no escapan de lo previsible.

Shouta Ibata vuelve a sentarse en la silla de director por segunda vez tras Gi(a)rlish Number, y aunque intenta dejar su huella, no consigue superar ninguno de los dos principales obstáculos que se le cruzan. Ni logra codificar el ecchi para disolverlo con éxito en una historia que podría apuntar a un público más seinen, ni logra sortear la censura. “Domestic na Kanojo” busca la irreverencia pero se encuentra de frente con el pudor nipón, viendo imposible trasladar toda la crudeza de su historia original al anime. Su piloto opta por esquivar la escena de sexo explícito con la que Sasuga inicia la obra, y desde ahí intenta sustentarse en la insinuación. La depravación que en el manga hace de la premisa algo crudo, aquí queda tristemente desdibujada.

Domestic na Kanojo
El ecchi es todo lo gratuito y desafortunado que cabría esperar.

El hentai se diluye en una adaptación que no sabe si quiere ser subversiva, o tan solo pasar sin hacer ruido. Si la intención de la mangaka siempre fue explotar todo lo obsceno que lleva inherente el NTR, Diomedea lo convierte en un ecchi ligero sin demasiada gracia. Algo que se traslada también al apartado técnico. El estudio entrega un trabajo blando, muy irregular y vacío de personalidad, que igual brilla en los primeros planos de las chicas, como desluce en los fondos. El conjunto no es desastroso, pero sí muy mediocre. ¿Qué tiene entonces de interesante?

El hentai y sus subgéneros siempre han sido de nicho, y “Domestic na Kanojo” no es la excepción. La obra de Sasuga es selectiva y sabe jugar sus cartas. Ni busca acaparar mucha atención, ni dejar huella en el género, tan solo exprimir las mentes más perversas de cierto tipo de espectadores. El comportamiento estúpido e incoherente de Natsuo, las insinuaciones de Hina, y las miradas terroríficas de Rei crean el cóctel ideal para pervertir la esencia amorosa de “Marmalade Boy” en un festival incestuoso de sexo. Comprar el ticket para ese viaje ya es decisión de cada uno.


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