Lo confieso. Hasta anoche, me declaraba fan de 'La momia', esa versión hiper vitaminada del clásico que protagonizó Tom Cruise allá por el año 2017 bajo la dirección de Alex Kurtzman. Me gustó bastante su estética, algunas de las escenas de acción que incorporaba y la siempre magnética presencia de Cruise, por mucho que aquí se llevara el premio Razzie a peor actor y ni él mismo se creyera el desastroso guion que le dieron.
Creo que 'La momia' nunca ha tenido una película a la altura del mito. Ni siquiera las aventuras de Brendan Fraser se pueden considerar grandes clásicos como algunos se atreven a decir. Eran entretenidas, es cierto, pero al igual que la adaptación de Tom Cruise, mejor no tomárselas en serio.
Sin embargo, ayer descubrí 'La momia de Lee Cronin' y me topé con una agradable sorpresa: la primera película de La Momia que se tomaba muy en serio, que apostaba por un guion competente y por una estética terrorífica. Un thriller con tintes de terror y gore que funciona de principio a fin, muy violento y con ciertas reminiscencias a 'El Exorcista' y 'Hereditary'.
Porque no intenta ser lo que no es. Y ahí está, precisamente, una de sus mayores virtudes y principal aspecto diferenciador con otras películas de 'La momia'.
En una época en la que los grandes estudios han exprimido hasta la saciedad el espectáculo vacío (con universos compartidos como el Dark Universe que se cargó 'La momia' de Tom Cruise'), 'La momia de Lee Cronin toma un camino diferente: reduce la escala para amplificar el impacto. Nos alejamos de héroes carismáticos y aventuras con tintes exóticos; aquí hay mucho dolor, traumas y una atmósfera asfixiante.
Funciona porque Lee Cronin entiende algo esencial que muchas superproducciones han parecido olvidar: el terror no está en el espectáculo, en lo grandilocuente, sino en lo íntimo. Igual que su director ya lo demostró con 'Posesión infernal: El despertar', 'La momia de Lee Cronin' sabe cómo incomodarnos, cómo retorcer situaciones cotidianas hasta transformarlas en algo perturbador de verdad.

Las comparaciones con 'El Exorcista' o 'Hereditary 'no son gratuitas. Como ellas, esta momia no busca entretenerte sin más, sino dejarte incómodo, removido, incluso agotado. Hay una intención clara de trascender el género, de usar sus códigos para hablar de algo más oscuro y universal. Y aunque a veces peque de pretenciosa, prefiero este sello de autor al espectáculo sin más.
¿Es perfecta? En absoluto. Su ritmo irregular en muchos tramos y cierta dependencia a los códigos del terror moderno pueden jugar en su contra. Pero incluso en estas imperfecciones encuentro personalidad, y eso es lo que al final tiene que destacar en el cine actual.
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