El episodio 7 de la temporada 3 de 'Euphoria' nos mostró finalmente uno de los momentos más esperados: la muerte de Nate Jacobs, el personaje que interpretaba Jacob Elordi. Y sí, creo que la escena es brutal, visceral y técnicamente impactante. Pasé más miedo que con muchas películas de terror.
Pero cuando el shock se disipa, al menos a mi me ha quedado una pregunta incómoda flotando en el ambiente: ¿era esto lo que merecía uno de los mejores personajes que tenía la serie? ¿Cómo es posible que esta última temporada le haya desdibujado tanto?
Hagamos memoria. En las primeras temporadas, Nate Jacobs era muchas cosas, pero sobre todo era imposible de ignorar. Violento, manipulador, controlador... Era alguien aterrador, sí, pero también uno de los personajes más complejos de la serie. Nate funcionaba como una exploración incómoda, pero muy real de la masculinidad tóxica, el trauma reprimido y el poder. Era el tipo de antagonista que hacía que te sintieras mal por entenderle, y eso es exactamente lo más difícil de escribir.
Para Sam Levinson, el trauma adolescente no era la droga, ni el sexo, ni siquiera la violencia explícita: era la masculinidad como sistema de control. Nate Jacobs era muchas cosas, pero sobre todo era energía narrativa pura. El motor que hacía avanzar la trama cuando todo lo demás amenazaba con detenerse.
El problema no es lo que ocurre en el episodio 7. El problema es todo lo que no ocurrió antes. La última vez que vimos a Nate, estaba amenazando a Maddy con una pistola. Y en la temporada 3 lo vemos convertido en un estereotipo aburrido de esposo suburbano que toma malas decisiones financieras, algo que el Nate calculador que conocíamos jamás haría. Al suavizar a Nate, la serie perdió uno de sus motores principales.

Las redes se llenaron de quejas sobre un personaje irreconocible que parece haber perdido su inteligencia táctica, convirtiéndose en uno de los antagonistas menos temidos de la serie. El chico que iba siempre tres pasos por delante de todos ahora tropezaba con deudas de un millón de dólares con la mafia armenia. Su incapacidad para adaptarse a las reglas del mundo adulto fue presentada como su ruina, pero el arco se asemeja más a un thriller de suspenso que al drama psicológico que hizo grande al personaje.
Nate es encerrado vivo en un ataúd y enterrado en el desierto, con apenas un pequeño agujero para respirar. Todo empeora cuando una serpiente cascabel (realmente era una boa con un cascabel, dijo el equipo posteriori a posteriori) entra al ataúd a través de ese agujero. Al abrir el ataúd, Maddy y Cassie descubren una escena horrible: Nate está muerto, rodeado por la serpiente, envenenado, mordido y asfixiado, con los ojos aún abiertos.
Sam Levinson se encargó de mostrar pequeños destellos de humanidad y vulnerabilidad en Nate durante esta temporada como parte de una trampa narrativa orquestada para invertir los valores morales del espectador. La intención era inteligente sobre el papel. La ejecución, cuanto menos discutible.
Jacob Elordi se merecía una despedida a la altura de lo que construyó durante seis años. Lo que obtuvo fue un ataúd, una serpiente y una muerte que se recuerda más por lo grotesca que por lo significativa. 'Euphoria' despidió a su mejor villano haciendo ruido. Lástima que no supiera qué hacer con él antes de dar el disparo final.
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