
Si crees que Capcom ha tocado techo en 2026, cuidado: su mejor juego puede estar aún por llegar. Y no, no hablo ni de otro Resident Evil ni Monster Hunter, sino de Onimusha: Way of the Sword. La desarrolladora japonesa tiene otra joya en potencia entre sus manos.
Estamos a finales de abril de 2026, pero lo voy a decir ya: Capcom es la desarrolladora del año por lo que ha logrado. Pero es que estoy convencido de que Onimusha: Way of the Sword puede ser el mejor de todos los lanzamientos que ha realizado la desarrolladora en este año. Y lo digo con conocimiento de causa.
Han pasado ya meses desde que pude probar el nuevo Onimusha en el booth de Capcom de Gamescom 2025, y las mismas sensaciones que me dejó el juego entonces prevalecen: se trata de una entrega que entiende el concepto de gameplay de acción como seguramente ningún otro videojuego ha hecho con anterioridad.
Antes de que haya dudas: no, esto no es ni un souls-like ni un hack n' slash; es simple y puramente un videojuego de acción con combate de katanas. Y si digo que durante unos 20-30 minutos aproximadamente tuve una de las mejores experiencias de gameplay que recuerdo no exagero lo más mínimo.
¿Qué distingue una buena jugabilidad? Esa es una pregunta que puede tener una respuesta diferente dependiendo del jugador. En mi caso, es primordial que al presionar yo un botón, la acción se transmita adecuadamente al personaje. Parece sencillo, pero hacerlo sin retrasos y permitiendo al jugador reaccionar a todos los estímulos que le rodean no lo es tanto.
Onimusha obviamente hace eso, sino ni siquiera contemplaría este discurso. Pero no lo hace de cualquier manera, lo consigue con una musicalidad única, un ritmo que hace que su jugabilidad no se sienta como simplemente apretar un botón y que ello suponga un movimiento en pantalla.
Que lo recuerde como ayer mismo dice mucho del trabajo de Capcom. Lo que se siente jugando a Onimusha es que el combate fluye; la batalla es una partitura y se respira una acción cinemática que deriva de unas interacciones increíblemente afinadas de la desarrolladora japonesa. Y eso ocurre tanto contra minions como jefes.
La única lucha de jefe que disputé fue increíble. El enemigo es de esos que tenía movimientos brutales, y había varias formas de responder a ello. Para mi sorpresa, la sensación todo el rato era de estar viendo una cinemática... con la diferencia de que era yo quien controlaba todo lo que sucedía en pantalla. Era un combate hermoso como no me viene otro a la cabeza.
'Pero Sekiro seguro que lo hacía igual de bien', y hasta cierto punto sí; pero es diferente. Sekiro sigue sintiéndose como ese videojuego que reacciona a tus comandos. Onimusha no. Onimusha quiere que fluyas con la escena. Y eso es un videojuego como este hace que la experiencia gane una brutalidad.
Definitivamente sí. Onimusha fue una de las IPs más importantes de Capcom a principios de los 2000, con la presencia incluso de un actorazo del momento como era Jean Reno. Con el tiempo la franquicia acabó perdiéndose en la biblioteca de la compañía, pero es el momento perfecto para que Onimusha resurja de sus cenizas.
La exposición de Capcom ahora es como nunca antes, y el interés por lo oriental se ha disparado en estas dos últimas décadas. Antes, Onimusha aportaba una visión de demonios con un enfoque japonés que no era tan atractiva para el público general. Ahora, tienes franquicias de entretenimiento como Kimetsu no Yaiba generando olas de fandom por todas partes.
Además, es más que obvio que Onimusha: Way of the Sword no es ni mucho menos un proyecto pensado a medias. El desarrollo es potente, solo me hizo falta una prueba limitada para caer en esa conclusión. Y recuperar un clásico con este nivel de dedicación es algo que puede recuperar las brasas del pasado y encender nuevos fuegos de pasión por la marca.
Lo que está claro es que el momento de Onimusha es ahora o nunca, sea cuando sea que vaya a ver la luz en lo que queda de 2026. Si esto que probé en Gamescom es solo una muestra, Onimusha no solo puede volver: puede hacerlo como el mejor juego de Capcom en lo que va de año. Y eso ya son palabras mayores.
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