Sin sorprender demasiado a nadie, Netflix está buscando producir en aquellos países en los que es más económico encender cámaras y contratar guionistas. Por ello, es habitual encontrar series y películas de lugares tan remotos para nosotros como Tailandia, Taiwán, Corea del Sur o Sudáfrica. Y en este último caso, nos estamos encontrando con una tendencia a crear una especie de industria audiovisual con todo lo que ello conlleva: estrenos mensuales, una especie de star system sudafricano y proyectos cada vez con más visibilidad.
'El polígamo' ha sido el último gran estreno de Netflix que ha sido producido en Sudáfrica. Y a diferencia de otros thrillers y dramas de la plataforma de streaming grabados en este país, 'El polígamo' se aproxima más al concepto de telenovela como el que conocemos en Latinoamérica. Con todo lo bueno y malo que esto significa.
Joyce es una mujer muy popular en las redes sociales, que parece el ejemplo de la felicidad conyugal... hasta que las conquistas de su marido infiel desencadenan una gran crisis. Esta es la sinopsis tan breve que ha compartido Netflix días antes del estreno de esta serie que no aporta gran cosa al catálogo de la plataforma.
Y es que 'El polígamo' funciona exactamente como una telenovela clásica: emociones al límite, personajes que viven permanentemente enfadados y situaciones tan exageradas que en ocasiones rozan lo absurdo. Sin embargo, esa es precisamente una de sus principales virtudes. La serie no pretende ser un drama sofisticado ni una producción especialmente realista, sino una propuesta pensada para enganchar al espectador con un desfile constante de traiciones, venganzas y giros inesperados.
Los capítulos apenas duran 30 minutos, mantienen un ritmo muy ágil y siempre está ocurriendo algo relevante como sucede en cualquier telenovela clásica. Una fórmula que invita a consumir un episodio tras otro apenas sin darte cuenta, aún sabiendo que estamos ante una serie bastante mala y que arrastra problemas importantes.
En este sentido, muchos personajes están construidos a partir de estereotipos muy evidentes y algunas decisiones narrativas son tan anticuadas, que las llevamos viendo en estas mismas telenovelas latinoamericanas desde finales de los 90. Sin ir más lejos, Matipa es la típica mujer que usa su atractivo físico para escalar posiciones a nivel social y profesional.
'El polígamo' también deja una sensación agridulce porque demuestra que Sudáfrica cuenta con una industria audiovisual cada vez más sólida y con capacidad para producir contenidos de alcance internacional, pero Netflix parece conformarse con explotar fórmulas seguras y fácilmente consumibles. La plataforma debería aprovechar este crecimiento para apostar por proyectos más ambiciosos, con guiones más trabajados y personajes menos estereotipados, en lugar de limitarse a fabricar productos pensados para el consumo rápido.
Porque, aunque 'El polígamo' cumple su función como entretenimiento ligero y adictivo, también evidencia el techo creativo al que está llegando Netflix en algunos mercados emergentes. La compañía ha demostrado en países como Corea del Sur que una apuesta más arriesgada puede dar lugar a fenómenos globales, y quizá ha llegado el momento de ofrecer a Sudáfrica esa misma oportunidad.
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