El futuro de la industria de los videojuegos no pinta bien, y sólo hay que asomarse a la actualidad de hace unos días (no hace falta remontarse mucho más) para darse cuenta de que la preocupación comienza a ser un estado natural. Consolas cada vez más caras ante un panorama tecnológico global que tampoco pinta bien, un formato físico que parece condenado a desaparecer sin apoyo de las compañías más importantes, despidos masivos y cierres de estudios con enorme talento, grandes marcas en momentos difíciles... ¿qué está sucediendo?
Los videojuegos nunca han sido un entretenimiento barato, pero jamás habíamos vivido una situación similar a la de esta generación de consolas: por primera vez en la historia, comprar hoy una consola sale mucho más caro que haberlo hecho el día de su lanzamiento. Y a partir de agosto la cosa no pinta nada bien: 800 euros por una Xbox Series X se antoja una auténtica barbaridad por consolas que cumplen los 6 años de vida, con una PS5 que se sitúa en los 650 (por ahora), una PS5 Pro por 900 euros y una Nintendo Switch 2 que tampoco se ha librado de las subidas, situándose en los 470 euros.
En este momento, deberíamos estar hablando de la nueva generación, con las consolas actuales a precios muy reducidos... y esto es lo que tenemos en su lugar. Pero mirar al futuro tampoco da razones para alegrarnos. El aumento del precio de la RAM y de los componentes electrónicos que están afectando al mundo de la tecnología por culpa de la IA, no va a mejorar y, de hecho, se espera que vaya a peor hasta al menos 2028. Esto nos deja en una situación de terror: es muy probable que todas las consolas vuelvan a sufrir más aumentos de precios: si quieres una consola de actual generación, hazte con ella lo antes posible si te lo puedes permitir.
Y esto nos deja con las últimas informaciones relativas a la próxima generación de consolas, con PS6 y la nueva Xbox Helix como protagonistas: la subida de precios hacen que los analistas ya sitúen a las próximas plataformas con precios, como mínimo, de 1000 euros. Si me preguntas, personalmente, creo que estas previsiones se quedan cortas: si tenemos en cuenta que PS5 Pro, la consola actual más cara, ya está en los 900 euros (si no hay más subidas), lo más normal sería situar a una nueva generación más cercana a los 1500 euros que a los 1000. Una situación, de nuevo, jamás vivida en la industria de los videojuegos.

Tampoco se quedan atrás los juegos en sí. No sé si lo recuerdas, pero hasta hace unos años el precio habitual de un videojuego de lanzamiento se situaba alrededor de los 60 euros... que subió hasta los 70 y, ahora, ya se ha estandarizado en los 80. Sin embargo, no son pocas las compañías que apuestan por títulos más caros (como ese Mario Kart World por 90 en formato físico) o recientes subidas como la de GTA VI, aunque no hayan afectado a territorios como España. Y esto nos lleva hasta un nuevo escenario que, probablemente, también vaya a ir a peor.
GTA VI también ha sido protagonista de la actualidad por su decisión de lanzarse al mercado con un polémico formato físico que no es tal: una caja que incluye un código para descargar la versión digital del juego en la consola. Aunque es probable que todo forme parte de una campaña de marketing para vender el juego varias veces y que ese formato físico con disco aparezca en el futuro, deja en evidencia que grandes compañías como Take-Two no apuestan por un formato físico que, de por sí, lleva muchos años en decadencia: alrededor del 80% de todas las ventas de la industria se sitúan ya en el formato digital, mucho más beneficioso para las compañías, sí, pero menos para el usuario.
Aunque es una industria muy apegada a lo digital desde hace varios años, sobre todo en el terreno del PC, entristece comprobar cómo el medio se acerca cada vez más a un cambio generacional similar al visto en cine o música: probablemente, esto sólo sea un anticipo de que los videojuegos serán un medio digital donde el mercado físico quedará resguardado para coleccionistas o para un pequeño nicho, que cada vez va reduciéndose. Y al margen del romanticismo, movimientos como los de PlayStation eliminando más de 500 películas en formato digital a sus usuarios, aunque las hayan pagado, demuestra la verdadera naturaleza de este formato: no somos dueños de nada, ni siquiera de lo que pagamos (caro, además).
Por si fuera poco, tenemos a Xbox como ejemplo de lo cruel que puede ser la industria: la mítica marca está en el peor momento de su historia en Microsoft, y parece haber alcanzado un punto de no retorno. O comienza a ser verdaderamente rentable, o las soluciones parecen ser desoladoras. Cada vez nos enfrentamos a peores noticias: estudios de desarrollo de talento inigualable como Double Fine o Ninja Theory, entre otros, corren peligro de ser cerrados si no se encuentran compradores pronto, lo que dejaría un enorme hueco de talento en la industria. Y algo parecido ocurre con la propia Xbox en sí: todo apunta a un ultimátum por parte de Microsoft para que la división sea rentable, que ya veremos cómo acaba.
Por no hablar de las oleadas de despidos masivas que se están sufriendo en la marca verde pero también en las demás, con Bungie como ejemplo más reciente por parte de PlayStation. Las cosas para Xbox y sus estudios no pintan nada bien ahora mismo, y las posibles soluciones pasan por más recortes en trabajadores y en talento. En general, no parecen ser buenos momentos para los estudios de desarrollo a nivel global, con más incertidumbre y problemas económicos que nunca.
¿Y qué decir de los propios desarrollos en sí? Que PlayStation siga empecinada en el desarrollo de juegos como servicio es incomprensible por parte de todos los jugadores, que siguen viendo cómo estudios de talento inmenso como Naughty Dog pierden años de trabajo en títulos que, después, no llegan a ver la luz. Por no hablar de la enorme cantidad de estudios, como Bluepoint Games, que han tenido que cerrar las puertas por culpa de esta obsesión por un formato que triunfa, sí, pero en el que hay espacio para muy pocos.
Esta es la realidad de la industria tomando como ejemplo sólo algunos elementos de la actualidad más reciente, lo que resulta desolador. No son buenos momentos para el usuario, pero tampoco para los trabajadores. Desde que la IA sacudió el mundo, la industria de los videojuegos está siendo una de las más afectadas, y no por las mejores razones. ¿Lo peor? Que es imposible avecinar que nada vaya a mejorar, al menos en un corto o medio plazo. Cruza los dedos, pero no esperes milagros.
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