En un momento especialmente turbulento para la industria del videojuego, pocas compañías pueden presumir de la solidez que está demostrando Capcom. Mientras el sector encadena despidos masivos y reajustes estructurales, la compañía japonesa no solo ha logrado mantenerse al margen del caos, sino que ha reforzado su plantilla, mejorado las condiciones salariales de sus empleados y expandido su infraestructura con nuevas oficinas en Osaka.
Nada de esto es fruto del azar. Es el resultado de una estrategia sostenida, coherente y extraordinariamente bien ejecutada durante años. Capcom ha sabido equilibrar continuidad y renovación: ha consolidado franquicias históricas como Monster Hunter, Street Fighter o Resident Evil, mientras recuperaba sagas de culto como Dragon’s Dogma u Okami y, al mismo tiempo, apostaba por nuevas propiedades intelectuales como Pragmata.
Ese equilibrio ha generado algo que hoy vale más que cualquier campaña de marketing: confianza. La llegada de un nuevo título firmado por Capcom ya no despierta dudas, sino expectación. Y si además hablamos de Resident Evil, su saga insignia durante tres décadas, el interés se multiplica.
El mejor Resident Evil en 25 años
Resident Evil Requiem representa mucho más que una nueva entrega: es el punto de convergencia entre las dos etapas modernas de la franquicia. Tras la reinvención que supuso Resident Evil 7 y su consolidación con Resident Evil Village, acompañadas de unos remakes sobresalientes, la saga parecía haber alcanzado una estabilidad creativa admirable. Sin embargo, arrastraba una debilidad evidente: Ethan Winters.
Aunque funcional a nivel narrativo, Ethan nunca terminó de convertirse en un personaje verdaderamente icónico dentro de un universo poblado por figuras carismáticas. La decisión de devolver el protagonismo a un personaje querido corrige esa disonancia y fortalece la identidad de esta nueva entrega. Requiem no reniega del pasado reciente, pero tampoco vive de él: lo integra y lo supera.
Y es precisamente esa integración lo que me lleva a considerarlo el mejor Resident Evil de los últimos 25 años.
Un espectáculo técnico de referencia
Tras experiencias recientes tan potentes como Alan Wake 2, lo conseguido por Capcom vuelve a situar el listón en lo más alto. En PlayStation 5 Pro, el juego no solo luce espectacular, sino que lo hace con una estabilidad ejemplar. La resolución —potenciada por PSSR— y la tasa de imágenes por segundo se mantienen firmes, sin concesiones perceptibles.
La iluminación es clave en esa excelencia técnica. El sistema de luces construye una atmósfera opresiva y constante que eleva la tensión de forma orgánica. El diseño de personajes y enemigos alcanza nuevas cotas de detalle, con animaciones y expresiones faciales que transmiten peso dramático real.
Los escenarios merecen mención aparte. Capcom vuelve a convertir los espacios en entidades memorables. Como ocurrió con la comisaría de Raccoon City o la mansión Spencer, los nuevos entornos no son simples decorados: son protagonistas silenciosos que permanecen en la memoria.
El ray tracing y demás virguerías técnicas nos dejan con uno de los títulos más llamativos de la generación. El detalle y el mimo ejercido sobre cada aspecto que observamos en la pantalla es enfermizo y no solo denota el buen gusto de Capcom, al que ya estamos ciertamente acostumbrados, sino que demuestra la obsesión del equipo de desarrollo por no dejar de sorprender con ciertos detalles mínimos que uno no espera, y con los que podemos deleitarnos nada más comenzar el juego; mientras caminamos por una calle abarrotada de gente bajo una intensa lluvia, y observamos los reflejos en los charcos o la física de los paraguas de los viandantes.
No obstante, aún persisten limitaciones habituales del género: ciertos elementos del escenario continúan siendo excesivamente estáticos. Además, aunque el reescalado funciona de forma sobresaliente en la mayoría de situaciones, hay momentos puntuales —como en el vello facial— donde la técnica evidencia pequeñas fisuras. Son detalles menores en un conjunto sobresaliente.
