Impresiones de Divinity: Original Sin II

Divinity: Original Sin II

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9.8

Increíble

Impresiones de Divinity: Original Sin II

Un RPG no apto para todos los públicos, pero que no decepciona

Impresiones de Divinity: Original Sin II
 

Hace ya más de dos años que, allá por junio de 2014, se lanzaba al mercado la versión final de Divinity: Original Sin, un título de rol de corte clásico financiado por Kickstarter y desarrollado por el pequeño equipo belga que formaba Larian Studios. Sin embargo, a pesar de esta aparente humildad, tras el proyecto se escondía un juego realmente ambicioso, que abogaba por traer de vuelta las mecánicas y posibilidades de las obras magnas del género como Baldur’s Gate, Fallout 2 o Icewind Dale, por poner algunos ejemplos. Divinity: Original Sin no tardaba en convertirse en un éxito y un juego indispensable en las bibliotecas de los muchos amantes del rol; tanto era así que un tiempo más tarde, además de múltiples actualizaciones gratuitas, llegaba al mercado una nueva edición del juego, con versiones para PlayStation 4 y Xbox One.

El arrollador éxito de esta obra hizo que en Larian Studios no se lo pensaran dos veces a la hora de ponerse manos a la obra con una secuela. De nuevo, una campaña de crowdfunding fue la encargada de dar a los responsables más dinero del que se pedía inicialmente, siendo un rotundo éxito de nuevo y permitiendo al estudio contar en este desarrollo con la ayuda de grandes celebridades de la industria, como el compositor Borislav Slavov (Gothic 3, Crysis 3 o Ryse: Son of Rome) y el guionista Chris Avellone (Fallout 2, Fallout: New Vegas, Icewind Dale o Planescape: Torment). Y lo mejor de todo es que ya hemos podido probar este prometedor título con su llegada al early access. ¿Queréis saber qué nos ha parecido? Pues acompañadnos en estas primeras impresiones de Divinity: Original Sin II.

Más rol, más clásico, más Divinity

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Lo cierto es que desde que se anunció Divinity: Original Sin II nosotros teníamos el temor de que, con el éxito del anterior y suponiendo esta secuela una mayor inversión, los responsables apostaran por un juego menos duro, algo que pudiese alcanzar un público mayor, tal y como ha ocurrido en los últimos tiempos con la saga Fallout. No podíamos estar más equivocados. Divinity: Original Sin II llega de nuevo siendo uno de los estandartes modernos del rol clásico, haciendo honor a su género y dando millones de posibilidades en todos los aspectos.

En primer lugar, estas múltiples posibilidades destacan en el nuevo creador de personajes, que ya no solo permite escoger los atributos físicos y la clase del héroe (importante aspecto que determinará algunas habilidades y dará acceso a opciones exclusivas) que vamos a manejar, sino que nos deja elegir incluso la raza a la que perteneceremos. En esta fase del early access del juego, tenemos acceso a unas cuantas de estas razas, quedándose fuera otras como el no-muerto. Sin embargo, si lo deseamos, también podemos escoger a uno de los personajes prehechos, los cuales llegan con unas características propias y un trasfondo argumental que le da un plus a la narrativa en nuestra experiencia. A estos últimos no podremos modificarlos físicamente, pero sí cambiar su clase y adaptarlos a nuestros gustos.

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Pero entrando de lleno al juego, nos encontramos con que todas estas opciones que se nos dan en el configurador de personajes no están por lucir, sino que son realmente importantes y pueden abrir o cerrar puertas en nuestra partida. Si hay algo que queramos destacar de la jugabilidad de Divinity: Original Sin II es que es una secuela de verdad: sigue la estela de su predecesor puliendo los aspectos más flojos de este y potenciando aquellos que le hicieron sobresalir por encima del resto de títulos. Si os parece que en Divinity: Original Sin se daba libertad al jugador, ni os imagináis lo que ocurre en esta secuela. Las posibilidades a la hora de explorar el mapa y de resolver los problemas que nos llevan a las misiones en el primer acto del juego son increíbles. Sin ir más lejos, por poner un ejemplo, la historia principal de este primer acto se puede resolver de unas 10 u 11 maneras (de verdad que no estamos exagerando, es algo alucinante). Y en este punto, un detalle que nos ha gustado es que la diferencia entre misión principal y secundaria se difumina. Al haber tantas maneras de completar un objetivo principal, el juego se da el lujo de no dejar claro qué es principal y qué no, permitiendo al usuario decidir qué considera prioritario (con todas las formas de completar la misión que hay, lo difícil es saltarlas todas). ¡Si hasta los animales salvajes pueden darnos detalles de una misión!

