Ya no me gustan los videojuegos. Esta es una frase que me repetí en la cabeza no pocas veces durante una temporada en la que era incapaz de acabar ningún videojuego que empezaba. Después de las más de 100 horas jugadas a Skyrim, Fallout 3 y New Vegas, Far Cry 3, RAGE o Red Dead Redemption, llegó un momento en el que no conseguía acabar ningún juego que empezaba. Así que supuse que es que ya no me gustaban los videojuegos. Error. Es que soy adulto.
No tardé más que tres o cuatro juegos indies pequeñitos, de esos que se acaban en una tarde, en darme cuenta de que, en realidad, sí que me siguen gustando los videojuegos, y probablemente más que nunca. El problema, entonces, es que se juntan dos condiciones que me impiden disfrutar de ciertos videojuegos.
Por un lado, ya no soy un chaval de la ESO que puede pasarse 6 horas al día jugando. No tengo el tiempo material que necesito para acabarme un juego de 70 horas en dos semanas. Tal vez ni siquiera uno de 35 horas. Jugar más de 2 horas al día es, simplemente, demasiado tiempo para mí. Y más cuando el tiempo que tengo es después de trabajar, cuando más cansado estoy.
Por otro lado, creo que la deriva del mundo del videojuego va, precisamente, en contra de esta falta de tiempo. Cada vez salen más videojuegos, con más presupuesto, mundos más grandes, más misiones secundarias, más soporte poslanzamiento... En definitiva, juegos con más horas de juego. Por ello, la mayoría de grandes lanzamientos me dejan fuera antes de empezar. Y creo que no estoy solo.
Hablando con compañeros y amigos me doy cuenta de que este sentimiento de no atreverme ni siquiera a empezar un juego largo (para qué, si al final sé que no voy a poder acabármelo) es algo más o menos generalizado. Y es algo que me da rabia. Porque entre todas esas obras que dejo pasar por falta de tiempo o simple pereza, posiblemente se encuentre mi próximo videojuego favorito. El videojuego que siempre soñé y nunca jugué porque duraba demasiado.
Me encantaría acabar diciendo que todo esto tiene solución y que solo hay que encontrar el momento ideal para jugar o tener una rutina. Pero, la verdad, yo no he encontrado la solución. Y sigo viendo cómo mi lista de pendientes aumenta con cada gran lanzamiento.
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