Netflix anunció a todos sus suscriptores que había comprado Warner Bros., un acuerdo histórico que parecía estar cerrado, y que ha terminado dando tumbos hasta protagonizar un giro de 180 grados: Paramount Global ha conseguido imponerse en la carrera por Warner tras mejorar su oferta hasta los 31 dólares por acción, lo que eleva la operación a unos 111.000 millones de dólares. ¿El resultado? Netflix se retira y asume la derrota.
Cuando todo apuntaba a que la plataforma roja sellaría la compra, Paramount movió ficha con una propuesta económicamente superior a los 27,75 dólares por acción que ofrecía Netflix. La junta de Warner Bros. Discovery dio entonces cuatro días a Netflix para igualar o mejorar la cifra, pero la respuesta sorprendió a todos: una retirada inmediata y adiós a sus planes de expandirse.
Ted Sarandos y Greg Peters, CEOs de Netflix, fueron muy claros desde un principio. El acuerdo únicamente tenía sentido "a un precio justo", pero igualar la última oferta ya no era "financieramente atractivo". Vamos, que Paramount estaba dispuesta a pagar más de lo razonable con tal de poder decir que había adquirido Warner Bros. Discovery.
¿A quién encontramos detrás de la operación? A David Ellison, respaldado por el músculo financiero de su padre, Larry Ellison. La insistencia que durante meses fue vista casi como una excentricidad terminó convirtiéndose en un golpe maestro empresarial.
David Zaslav, máximo ejecutivo de Warner, ha celebrado el entendimiento y ha defendido que la fusión con Paramount generará "un valor tremendo para los accionistas". Ahora comienza una nueva etapa que puede redefinir el mapa audiovisual estadounidense, con unas pocas empresas haciéndose con el control de la mayoría del sector.

Seguro que ya has escuchado o leído que la operación no está exenta de polémica. Ellison mantiene una relación muy cercana con Donald Trump, despertando cierta inquietud política y mediática. La senadora Elizabeth Warren ya ha advertido sobre posibles riesgos antimonopolio y una eventual subida de precios de cara a los consumidores.
Mientras, podemos preguntarnos algunas cosas: ¿qué pasará con HBO Max? ¿Se mantendrán las grandes sagas que ya están en marcha? ¿Recortes de plantilla en camino? Y sobre todo, ¿superará esta operación los filtros regulatorios antimonopolio que se están establecidos en Estados Unidos?
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