Por otro lado, ¿qué sería de un juego de rol sin sus textos? Divinity: Original Sin II no facilita el trabajo a quienes quieran acción rápida sin leer, y es que nos bombardeará con información por todos lados. La mayoría de los personajes que encontramos en este primer acto están bien construidos y tienen un personalidad definida que les llevará a actuar de una forma u otra. En cuanto al sistema de diálogos, Larian ha intentado algo un poco distinto de lo que estamos acostumbrados y ha sustituido los clásicos diálogos en primera persona (del tipo: “No creo que sea una buena idea”) por comentarios como si de un narrador omnisciente se tratara (del tipo: *Estudiar la cara del hombre y decirle que no es buena idea*); y la verdad es que es todo un acierto que permite dar mayor viveza a estas escenas, describiendo con mayor claridad cada pequeño detalle, como si de un libro se tratara.

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En el sistema de progresión volvemos a encontrarnos con otro de esos apartados que podrían haberse simplificado para alcanzar a un mayor público, como ocurre con los últimos The Elder Scrolls; pero que contrariamente a esa idea, se ha hecho aún más complejo, con más árboles de habilidades, más posibilidades, más texto, en definitiva, más rol del clásico. Tendremos miles de posibilidades entre cada árbol, los perks y los atributos; que no se diga que no hemos podido hacernos una build a nuestro gusto. Uno de los mejores detalles en este apartado es que, al contrario de lo que ocurría en Divinity: Original Sin, el árbol de habilidades de lucha y el de habilidades sociales se encuentran separados. Ya no tendremos que volver a sacrificar las habilidades en combate de un personaje solo para conseguir precios mucho mejores al negociar o abrir nuevas posibilidades de diálogo. Junto a esta, otra mejora que hace más complejo al juego es la inclusión de la Memoria. Este atributo básico, equivalente a la Fuerza, Velocidad o Inteligencia, mide la capacidad que tendremos de aprender hechizos, siendo esta cantidad mayor cuanto más mejoremos la Memoria de nuestro personaje. Habrá que sacrificar otros atributos y habilidades si queremos crear un buen mago.

Combate sí, pero con cabeza

El sistema de combate de Divinity: Original Sin II la verdad es que no ha variado demasiado respecto a lo que encontrábamos en la precuela, y simplemente se han metido mejoras y añadidos. Seguimos con un combate que detiene el tiempo y que se basa en turnos. En cada turno, tendremos una cantidad de puntos de acción que habrá que repartir entre diferentes acciones como movernos, atacar, o lanzar un hechizo. Algo que se agradece mucho es que el sistema de combate sigue contando con un importante componente de estrategia basado, además de en estos turnos, en el terreno. No será lo mismo tender una emboscada desde lo alto que combatir en un terreno abierto; y por supuesto habrá que estar atentos a elementos como antorchas, barriles de agua, aceite e incluso de veneno.

Además de todo esto, habrá que estar pendiente de los efectos y de cómo nuestros propios ataques y hechizos pueden influir en todo lo que nos rodea. Casi cualquier cosa puede sufrir efectos como envenenamiento, empezar a arder e incluso estar bendito o maldito. Y todo ello deberemos aprovecharlo a nuestro favor si queremos salir con vida de los enfrentamientos más difíciles.

