
La pasada semana de videojuegos fue una muy, muy especial; tuvimos decenas de anuncios que hicieron que todo valiera la pena, anuncios ilusionantes que explican por qué la industria de los videojuegos ilusiona tanto a millones de personas por todo el mundo. Pero desafortunadamente todo se vio manchado por una polémico que devoró por completo a las protagonistas de las nuevas entregas de God of War y Stellar Blade.
La realidad es que todo videojuego con una historia va a ser político de una forma u otra. Y no, no es tanto por querer mandar siempre un mensaje (que hay juegos que sí lo hacen), sino por el hecho de que detrás de cada videojuego hay cientos de trabajadores con sus propias visiones y vivencias. Y eso al final marca el devenir de toda aventura.
En esto, el diseño de un personaje es siempre central. Es lo primero que entra por los ojos a los jugadores. Pero el problema es intentar definir una aventura simplemente por la estética de un personaje. Te puede gustar más o menos, al final cada uno tiene sus preferencias. Pero juzgar la calidad de una entrega a meses de su lanzamiento porque algo sea más o menos atractivo o incluso sugerirle fines sexuales... es una conversación ya diferente e incómoda por momentos.
Porque sí, en el caso del primer Stellar Blade está claro que Eve fue diseñada como fue para atraer a un claro sector de jugadores. Pero en Stellar Blade: Blood Rain hasta los propios desarrolladores han dicho que la intención es de crear un personaje memorable que no deba depender de su atractivo físico. Es decir: quieren desmarcar a Evie por su historia, no por lo que entra por los ojos.
Y con Laufey el discurso fue todavía más incómodo: sabemos que es crucial en la transformación de Kratos, que su poder no tenía absolutamente nada que envidiar al protagonista de la franquicia (de hecho se puede entender hasta lo contrario) y que, además, por lo que se ha visto ya queda claro que va a tener un gameplay mucho más dinámico que el que se le dio a Kratos en su nueva era.
Pero todos esos detalles de ambas protagonistas se perdieron en polémicas que no aportaban nada en el momento. Y que sobre todo ponen de manifiesto un problema con los videojuegos hoy en día: Existe una obsesión por convertir cualquier personaje femenino en un símbolo ideológico antes incluso de que exista un videojuego que juzgar.
Que al anunciarse God of War: Laufey y Stellar Blade: Blood Rain el discurso girase en torno a si una era poco atractiva y la otra apelaba directamente a 'pedos' no genera conversación alguna en torno a los videojuegos: lo que hace es crear una confrontación entre usuarios que viven permanentemente en una guerra de intereses.

Y lo más llamativo es que esta conversación ni siquiera es nueva; antes fueron Aloy, Abby, Mary Jane, Ciri o la protagonista de Fable. Cambian los personajes, pero el debate siempre es exactamente el mismo: cómo debe ser el personaje femenino para satisfacer la primera impresión inmediata.
Porque lo que se vio realmente de los dos videojuegos fue mucho potencial:
En definitiva, que se hablara más de la sexualización (o no) de las protagonistas dice más de los intereses personales de ciertos jugadores que no del producto que se reveló. Y de nuevo, la política estará presente en ambos videojuegos de una forma u otra. De eso no tengo dudas. Pero crear discursos y sacar conclusiones de algo tan complejo con un espectro tan limitado solo busca crear una polémica que, en ocasiones, no beneficia lo más mínimo a la industria.
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