Continuismo inteligente en lo jugable
A nivel mecánico, Requiem no busca reinventar la fórmula, sino perfeccionarla. Fusiona con acierto la estructura de los remakes en tercera persona con la tensión directa de las entregas en primera persona. La posibilidad de alternar entre ambas perspectivas es un añadido valioso, aunque su implementación podría haber sido más accesible.
Las diferencias entre personajes enriquecen la experiencia. Con Grace, el sigilo adquiere una relevancia real debido a la escasez de recursos ofensivos, lo que intensifica la sensación de vulnerabilidad. Con Leon, en cambio, la acción se vuelve más directa y espectacular, aunque siempre medida y muy lejos del exceso visto en Resident Evil 6, o puede que no tanto, pero si mucho mejor dirigida y compensada en su justa medida.
El sistema de recompensas que se desbloquea en la segunda mitad introduce un componente estratégico adicional, incentivando el enfrentamiento selectivo y la mejora progresiva del arsenal.
Requiem no pretende revolucionar ni la jugabilidad en general ni el combate en concreto, consigue hacerlo aún así; pero su ambición está en cómo encadena situaciones, en cómo mantiene el asombro constante. La jugabilidad es accesible, sólida y tremendamente eficaz y divertida. Y eso, en una saga con tanta historia, es una virtud mayor de lo que parece.
Nostalgia con sentido narrativo
Donde Capcom vuelve a demostrar su maestría es en la construcción argumental. El regreso a Raccoon City no es un mero reclamo nostálgico: está integrado con coherencia dentro del canon, cuestionando la versión oficial de los acontecimientos ocurridos hace tres décadas.
Recorrer sus calles devastadas, reinterpretar espacios icónicos bajo una nueva perspectiva y enlazar sucesos pasados con la amenaza actual genera un impacto emocional auténtico. No es fan service: es evolución narrativa. De hecho, se me ocurren muchos momentos en este Resident Evil Requiem, donde Capcom podría haber utilizado el fan service con todo el sentido del mundo, pero ha preferido no hacerlo.
La recuperación de personajes hasta ahora secundarios dentro del lore, como Alyssa, demuestra un conocimiento profundo del universo de la saga. Capcom no reescribe su historia: la expande, encuentra grietas y construye sobre ellas con naturalidad.
La nueva amenaza vinculada al Virus-T y el misterio en torno a Elpis funcionan como catalizadores de una trama llena de giros que recontextualizan figuras y eventos que creíamos completamente definidos.
Sonido ¿el más inmersivo de la saga?
Si analizamos los distintos apartados del título, no hay ninguno que no alcance una valoración notable, y el apartado sonoro no es la excepción. Las nuevas composiciones creadas para esta entrega sorprenden desde el primer momento. Through the Darkness, como tema principal, marca con fuerza la identidad del juego, mientras que la recuperación puntual de piezas clásicas, perfectamente integradas, refuerza esas emociones de nostalgia en los momentos clave de la aventura.
Los efectos de sonido alcanzan un nivel sobresaliente, construyendo una atmósfera inquietante y opresiva. En numerosas ocasiones tendremos que intentar pasar desapercibidos mientras escuchamos los sonidos guturales de los enemigos o los pasos de algo —o alguien— que se aproxima sin que sepamos con certeza desde dónde. Esa gestión del silencio y del espacio sonoro eleva la tensión de forma constante y demuestra un diseño acústico medido al milímetro.
Además, el doblaje al castellano es impecable. Las voces —muchas de ellas fácilmente reconocibles dentro del panorama del doblaje en España— aportan solidez interpretativa y credibilidad a cada escena. Lo más destacable es que ese nivel no se limita a los personajes principales, sino que se extiende también a figuras secundarias e incluso terciarias con intervenciones mínimas. No hay fisuras: el cuidado es homogéneo y refuerza la sensación de producción de primer nivel.
Duración más de lo que aparenta
En lo que respecta a la duración, mi primera partida se extendió hasta las 19 horas. Si descontamos el tiempo invertido en explorar sin rumbo, morir y regresar al último punto de guardado, la experiencia principal ronda aproximadamente las 12 horas. Una cifra equilibrada, bien medida y acorde a lo que se espera de una entrega numerada de la saga.
