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Probamos Assassin's Creed Valhalla durante varias horas y estas son nuestras impresiones

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Probamos Assassin's Creed Valhalla durante varias horas y estas son nuestras impresiones

Probamos el nuevo título de la saga de Ubisoft para adentrarnos de lleno en la época de las escaramuzas vikingas

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La idea inicial que tenía en la cabeza para que estas impresiones iniciales sobre Assassin's Creed Valhalla echaran a andar por sí mismas pasaba por lanzaros la siguiente cita de Vikings, la serie de televisión en el que el actor Travis Fimmel interpreta a un Ragnar Lothbrok lleno de profundas sombras y matices en las que uno no pensaría dos veces en perderse:

''Una cosa es sostener un arma y otra muy distinta es blandirla para arrebatarle la vida a alguien con ella''. Pero luego me dí cuenta de que todo esto no era más que una pretencioso intento de ocultar que mi pasión por lo nórdico llegó a mi persona gracias a una simple serie de televisión.

Aún así, me sentiría injusto con aquel yo del pasado que se lanzó a devorar cada capítulo de la misma si negara que su metraje logró abrirme los ojos para darme cuenta de algo: la cultura nórdica va mucho más allá de aquella situación en la que un puñado de monjes se preguntaban despavoridos qué hacía una manada de gruñones bárbaros robando sus crucifijos y asesinando a sus compañeros de capilla.

Y tras jugar a un buen puñado de horas a Assassin's Creed Valhalla, pude notar las amplias intenciones de Ubisoft de mostrar al jugador que las costumbres vikingas iban mucho más allá de saquear poblados yendo hasta arriba de setas alucinógenas (o de vete a saber qué); algo que comenzaba por presentarnos el eslogan principal del juego: ''Vive la fantasía vikinga definitiva''.

Desde Midgard hasta Asgard

La demo de Assassin's Creed Valhalla que Ubisoft nos permitió jugar nos llevó de turismo digital por Anglia Oriental, una pequeña zona del mapa que pertenece al territorio inglés y que se convirtió en uno de esos lugares asediados por las primeras avanzadillas nórdicas; sobre todo porque era el primer trozo de tierra en el que los bárbaros podían poner pie en tierra firme tras una larga travesía en la que lanzar miles de suposiciones sobre lo que la forma de las nubes decía del estado de ánimo de los dioses estaba a la orden del día.

No es extraño, de esta manera, que exista un debate enorme a día de hoy en torno a si la franquicia se ha instalado en la costumbre de lanzar una entrega tras otra en las que el principal cambio existente entre ellas tiene que ver con la ambientación que acoge su aventura. Pero es que negar el gran trabajo que la compañía lleva a cabo con esto último implicaría que hemos jugado a sus títulos con una venda sobre nuestros ojos.

Assassin's Creed Valhalla

En este sentido, Assassin's Creed Valhalla construye una ambientación que tiene todo lo que un discípulo de Odín podría desear: desde los nublados cielos ingleses que bañan unos mares de praderas verdes hasta poblados y aldeas repletas de cabezas inglesas que cortar.

No obstante y a raíz del puñado de horas que pudimos explorar cada uno de los parajes de aquella pequeña zona del mapeado, se hizo bastante palpable la idea de que Assassin's Creed Valhalla no quiere limitarse a ofrecer un mundo que sea nuevo por cambiar simplemente su estructura o los dibujados de sus entornos, sino que cuenta con grandes intenciones de llenarlos de vida.

Esto último, por su parte, aporta ese contrapunto perfecto a los deseos asesinos de los nórdicos, dado que una parte importante de Assassin's Creed Valhalla pasará no tanto por incrustar nuestra hacha en la cabeza de alguien, sino por descubrir un contexto narrativo que pone especial énfasis en el costumbrismo y en la cotidianidad.

Assassin's Creed Valhalla
La demo que pudimos probar estuvo ambientada en la región de Anglia Oriental

En este sentido, nos llamó particularmente la atención una serie de eventos que aparecían por el mapa y que ofrecían tareas mucho más banales a aquello que puede encontrarse dentro de una misión secundaria clásica de la saga; algo que se empleaba para alejar a nuestro personaje por un momento de las fanfarrias bélicas de la época para ofrecerle un escaparate a través del cual observar el día a día de la población de aquellos tiempos.

Hablamos, concretamente, de un puñado de sutiles recados que iríamos encontrando por el mapa de Assassin's Creed Valhalla y cuyas tareas iban desde gastar unos minutos en jugar al escondite con un grupo de niños hasta echar una mano a una chica cuyo gato se había extraviado.

No hace falta mencionar que este tipo de tareas irrelevantes no harían otra cosa que sacarme por completo del mundo en el que me están intentando sumergir; no obstante (y teniendo en cuenta que en el juego sí encontraremos otras misiones paralelas a la aventura principal cargadas de narrativa), lo cierto es que estas servían para lograr un efecto a nivel psicológico sumamente revelador: mientras estábamos ocupados con asuntos de tronos, alianzas y guerras, la vida en los poblados de Anglia Oriental seguía su curso normal.

Assassin's Creed Valhalla

Los recursos del guerrero

Centrándonos ahora en lo puramente jugable; en esa relación que los desarrolladores establecen entre lo que ocurre en pantalla y las teclas y botones que pulsamos en nuestro controlador, podríamos decir que Assassin's Creed Valhalla es un título que respeta enormemente la herencia recibida de sus dos antecesores: Origins y Odyssey; llegando a dar con una mezcla de mecánicas y de elementos prestados de ambos juegos que muestra a la perfección como Assassin's Creed Valhalla es un ejercicio de perfilar al máximo la nueva fórmula jugable de la franquicia.