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Pero no todo son arcoiris; Divinity: Original Sin II también tiene sus fallos, y precisamente en el combate destacan más algunos de ellos. Los enemigos se mueven y tienen animaciones que modifican la hitbox y pueden hacer que hagas click al lado del enemigo en lugar de sobre él, provocando que en lugar de lanzar un ataque, te muevas a su lado y te quedes expuesto. Además, los miembros del grupo de personajes que manejamos no son todo lo inteligentes que desearíamos a la hora de evitar los peligros del entorno (vamos, que se tiran como locos a un fuego si ese es el camino más corto).

De nuevo tenemos también un sistema de crafteo para ayudarnos en nuestras aventuras. Necesitaremos conseguir recetas para saber qué materiales debemos combinar para lograr un objeto en concreto; o investigar nosotros e ir combinando cosas al azar (aunque con un poco de sentido común se pueden intuir) hasta dar con la receta apropiada.

Un primer acto espectacular

Por su parte, la historia que se nos presenta en este juego nos coloca de inicio en una situación muy diferente a lo visto en Divinity: Original Sin. Si en esta precuela comenzábamos investigando un asesinato, ahora nos toca ponernos en la piel de un personaje recluido en Fort Joy, un lugar que sirve de campo de concentración para las personas con poderes mágicos, como nosotros. A estos hechiceros, que se les tortura y trata de privar de sus poderes, se les culpa de la llegada de unas criaturas terribles llamadas Voidwoken, aparecidas tras la muerte de “The Divine”. El primer acto, que es el único disponible en la versión que hemos podido probar, nos insta a escapar de Fort Joy, cosa que, como comentábamos más arriba, se puede lograr de muchas maneras.

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La trama argumental que hemos visto por el momento resulta interesante y bastante misteriosa, pero no ha logrado engancharnos como la primera parte; aunque probablemente esto sea debido a que solo hemos visto una pequeña parte de todo lo que tiene que ofrecernos el maestro guionista Chris Avellone, del cual no dudamos que será capaz de lograr una historia más que buena.

En cuanto al apartado visual, el juego no es ninguna bestia en este aspecto, pero gracias a un apartado artístico bastante cuidado y una paleta de colores bien seleccionada para adecuarse a cada lugar, lo cierto es que resulta muy agradable a la vista. La banda sonora, por su lado, es increíblemente buena; tiene variedad de temas que se adaptan perfectamente al momento, resultando bellos todos y cada uno de ellos por separado. Una de esas bandas sonoras que puedes ponerte en bucle mientras haces otras cosas o viajas, totalmente recomendable.

Sin embargo, a todo esto hay que añadirle que el juego aún cuenta con varios bugs en las animaciones y en NPCs que no reconocen como hechas algunas animaciones. Fallos menores bastante comunes en juegos de mundo abierto pero que no por ello dejan de ser molestos. Claro que hay que tener en cuenta que Divinity: Original Sin II sigue en desarrollo y es probable que la mayor parte de estos fallos se solucionen antes de su lanzamiento definitivo, tal y como ocurrió con la precuela.

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Conclusiones

En definitiva, Divinity: Original Sin II ha logrado anteponer su estilo y su personalidad de corte clásico a la imperiosa necesidad de adaptarse a los gustos del gran público para generar mayores beneficios. ¿A nivel comercial es un buen movimiento? No soy experto en el tema, pero seguramente vendería más añadiendo acción y modernizándose. Y precisamente por eso le doy aún más mérito a mantenerse fiel a su estilo, un estilo que aunque no guste al gran público, sí es plato de gusto para un número amplio de jugadores, los cuales estaremos encantados de tener de vuelta una obra colosal.

Este título es una auténtica secuela, mantiene el espíritu de su predecesor y es más grande, más complejo y con más opciones. Si os resultó demasiado duro Divinity: Original Sin, ni lo intentéis con este; si disfrutasteis del rol clásico que Larian traía de vuelta en 2014 y que recordaba a las grandes obras de Black Isle de finales de los 90, Divinity: Original Sin II no os decepcionará. Tal vez los 45 dólares que vale su early access suenen caros, pero Larian Studios es sinónimo de confianza, y creednos si os decimos que este juego es una auténtica maravilla. Habrá que esperar a su versión final en diciembre, pero si no hay ninguna sorpresa desagradable, no os queda duda de que se colará en muchas listas de lo mejor del año.


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