De inicio, el juego ofrece tres variantes dentro del modo normal de dificultad, con la posibilidad de activar o no el uso de cintas de tinta para guardar la partida cuando controlamos a Grace. Al completar la historia se desbloquea un nivel de dificultad superior, además de la opción de iniciar una nueva partida conservando las armas obtenidas y los atuendos desbloqueados. No hay grandes sorpresas en este sentido: sigue la estructura habitual de la franquicia, incluyendo desafíos clásicos como el trofeo por completar el juego en menos de cuatro horas.
En cuanto a la rejugabilidad, Resident Evil Requiem centra su atractivo en la experimentación con nuevas armas —algunas especialmente singulares— y en el acceso temprano al sistema de mejoras durante la segunda vuelta, disponible desde el inicio. Esto altera el ritmo y la toma de decisiones, incentivando estrategias distintas a las de la primera partida.
Además, los desafíos completados nos recompensan con una moneda especial que no solo permite potenciar el arsenal, sino también desbloquear contenido adicional en el apartado de extras: modelos de personajes, diseños de escenarios e incluso un reportaje sobre el proceso de desarrollo del juego. Un añadido que amplía la experiencia más allá de la historia principal y refuerza el valor del conjunto.
Conclusiones
Resident Evil Requiem ejecuta con maestría todo aquello que los remakes y las últimas entregas modernas de la saga han sabido hacer bien. Nos pone en la piel de un personaje tan carismático como León, del que descubrimos matices inéditos, y nos presenta a Grace, eje central de la trama y una figura con una presencia en pantalla que ni siquiera León logra eclipsar. Y eso es decir mucho.
Se nota que Capcom está en muy buena forma, y Resident Evil Requiem es una prueba más de ello. Todos sus apartados alcanzan un nivel sobresaliente. Visualmente, impoluto, llamativo e incluso sorprendente por momentos. Mecánicamente divertido con un combate pulido y nuevas mecánicas que funcionan a la perfección, como las posibilidades que no ofrece el hacha de Leon, una nueva arma que se deja sentir como una parte más de él de forma orgánica. El margen de mejora posible se ha estrechado significativamente en cuanto a lo que podemos esperar y exigir en una entrega de la franquicia.
Estamos delante del mejor Resident Evil de los últimos 25 años y será difícil que en el futuro otra entrega pueda volver a superarlo. Ahora solo queda exprimir esta entrega al máximo, saborearla como merece y esperar con expectación los próximos remakes y nuevas entregas que estén por llegar.
Resident Evil Requiem
Analizado en PS5
VideoGame
9.6
Puntuación Areajugones: SOBRESALIENTE
Puntuación comunidad: 10(1 votos)
Resident Evil Requiem ejecuta con maestría todo aquello que los remakes y las últimas entregas modernas de la saga han sabido hacer bien. Nos pone en la piel de un personaje tan carismático como León, del que descubrimos matices inéditos, y nos presenta a Grace, eje central de la trama y una figura con una presencia en pantalla que ni siquiera León logra eclipsar. Y eso es decir mucho.
Una entrega muy cuidada en todos sus apartados que nos deja con uno de los mejores capítulos de esta genial saga creada por Capcom desde hace décadas.
Apartado gráfico
Apartado jugable
Apartado sonoro
Diversión
Técnicamente impoluto y visualmente impactante
Una historia atractiva y de sumo interés para los mayores fans de la saga
El combate contra jefes
Las zonas de Leon y de Grace están muy bien equilibradas
El hacha de Leon, el estilo de Leon, el pelo de Leon y hasta las arrugas de Leon, todo mola en Leon.
Grace, un personaje nuevo que funciona, aporta, y resulta indispensable
Las sorpresas, tanto narrativas como jugables
Un doblaje al español del mejor nivel
Lo estático de los escenarios. La mayoría de objetos no responden a nuestras acciones.
Alumno y prefecto de la casa Hufflepuff del colegio Hogwarts de magia y hechicería. Simpatizante de la casa Stark y tributo del distrito 4. Mi elemento es el agua, y por ello, formo parte de erudición.