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Crítica de Ataque a los titanes 3×18: El triunfo de la sinrazón

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CRÍTICA

Crítica de Ataque a los titanes 3×18: El triunfo de la sinrazón

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  • Fecha de estreno: 7 de abril de 2013
  • Duración: 24 min / ep
  • Pais: Japón
  • Género: Acción, postapocalíptico, drama, ciencia ficción, suspenso, misterio, tragedia
  • Productora: Wit Studio
  • Distribuidora: Selecta Vision (España)
  • Director: Tetsurō Araki
  • Guionista: Yasuko Kobayashi, Hiroshi Seko y Noboru Takagi

El altruismo frente a la racionalidad. La prueba de distinción que versaría con hechos las diferencias palpables entre las dos facciones enfrentadas por la supervivencia no era nada sencilla de obtener, y Hajime Isayama era consciente de ello. No importaban los hechos, cohibidos y sesgados por la intencionada falta de información, y tampoco entraban en relevancia las motivaciones intrínsecas de los distintos agentes en juego. «Ataque a los titanes» ya se había encargado a conciencia de desdibujar los límites del campo interpretativo en el que se movía para anclarse a la sugestión tan propia de su universo. ¿Cuál es la respuesta correcta? No la hay.

Y claro, en un contexto tan atractivo narrativamente, la única salida posible a una trama enfrentada una vez más a un reinicio de ciclo estructural, pasaba por poner al espectador entre la espada y la pared. Sí, el sacrificio de Erwin por un lado, y de Armin por el otro, dibujaban un desenlace previsible en el que la humanidad salía ganando. Pero Wit Studio necesitaba subvertir los pilares de ese terreno para proponer de nuevo cartas capaces de dar volumen y profundidad a la experiencia. Esa había sido hasta entonces la regla del juego, y es precisamente lo que sale a colación esta semana en «Sol de medianoche»; un episodio capaz de mantenerse en la ventana climática sin terminar nunca de explotar.

Ataque a los titanes

El paso lógico a la tormenta de sentimientos era entrar en un valle capaz de disipar la tensión, y tender nuevos puentes narrativos. Como en cualquier guerra, los supervivientes del bando humano comienzan a negociar con sigo mismos y con sus rehenes para obtener la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible. Zeke seguía sobrevolando el campo de batalla en busca de restos, y el peligro de una recuperación tanto de Berthold como de Reiner son reales. Ante esa diatriba Hange opta por tomar una posición activo-agresiva que en un primer momento impacta a sus compañeros, pero que encaja con el lenguaje contextual de la temporada. ¿Qué otra posibilidad quedaba?

No importa que Reiner muestre señales de compasión al entregar la carta que mantenía escondida de Ymir, ni que su pasado mantenga lazos entrelazados con la humanidad. El sacrificio debía servir para algo, de eso había tratado todo hasta el momento. Y sin embargo, una vez más la naturaleza del ser humano vuelve a rebelarse como el principal enemigo de los protagonistas. Jean en este caso juega el papel de voz de la emoción planteando una alternativa al asesinato. «Si asumimos que nunca los entenderemos ¿cómo vamos a derrotar a los titanes?«. Sus palabras invierten la percepción de la situación. Es en realidad Hange la que quiere tomar la salida más sencilla utilizando el peligro como hombre de paja.

Ataque a los titanes

En este caso el componente racional termina pesando más, y la capitana accede a intentar conseguir la jeringuilla de Levi para aprovechar los poderes del Titán Acorazado. Pero ese tono embarrado e indigesto que propone el episodio no termina ahí. De hecho, la resolución del arco solo sirve como aperitivo para el verdadero núcleo narrativo y temático esta semana; ¿razón o emoción? El mismo conflicto se vuelve a presentar una vez más sobre el tejado del edificio en el que ha caído el cuerpo calcinado de Armin. Y es que su sacrificio había servido para derrotar a Berthold, pero Isayama no iba a cerrar el desarrollo del personaje tan fácilmente.

Tetsurou Araki recupera el papel que el personaje jugaba en anteriores episodios, y lo exponencia hasta un nivel enfermizo que ennegrece el visionado. Tiñe la adaptación de una crueldad que supera con creces todas las muertes y sacrificios cimentados para llegar hasta este punto. Isayama le devuelve la esperanza a Eren para quitársela solo pocos minutos después de la forma más cruel posible; obligándole a renegar a una posibilidad factible de recuperar a su amigo. Armin está vivo, pero el cuestionamiento filosófico exacerbado del mangaka también. Y la situación no tarda en recrudecerse.

Ataque a los titanes

Levi, reconvertido en juez moral, se ve forzado a leer el contexto en busca del máximo beneficio para la humanidad. Su argumento siempre es presentado como un alarde de racionalidad, pero pronto se va matizando con incisiones no poco densas de altruismo. ¿Es en realidad un juego de suma cero lo que plantea la serie? Levi llega henchido de adrenalina tras perder de vista a Zeke, y parece que sus acciones son contundentes, pero como ya vimos en el pasado, no todo es Sócrates en su interior.