Hablamos de que las señas de identidad que Origins acogía con tanto respeto siguen ahí: la mecánica de descubrir partes del mapa escalando atalayas, la posibilidad de utilizar un ave a modo de dron para resaltar elementos de la zona o un sistema de sigilo y parkour que no ha necesitado modificaciones desde hace ya un buen puñado de años.

Pero, al mismo tiempo, Assassin's Creed Valhalla se inspira en los pasos hacia delante que Odyssey dio en relación al combate, lo cual pasa por un amplio sistema de progresión en el que podremos ir desbloqueando habilidades pasivas, un sistema de habilidades activas con las que podremos obtener una gran ventaja en los mismos enfrentamientos y un sistema de equipamiento que nos permitirá personalizar aún más nuestro estilo de lucha dependiendo de las armas que queramos sostener en cada mano.

Assassin's Creed Valhalla es un ejercicio de perfilar al máximo la nueva fórmula jugable de la franquicia

Es justamente esto último lo que, combinado con las otras dos importantes partes de sus enfrentamientos, logra que la adrenalina sea la principal sustancia que nuestro cuerpo segregue al hacer frente a un enemigo. Un encontronazo bien ejecutado se convertirá en un baile de movimientos cuya sucesión parece estar coreografiada.

Lo importante aquí no será tanto la contundencia de cada habilidad que llevemos a cabo, sino lo bien que queda en pantalla ir combinándolas de forma correcta: intercalar varios parries a enemigos, lanzar un hacha de mano a otro que esté más lejos para, más tarde, hundir nuestra arma en la clavícula de otro pobre desgraciado y propinarle una patada que lo mande volando varios metros en la distancia... Ni el mismísimo Odín estaría mejor preparado para la guerra.

Assassin's Creed Valhalla
El sistema de combate de Assassin's Creed Valhalla hereda con acierto muchos de los avances que Odyssey trajo consigo

Lo que implica ser vikingo

Si bien es cierto que, tal y como suele ser costumbre en la saga, la pequeña zona del mapa en la que pudimos jugar en Assassin's Creed Valhalla estaba repleta de lugares por descubrir y distintas tareas que llevar a cabo, lo que más llamó nuestra atención fueron aquellos eventos que nos dieron una excusa para ensalzar el espíritu nórdico ya no solo sin sentir remordimientos, sino respirando el orgullo de un guerrero que se ha hecho con algo que era suyo por derecho bélico.

Hablamos, como no podía ser de otra manera, de los saqueos y los asaltos; constando ambas actividades con la misma secuencia de eventos pero con ambiciones y tonalidades muy diferentes entre sí. Sobre todo porque, aunque lo que vayamos a hacer tanto en los saqueos como en los asaltos sea arrasar con un lugar concreto del mapa, los primeros ofrecerán zonas más indefensas en las que podremos robar todo tipo de recursos y, por su parte, los asaltos se conformarán como asedios a zonas fuertemente militarizadas y, por tanto, con procesos que pondrán a examen nuestras habilidades para la guerra.

Assassin's Creed Valhalla
Los saqueos prometen ofrecer experiencias cargadas de adrenalina

Los saqueos y los asaltos se conforman, de esta manera, como una serie de actividades encaminadas a sumergirnos en esa fantasía vikinga que Ubisoft quiere construir en Assassin's Creed Valhalla. Porque, ¿a quién queremos engañar? Entrar a una aldea para saquearla le despierta a uno los instintos más primitivos que aún guarda en lo más profundo de su cerebro. Porque hay veces que de verdad dan ganas de gritar y sacar la lengua fuera como hacían los nórdicos, solo que desde la comodidad de nuestra silla y con la seguridad de que nuestro mando no cuenta con ningún filo oxidado con el que vayamos a cortarnos por accidente.

Conclusión

Según lo que pudimos probar, Assassin's Creed Valhalla es una mezcla que ensalza las pretensiones de Oddysey y, al mismo tiempo, las bases que Origins asentó para que la saga evolucionara en un ejercicio de metamorfosis que le había ido haciendo falta desde hacia años. En este sentido, Assassin's Creed Valhalla es un juego más contenido que su antecesor griego y sigue las líneas jugables de la entrega egipcia ya mencionada.

En este sentido y, aunque aún sea pronto para sacar conclusiones definitivas, Assassin's Creed Valhalla promete llenar el ojo a todo aquel que busque vivir la experiencia de un mundo donde lo real se mezclaba con lo supersticioso; donde una herida mortal en combate suponía un pasaporte garantizado al gran salón donde los guerreros beberían junto a Odín eternamente.

Al final del día, el buen puñado de horas que pudimos jugarlo nos introdujo lo suficiente en el universo nórdico como para desear alzar un cuerno lleno de aguamiel a la espera de poder gritar ¡Skol! si Assassin's Creed Valhalla acaba cumpliendo todas esas promesas de hacernos volar entre valquirias.

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Crecí rodeado de naturaleza y campos de trigo, pero con la cabeza llena de historias sobre dragones y planetas lejanos. Después me hice psicólogo para poder fascinarme con las historias de los demás.
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