Horizon Zero Dawn tiene el mejor mundo abierto que recuerdo

Horizon Zero Dawn

PlayStation 4
8.5

Muy bueno

Horizon Zero Dawn tiene el mejor mundo abierto que recuerdo

En nuestra review ya lo calificamos de sobresaliente

Horizon Zero Dawn tiene el mejor mundo abierto que recuerdo
 

Después de analizar Horizon Zero Dawn y redactar su análisis, quedó claro que estábamos ante un título de excepcional factura y que fue premiado con una puntuación de sobresaliente. Una vez terminada esta review, y a diferencia de otras ocasiones, no dejé el juego aparcado, sino que continué exprimiendo todo el contenido secundario que éste ofrece. A su vez, reflexionar en frío sobre su historia me hizo sacar nuevas conclusiones y poder enlazarlas mejor con algunos aspectos del juego que iba descubriendo mediante conversaciones de personajes del mundo o de contenido que veía en misiones u obtenía de coleccionables.

Esta sensación de querer abarcar todo lo posible del juego es una situación que no me sucedía en mi experiencia personal desde que jugué a The Witcher 3 y a Bloodborne, anteriormente a este. Pero, a diferencia de los mencionados, Horizon ha captado mi atención en su historia y en su mundo desde el primer momento que lo comencé. En la obra de Geralt, tuve que tenerlo unos meses aparcado hasta que olvidara la genial jugabilidad de Bloodborne para poder completarlo. El juego de Guerrilla ha sido el primero en años que consigue engancharme al mismo de semejante forma, abocándome en una sensación que creía que había perdido. Me ha hecho, en parte, recuperar la ilusión por completar largas horas de juego o vicio, algo que me estaba costando mucho conseguir en los últimos meses.

El mundo abierto que nos ofrece Horizon Zero Dawn es absolutamente espectacular, ya no solo en el aspecto técnico sino en todo lo que tiene por ofrecer. Siempre he pensado que lo importante de un juego de mundo abierto es que esta extensión de terreno, además de grande, tenga contenido por completar, y en Horizon tenemos mucho contenido y muy bueno. Sin embargo, su mundo abierto me ha encantado por el mero hecho de que no son simples cifras de kilómetros cuadrados muertos como en Metal Gear Solid V, son metros de tierra unidos a una historia cautivadora y a unas cadenas de misiones trabajadas de la primera a la última.

Me ha sorprendido terminar el juego y encontrar nuevas ciudades por el mapa gracias a los objetivos que me marcaban algunas misiones secundarias. El título tiene tan claro que cumple su cometido que se atreve a guardar contenido para misiones de una aparente menor relevancia que la de la trama principal; no obstante, ahí es que está la trampa. Las misiones secundarias son un verdadero subjuego que nos narra sucesos que son útiles para responder muchas preguntas y necesarios para impregnarnos más de la cultura y el sentimiento que representa ese universo.

Aun así, también considero que es un mundo abierto que, además de estar completo, sabe aportar cosas diferentes a otros juegos. Es de las pocas aventuras sandbox donde me muevo por el mundo con la sensación de que no soy el “rey” de ese planeta y no recorro todo el contenido causando destrucción a mi paso. En Horizon Zero Dawn, siento que tengo que avanzar mientras miro en todas las direcciones para no meterme en un problema del que difícilmente pueda salir sin morir. No somos cazadores, estamos en un mundo abierto donde, normalmente, somos la presa.

Sin querer extenderme más en este batido de sensaciones, quiero sintetizar por qué Horizon Zero Dawn me ha ofrecido un mundo abierto que considero digno de recordar. En primer lugar, porque tiene mucho contenido y porque éste no es repetitivo en ningún momento. Ya que, como pocos juegos saben hacer, crea un contexto nuevo para integrarlo perfectamente en la narrativa de la obra y que el mundo en sí sea la propia base de la historia, pues recordemos que conocer el origen de las máquinas es uno de los principales enigmas del juego. Y, finalmente, porque no somos los dueños de ese mundo; somos algo insignificante que lucha por sobrevivir constantemente. Pero, por encima de todo, porque me he divertido, más de lo que conseguía hacerlo en mucho tiempo.


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