«Elijo a quien salvará a la humanidad«. Su precepto le proporciona una aparente ventaja para decidirse por revivir a Erwin, y sí, lo hace incluso cuando Eren se opone más abiertamente a su posición. Sin embargo, termina convirtiéndose una trampa cuando los amigos de Armin deciden alzarse en voz para librar un combate dialéctico. De un momento a otro «Ataque a los titanes» pasa de ser un drama entrelazado al gore y la acción más descarnada, a disfrazarse de panteón Romano para avanzar recurriendo a absolutos filosóficos y morales de difícil resolución. Y el cambio le sienta genial. No solo porque ralentiza el ritmo asentando los eventos del anterior episodio, sino porque consigue desmontar ideas preconcebidas en base a la experiencia del espectador.

Ataque a los titanes

Decida lo que decida Levi, la satisfacción estará coartada. Y eso lo sabe Isayama, que administra las expectativas a placer, dando pinceladas de luz cuando más le conviene, para transformar el episodio en un vaivén de golpes emocionales. Eren levanta la defensa de Armin sin muchos problemas; fue él quien propuso el agujero de Trost, quien identificó a Annie, quien propuso acercarse a Shiganshina de noche, y quien encontró a Reiner en su escondite. No es el Comandante ni la luz de la esperanza para las gentes dentro de los Muros, pero ha demostrado ser mucho más que un simple soldado y un amigo. La evolución que el mangaka le había proporcionado durante toda la temporada no era caprichosa.

Su reconversión a héroe espiritual del Cuerpo nacía preconcebida para servir como salvoconducto en este episodio. Y funciona, claro que lo hace. El leit motiv de la humanidad siempre consistió en sobrevivir sobreponiéndose a la desidia. A un contexto en el que la opción más lógica habría sido rendirse. Pero el altruismo proporcionó un color de esperanza atado a la racionalidad limitada que resultaba increíblemente placentero. Aquí vuelve a actuar de manera implacable, y habría cerrado el tormento de no ser por la irrupción inesperada de Floch. El soldado que consigue arrastrar el cuerpo malherido de Erwin destruye la inconmensurabilidad que plantea Eren reforzando las ideas de Levi.

Ataque a los titanes

La cosa se complica. Erwin no es solo la opción más sensata por ser el Comandante y el rayo de esperanza que mantiene unida a la humanidad. Es quien ideó la estrategia para acabar con el Titán Bestia, quien decidió sacrificar a sus soldados para alcanzar su propio sueño, aumentando la pila de cadáveres sobre la que ya caminaba. Quien se mostró frío ante la idea de vivir en vergüenza huyendo de la muerte. ¿Es en realidad un villano? El tono de Floch se va oscureciendo en un giro de guión tan efectivo como bien ejecutado. «Necesita seguir viviendo en el infierno«. Su resurrección se torna castigo. «Solo un demonio puede aniquilar a los titanes. Mi misión era rescatar a ese demonio«.

El tono sorprende hasta al propio Levi, quien creyendo haber encontrado una voz de la razón, descubre tener entre manos la solución al puzle. Claro que Erwin era un villano disfrazado, y claro que es la esperanza de la humanidad, pero a costa de qué. No pudo elegir su vida, ni sus sueños -inducidos por la situación-, y terminó cegado de ambición a costa de los demás. Pero en el paralelismo con el sueño de Armin, el episodio recupera la problemática de Maquiavelo. No, el fin no justifica los medios, y Erwin ya había cumplido su propio sueño al descubrir el mundo que se escondía detrás de los muros. Levi termina viendo la luz, y apuesta por ese altruismo irracional que tantas veces ha levantado a Eren del suelo.

Ataque a los titanes

«Todos necesitamos embriagarnos de algo para seguir adelante«. El recuerdo de Kenny resuena en la mente de su sobrino blanqueando el perfil sesgado que la situación había dibujado de Erwin. «Todos eramos esclavos de algo«. Pero Levi tiene ahora la oportunidad de liberar a su amigo de esa pena a la que le quiere condenar Floch. El anime se abre por primera vez a un bien absoluto acariciando el clímax que tanto había masticado durante toda la temporada. Armin recibe el pinchazo, se convierte en titán, y devora a Berthold recuperándose en el proceso. Erwin muere. Pero todos salen ganando.

Wit logra finalizar el poema encajando todas las rimas en su sitio, y demostrando que tiene entre manos uno de los guiones más redondos que ha visto la industria en los últimos años. El estudio no solo se ha dejado llevar por el talento de un relato consolidado bajo la brillante mente de Isayama, sino que además ha conseguido sacar partido a las ventajas del medio, convirtiendo a «Ataque a los titanes» en una catarsis de placeres contrapuestos. Es momento de ir a la playa.


Ataque a los Titanes (Shingeki no Kyojin)

Capítulo 3x18

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Ataque a los Titanes

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Escribo mucho y a veces bien. Lidero un equipo de patatas. Seguidor incondicional de Inio Asano. Otaku pero no mucho.

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