Más de 400.000 copias vendidas; ese es el brutal dato que el CEO de MAPPA, Manabu Otsuka, ha revelado recientemente en cuanto a las que fueron las ventas físicas de "Yuri!!! on ICE". Y sí, en todos los sentidos se trata de un éxito... que sin embargo dejó una lección extremadamente dura al estudio.
En una nueva entrevista, Otsuka-san ha hablado acerca de un tópico recurrente en la industria del anime: la supervivencia de los estudios. A pesar de que son la parte más esencial en la existencia de una adaptación televisiva, son habitualmente la última pieza en la 'cadena alimentaria' de la economía del anime.
Esto se debe a que, por lo general, un estudio de animación recibe un pago fijo por su trabajo, sin importar el éxito que pueda cosechar el anime en cuestión. Eso supone que las ganancias posteriores se distribuyen mayormente entre las compañías participantes del comité de producción, y MAPPA quería cambiar eso.
"Yuri!!! on ICE" fue uno de los animes en los que MAPPA invirtió de manera más contundente en su momento, y de ahí que los resultados fueran todavía más decepcionantes para ellos a largo plazo:
El caso de MAPPA y "Yuri!!! on ICE" es notorio por el estudio y la IP que se trata, pero no está lejos ni mucho menos de la norma en el sector. Y es que por sorprendente que sea, la industria del anime cuenta con una de las economías más frágiles de la industria del entretenimiento.
De hecho, recientemente surgía la información de que las ayudas del gobierno japonés destinadas al sector del anime dejaban con un 0% del total a los animadores, directores y demás creativos, siendo utilizados todos los fondos para aspectos de marketing y temas de logística.
Esa paradoja es la realidad que ha acompañado al sector del anime desde el comienzo: a pesar de que los individuos más inmediatamente responsables del motor de la industria son los propios animadores, estos son en última instancia los que menos beneficio sacan del éxito del trabajo.
Lo que intentó MAPPA en su momento con "Yuri!!! on ICE", y lo que de hecho ha seguido haciendo en años posteriores después de reforzar su infraestructura, no era simplemente un movimiento mediante el que 'ganar más dinero' y ya, sino una estrategia de supervivencia para poder seguir creando las historias que tanto disfrutamos en todo el mundo.
Lleva siendo así décadas y no va a cambiar de la noche a la mañana, pero la industria del anime realmente debería replantearse cómo trata a sus propios estudios. A pesar de que el anime lleve años viviendo un momento de forma excepcional, nada es para siempre, y sin un buen colchón la fragilidad sobre la que se sostiene la industria podría derivar en una crisis muy preocupante.
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